'La Odisea' (Universal Pictures)

Crítica ‘La Odisea’: Cuéntame, musa

julio 18, 2026
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Se trata de uno de los grandes estrenos del verano y, aunque incluye a un auténtico aluvión de estrellas de Hollywood en su reparto, el principal protagonista de La Odisea es su director, Christopher Nolan, y su manera de aproximarse al texto de Homero. Por Tonio L. Alarcón

‘La Odisea’ (Universal Pictures)

Aunque lo que más se recuerda de Interstellar (2014) es su ambiciosa relectura de la ciencia ficción espacial, apoyada en las teorías del astrofísico Kip Thorne, el proyecto se sostenía sobre la aproximación que hacían tanto Christopher Nolan como su hermano Jonathan a los contornos de Homero.

De hecho, el fenómeno de dilatación temporal que alejaba cada vez más a Coop (Matthew McConaughey) de su hija Murph (Jessica Chastain) servía para justificar, a través de la relatividad restringida, la ausencia de décadas de un padre, como Odiseo, embarcado en una misión trascendental. Es más, tanto él como sus compañeros, en su búsqueda de un posible sustituto para el planeta Tierra, se cruzaban con una figura que, de forma similar a Circe o Calipso en la obra de Homero, también hacía uso de malas artes para retenerlos: el Dr. Mann interpretado por Matt Damon.

No creo anecdótico que Nolan le haya escogido justo a él para interpretar al protagonista principal de La Odisea (2026). Ni que asimismo haya recuperado a la Amelia Brand de la misma película, Anne Hathaway, como Penélope. Aunque ambas obras son muy distintas, y sus ambiciones narrativas apunten hacia lugares muy dispares, cabe entenderlas algo así como obras complementarias con suculentos vasos comunicantes.

‘La Odisea’ (Universal Pictures)

Las dos buscan un equilibrio entre la parte más popular de la obra original, El Apólogo, la que narra la interminable travesía de Odiseo, con La Telemaquia, que es la que describe tanto la búsqueda por parte de Telémaco (Tom Holland) como todo lo relativo a los pretendientes de su madre. Eso les permite hablar de pérdida y, sobre todo, de ausencias emocionales. Pero también de la resiliencia necesaria para llenar ese tipo de vacío y, hasta cierto punto, reinventarse, pues a pesar de todo deja heridas no cerradas que pueden estallar en cualquier momento.

Así pues, que en La Odisea versión Nolan arranquemos en La Telemaquia, y solamente vayamos accediendo a las aventuras descritas en El Apólogo a través de flashbacks subjetivos no es un simple capricho el director y guionista.

Homero ya alternaba ambas, pues de hecho a él le interesaba mucho más lo que acontecía en Ítaca durante la ausencia de su personaje principal. Pero, además, eso permite al británico establecer un juego narrativo que complementa la visión que lanza sobre la Guerra de Troya y, en general, toda la mitología relativa a la civilización griega.

Lo que nos describe de El Apólogo está filtrado por los recuerdos no fiables de un Odiseo bajo el influjo narcótico de las flores de loto que le proporciona Calipso (Charlize Theron), por lo que la vertiente más mágica de la historia, aquella con un carácter más fantástico, puede resultar simplemente una estilización febril de lo que ocurrió en realidad.

Porque aunque intente mantenerse relativamente fiel a Homero, por supuesto con las alteraciones necesarias para comprimir toda su narrativa en menos de 180 minutos, La Odisea de Nolan también se esfuerza por rascar por debajo de toda la capa mítica de la obra original. Cabe apuntar, de hecho, que el autor griego en realidad recogió una determinada tradición oral de su propia época, que había transformado la Guerra de Troya en una gesta heroica repleta de grandes personajes y hazañas sorprendentes.

En cierta manera, la película pretende aterrizar esa visión fascinada, estilizada, de la historia de las antiguas civilizaciones. Y poner sobre la mesa lo monstruoso de la violencia humana, tanto planteando lo traumático de los conflictos bélicos, como convirtiendo la set piece que enfrenta a Odiseo con los pretendientes de Penélope en un gran homenaje a Trono de sangre (1957). De hecho, la reescritura que Nolan hace de La Telemaquia refuerza, de forma muy consciente, lo que ésta tiene de shakesperiano.

A estas alturas, no creo que resulte ninguna sorpresa que Nolan y su director de fotografía habitual desde, precisamente, Interstellar, Hoyte van Hoytema, hayan rodado La Odisea íntegramente con cámaras IMAX de 70 mm. Lo que, a diferencia de la comodidad que proporcionan (para bien y para mal) las cámaras de cine digital, ha condicionado su forma de aproximarse a la narrativa por la limitación de la duración de las latas de celuloide, el peso de las cajas empleadas para insonorizar…

‘La Odisea’ (Universal Pictures)

En todo caso, se evidencia cierta obsesión por parte de Nolan y de Van Hoytema en lograr darle una cierta fisicidad a la imagen, imprimiéndole un relativo verismo a una narrativa que, de forma tradicional, siempre se ha (re)interpretado desde el exceso: se puede decir que, hasta cierto punto, han aplicado el mismo principio hiperrealista desde el cual el director releyó al Hombre Murciélago en Batman Begins (2005).

De ahí que hayan resuelto un efecto tan complejo como el goyesco Polifemo que interpreta Bill Irwin a base de marionetas y de perspectivas forzadas, o que hayan creado ex profeso un sistema de iluminación para las secuencias nocturnas, que han bautizado como Pyrohedrons, y que emplea LEDs para imitar la luz del fuego sin sus (innumerables) inconvenientes logísticos.