Fernanda Tovar

Fernanda Tovar (‘Chicas tristes’): “La mayor pena es que en México no se consume el cine mexicano”

octubre 1, 2026
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La directora mexicana presenta Chicas Tristes en Horizontes Latinos, después de su paso por Berlín y de otros festivales internacionales. La película, construida alrededor de la amistad entre dos jóvenes nadadoras (Paula y la Maestra) y de un acto traumático de violencia sexual que pondrá a prueba su relación, ha cosechado en San Sebastián una gran acogida que ha emocionado a su directora. Por Álvaro Gómez Illarramendi / Fotos: Iñaki Luis, Jokin Fernández, Samai Collado (cortesía del Festival de San Sebastián)

Fernanda Tovar

Tovar nos habla del largo proceso de escritura, del trabajo con sus actrices, de una escena que terminó con todo el equipo llorando y de su deseo de que el cine vuelva a abrir conversaciones que parecen haberse cerrado.

Ya hemos entrevistado en RUBIK al equipo de este film. Concretamente al productor Carlo D’Ursi de la española Potenza Producciones cuando el film fue premiado en la sección Generation 14plus de Berlinale.

RUBIK: ¿De dónde surge Chicas Tristes?

F.T.: Surge de una historia personal que, obviamente, ha transmutado y se ha transformado varias veces. El proceso de escritura fue tan largo que hubo muchos detonantes en el camino que funcionaron como nuevos inicios.

RUBIK: Uno de los aspectos más interesantes de la película es cómo abordas la amistad. Es una relación fundamental en la vida, pero que el cine suele tratar menos que las relaciones románticas. ¿Cómo trabajaste ese vínculo con las actrices?

F.T.: Creo que, como bien dices, relegamos la amistad a una relación de segunda categoría. Como si detrás de la familia y detrás de la pareja ya vinieran los amigos. Pero la amistad es algo súper importante, súper identitario y definitivo en la vida.

Antes del rodaje hicimos con las actrices una especie de taller actoral durante dos meses. Hacíamos experimentos, improvisaciones, ejercicios de teatro… Y creo que la apuesta fue crear una relación. Más allá de aprender los diálogos, las escenas o las especificidades del guion, se trataba de construir cómo íbamos a relacionarnos.

Con ese vínculo bien sólido nos enfrentamos al rodaje. Las situaciones eran puntuales, pero estaban construidas sobre algo muy concreto y muy trabajado, que era la relación entre ellas.

RUBIK: ¿Había espacio para la improvisación durante el rodaje?

F.T.: Sí, sobre todo en la primera parte de la película, cuando están más libres. Pero también estaba muy controlado, porque ya habíamos improvisado muchísimo antes. Yo incluso anotaba cosas de esas improvisaciones que me gustaban para después llevarlas al rodaje.

A veces les decía: «¿Se acuerdan de esta improvisación en la que estaban hablando de esto? Bueno, sigamos desde ahí». O directamente escribía en el guion diálogos que habían surgido durante las improvisaciones previas.

Al final sentía que el guion, durante el rodaje, era una entidad muy viva, que se iba transformando y cambiando. Yo llegaba a casa por la noche y seguía escribiendo.

‘Chicas tristes’

RUBIK: ¿Cómo fue encontrar a las dos protagonistas?

F.T.: Primero empezamos haciendo el casting solo con nadadores y nadadoras y no funcionó. Entonces abrimos el casting a actores y actrices.

Primero llegó Rocío, que venía a hacer casting para Paula. Cuando la vi entrar pensé: «Esta chica es la maestra». No te puedo explicar por qué; fue simplemente una intuición muy fuerte.

Después, con Darana, vimos muchas Paulas. Ya teníamos a las siete unidas y era como: «¿Quién queda bien?». Cuando vimos a Darana con Paula hicieron una improvisación y sentí algo parecido a lo que imaginaba al escribir: cómo se sentiría verlas juntas.

Tenían complicidad, pero también confrontación. No era solamente complicidad porque también son rivales. Esa improvisación del casting acabé escribiéndola en el guion y está en la película. Fue muy especial. Y ahora son súper amigas.

RUBIK: La escena del baile, en la que se revela la verdad, es uno de los momentos más intensos de la película. ¿Cómo fue rodarla?

F.T.: Es una historia graciosa porque esa fue la única escena del guion que ensayamos. Había que montar la coreografía y, a diferencia de las otras escenas, en esta todo tenía que ser muy preciso: cuándo estás aquí, dices esto, y después ocurre aquello.

Era tan mecánico que creo que nos ayudó. Ellas no estaban pensando todo el tiempo en la emoción cargadísima de la escena, sino preocupadas por el giro, por lo que tenían que hacer… y eso les permitía fluir.

Íbamos a hacer una cobertura con un zoom, pero el zoom se descompuso. Mientras lo arreglábamos decidimos hacerla con el lente fijo y ver qué pasaba.

Hicimos varios planos y fuimos corrigiendo detalles porque, al ser un plano secuencia, era difícil. En un momento sentí que ya la teníamos, aunque yo quería hacer otro plano, mover un poco la cámara.

Photocal de ‘Chicas tristes’ en Horizontes Latinos en SSIFF 2026

Cuando me giré, todas las chicas del set estaban llorando. La fotógrafa estaba llorando, la sonidista, la diseñadora de producción… Y pensé: «Ya está. No hagamos más».

Sentí que no quería desgastar más esa emoción ni a la actriz. Hay que creer en la magia del cine. Si está todo el mundo llorando, hay algo bueno ahí.

Después comimos y había un silencio sepulcral. Los hombres estaban como siempre, jugando y haciendo bromas, porque en la comida solíamos jugar, pero las mujeres no hablábamos. Y eso me impactó muchísimo.

Creo que fue la primera vez que pensé: «Esta película puede conectar con alguien allá afuera». Se estaba conectando ahí mismo.

RUBIK: Y, efectivamente, la película está teniendo un recorrido internacional importante. ¿Cómo estás viviendo esa recepción?

F.T.: Me cuesta un poco creerlo. Haces una película y, obviamente, ¿quién no sueña con estrenarla en un festival de Berlín y después venir a San Sebastián?

Pero más allá de los festivales, la reacción de la audiencia es algo que no sé ni cómo explicar. A veces leo Letterboxd y me dan ganas de llorar. Me siento muy agradecida por todo el amor que está recibiendo la película allá donde va.

Es una reacción muy importante y quiero disfrutarla porque siento que no es algo que pase siempre.

RUBIK: ¿Qué te gustaría que se llevara el público después de verla?

F.T.: Más que llevarse una idea fija o concreta, porque tampoco siento que yo tenga necesariamente la respuesta, me gustaría que hubiera una intención de conversar.

Siento que la conversación se ha cerrado en los últimos años. Se abrió un poco y después creo que en todos los países se politizó y se cerró.

Ojalá estas películas, y otras que hay en el festival, sean una especie de llavecita para volver a abrir la conversación. Decir: «Bueno, ya lo intentamos una vez, no lo conseguimos, pero hablemos de nuevo. Conversemos de nuevo».

Y creo que está pasando. En el festival, por ejemplo, después de las películas me pasa que voy al baño y escucho las conversaciones. Y no hablan tanto de si les gustó o no la película. Hablan de qué hubieran hecho, de si están de acuerdo con lo que hizo la maestra, de si no están de acuerdo, de lo que hizo el chico…

Para mí eso es mucho más valioso que que salgan diciendo: «Qué buena fotografía». Es volver a ver conversaciones que siento que han estado perdidas durante un tiempo.

‘Chicas tristes’

RUBIK: Es tu segunda vez en San Sebastián, después de haber participado el año pasado en WIP. ¿Cómo estás viviendo ahora el festival?

F.T.: El año pasado estuve en el WIP con Chicas Tristes. Y recuerdo que todas las tardes me iba a encerrarme a ver películas. Yo decía: «Por favor, Diosito, en un año lo único que quiero es estar parada en ese escenario».

Y llegó. Ayer estuvimos allí y fue increíble. No sé, tampoco he ido a tantos festivales, pero creo que no hay ninguno como este. Los aplausos, las salas llenas, el involucramiento del público… Es un festival muy cálido.

La función de ayer es de esas que todo el equipo nos llevamos en el corazón. Estábamos súper conmovidos. Las actrices estaban muy emocionadas. Hacía mucho que no veía llorar a alguien del equipo viendo la película y ayer lloramos todos por la energía que había en la sala.

RUBIK: ¿Cómo ves el momento actual del cine mexicano?

F.T.:Lo veo potente. El cine mexicano tiene, obviamente, sus dificultades, como todos, pero tiene una cinematografía bastante potente.

También veo alrededor a amigos y amigas directores que van a hacer sus primeras películas. Hay mucha gente empezando.

La mayor pena del cine mexicano es que en México no se consume el cine mexicano. Es muy loco que en el extranjero, de pronto, haya películas mexicanas que tengan ese recorrido y después en México no pase nada. La distribución de Chicas Tristes en el extranjero, por ejemplo, está siendo muy interesante.

Pero espero que se siga haciendo la lucha. México es un país gigante, muy diverso, con un montón de historias, y ojalá esas historias puedan representarse más allá de las cosas violentas.

RUBIK: Después de ocho años de trabajo con esta película, ¿ya tienes algún proyecto en mente?

F.T.: Estoy escribiendo. Espero que no pasen otra vez ocho años.

Sería bastante conveniente que no fuera así. También estoy intentando disfrutar el momento, porque ha sido un trabajo largo. Pasé un mes en casa este verano y fue suficiente: volvió la ilusión.

RUBIK: ¿Te apetece seguir explorando ese registro intimista y realista o quieres probar otras cosas?

F.T.: Me apetecen otras cosas nuevas. Hay algo que me encanta y que intenté hacer en Chicas Tristes, aunque fue difícil: una especie de realismo mágico dentro de la cotidianeidad. Algo muy Fellini. En la película hay algunos elementos de ese tipo, como el tarot, pero el tema me llevaba hacia un lugar muy concreto.

Ahora, en esta nueva película, aunque también tiene su contexto social, estoy un poco más relajada y eso me permite estirar un poco más la liga de la magia en el cine. Es algo que me encanta como espectadora y que me estoy saboreando mucho.

RUBIK: En Chicas Tristes también hay una fotografía muy luminosa para una historia que, en muchos momentos, es triste. ¿Buscabas precisamente alejarte del naturalismo?

F.T.: Sí. Quería algo muy plástico, hasta cierto punto estilizado, que nos alejara del naturalismo.

Aquí no estamos hablando de la verdad con mayúscula y la realidad con mayúscula. Estamos contando historias, y las historias a veces tienen cosas raras. Pero la vida también es así. Nunca pretendí abandonar la idea de que esto es una película y es falso.

RUBIK: En el festival han coincidido varias películas centradas en dos chicas, dos amigas, y en historias muy humanas. ¿Crees que el cine está volviendo a mirar más hacia esas experiencias cotidianas?

F.T.: Creo que también hay toda una conversación alrededor de la originalidad y de contar cosas que no se hayan contado antes. Pero las personas somos tan diferentes entre nosotros que, aunque dos personas hagan películas completamente diferentes en cinco días, pueden surgir historias muy distintas.

Eso es lo bueno del cine. No se trata tanto de quién hace mejores películas, sino de una experiencia humana traducida a una pantalla y después recibida por otra experiencia humana. Y en ese salto está todo.