El director de Seminci desde 2023, José Luis Cienfuegos, ha fallecido este martes 2 de diciembre, en Madrid, a los 60 años. Su trayectoria abarcó tres décadas y ha sido Historia fundamental de festivales como el de Gijón (16 ediciones) y Sevilla (11 ediciones).

El director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), José Luis Cienfuegos, ha muerto este 2 de diciembre en Madrid a los 60 años debido a un ictus.
Con una carrera marcada por más de treinta años de dedicación a la gestión cultural y a la programación cinematográfica, su figura se consolidó como una de las más influyentes en la proyección del cine de autor en España.
José Luis Cienfuegos dedicó 30 años de su trayectoria a los Festivales de Cine
Cienfuegos inició su recorrido profesional en el departamento de prensa del Festival de Gijón antes de asumir, en 1995, la dirección del certamen.
Durante sus 16 años al frente, transformó la cita asturiana en un espacio clave para la exhibición de propuestas arriesgadas e innovadoras, apostando tanto por nuevas voces globales como por la reivindicación del patrimonio cinematográfico.
En 2012 tomó las riendas del Festival de Sevilla, donde reforzó los vínculos del evento con la industria española y europea.
Su gestión contribuyó a posicionar el certamen como un referente para el cine contemporáneo, impulsando autores emergentes y fortaleciendo sus conexiones con otros agentes del sector.
También creó el mercado de cine independiente MERCI, que posteriormente se llevaría consigo a Seminci.
Su llegada a Valladolid en 2023 supuso el que describió como el mayor desafío de su carrera. En la Seminci, dirigió tres ediciones consecutivas culminando en la 70ª, considerada una de las más destacadas de la historia reciente del festival.
Bajo su liderazgo, el certamen experimentó una renovación que mantuvo su identidad al tiempo que avanzaba hacia un modelo más abierto, dinámico y conectado con los públicos y la industria.
A lo largo de su trayectoria, Cienfuegos defendió una visión de los festivales como espacios de encuentro, diálogo y pensamiento, donde la programación funcionaba como puente entre creadores y espectadores.
Su legado queda vinculado a la idea de los festivales como lugares habitables y vivos, donde el cine actúa como núcleo para la celebración cultural y la reflexión colectiva.