Ion de Sosa: “‘Balearic’ reflexiona sobre si nos terminamos convirtiendo en adultos que, con 18 años, habríamos detestado”

diciembre 10, 2025
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Tras su paso por la 58ª edición del Festival de Sitges y otros certámenes de primer nivel, Balearic llega este viernes 12 de diciembre a salas de cine. Charlamos con el autor detrás de esta fábula estival que cruza terror, sátira social y mitología contemporánea. Ion de Sosa reflexiona para RUBIK sobre su trayectoria, su momento creativo y la construcción visual y simbólica de una de las películas españolas más singulares de la temporada. Por Miguel Varela.

Ion de Sosa posa para Rubik

Balearic una coproducción de Apellaniz & De Sosa, Jaibo Films, La Fabrica Nocturna Cinéma y Umbracle Cine.

Rubik: ¿Qué significa para ti Balearic y por qué apostar por este proyecto en este punto de tu carrera?

Ion de Sosa: Vengo de un cine muy underground. Mi primera película salió en el Festival Punto de Vista en 2011. Luego hice Sueñan los androides en 2014, que era una reinterpretación de Blade Runner rodada en Benidorm. Después tuve unos años de parón hasta que monté la productora Apellaniz y de Sosa. Pasé de un cine más artesanal a profesionalizarme, hicimos en 2019 el cortometraje Leyenda dorada, produjimos Espíritu sagrado de Chema García Ibarra… y ahí empecé a preparar Balearic.

Como Chema venía del underground también y estaba a punto de hacer su largometraje, pensé que era también mi momento para avanzar en paralelo con el mío. Pero en medio se coló Mamántula, por una llamada de nuestra productora alemana, que nos avisó de unas ayudas. Era un proyecto que yo había tenido tiempo atrás, pero que había abandonado porque estaba alejado de lo que quería hacer entonces, que era Balearic. Durante un instante renegué de volver a algo tan arriesgado, pero la hicimos y tuvo una vida magnífica, inesperada. Sabíamos que sería divertida, pero no que calaría tanto incluso siendo cine de nicho.

De Mamántula se habló mucho, llegó a estar nominada a los Goya y estuvo en Movistar. Para nosotros fue como hackear el sistema con una peli tan explícita. Y Balearic seguía ahí, desarrollándose. Es una película que pensaba desde hacía más tiempo, más grande. Para mí significa que voy pasando de un cine experimental a otro que busca más la conexión con el espectador.

Mis películas anteriores miraban más hacia el propio cine, hacia un cine que se piensa a sí mismo, preguntándome qué puedo aportar como cineasta. Ahora intento no perder cierta esencia, pero sí conectar más con el público. Pienso las películas formalmente, sí, pero también para no perder al espectador ni hacerle pasar un mal rato, aunque la propuesta sea árida. Intento jugar con códigos reconocibles del entretenimiento. Es un camino híbrido que estoy disfrutando, porque combina lo artístico con esa conexión. Y cada espectador conecta con Balearic de forma distinta.

Imagen de Balearic © Apellaniz & De Sosa, Jaibo Films, La Fabrica Nocturna Cinéma y Umbracle Cine

Rubik: Hay multitud de interpretaciones sobre lo que Balearic significa. Como autor, ¿había un mensaje claro o la interpretación queda en manos del espectador?

Ion de Sosa: Para mí, es una película bastante cerrada en cuanto a mensaje, al menos en su estructura. Hay una parte muy clara sobre la incomunicación entre jóvenes y mayores. También hay elementos evocadores que no son estrictamente narrativos. El diálogo, por ejemplo, no cumple una función narrativa clásica porque no queríamos meternos en el drama; la fuerza está en esa ruptura entre jóvenes y adultos.

El diálogo es parte de la atmósfera, igual que lo es el incendio, igual que lo es la figura simbólica del agua o de las piscinas. Para los chavales representan juego, verano, vacaciones; para los adultos, estatus y poder, no las usan para refrescarse sino para aparentar.

Jugamos con símbolos que quedan sin resolver, igual que en El ángel exterminador de Buñuel. Aquí tampoco se resuelve del todo ese “misterio” que mantiene a los adultos fuera del agua. Pero podemos intuir que el agua refleja algo propio que no les gusta, o que irradia dolor y miedo desde la otra piscina, y que eso establece una conexión que les mantiene fuera.

Como los dramas no están planteados ni los personajes desarrollados, soy consciente de que hay varias interpretaciones. Para mí estaba claro: parte A, parte B, y esa figura que viene de la parte A para irrumpir en la B y decirles a los adultos: “¿Qué mundo estáis dejando?”. Señalar esa tendencia a poner por delante el bienestar material antes que el cultural, espiritual o medioambiental. Llega alguien joven a decir: “¿De verdad vais a destrozar todo y dejarnos sin acceso a educación, vivienda o sanidad, cosas de las que vosotros sí disfrutasteis?”.

Rubik: ¿Existe en la película una intención de criticar directamente a un grupo de personas de alta cuna o más bien es un juego de observación, como poner hormigas bajo un microscopio?

Ion de Sosa: Más que un retrato realista, vemos una burguesía simbólica, caricaturizada, una fábula. No creo que por muy burguesa que sea la gente pase por la vida sin sufrir, pero estos personajes me sirven como arquetipos con los que uno puede reflexionar sobre sí mismo.

Siempre digo que una de las ideas que resume la película es: cuando tienes 18 años quieres cambiar el mundo; cuando tienes 40 quieres una piscina. ¿Qué pasa en ese viaje? Es una reflexión sobre si nos hemos convertido como adultos en personas que, con 18 años, habríamos detestado. Si todavía queda empatía por los que vienen detrás y por el bien común, no solo por nuestro círculo cercano.

Ion de Sosa, director de Balearic

Rubik: ¿Cómo surge la idea de yuxtaponer ese primer bloque, que es casi un corto de terror, con la fábula social que viene después?

Ion de Sosa: Viví en Barcelona entre 2017 y 2019. En ese momento iba en moto al trabajo, metido en el tráfico, y en esos momentos de semáforo se me ocurrían ideas. Una de ellas era hacer una película survivor. Me encantaba el concepto, pero cuando pensaba en su desarrollo siempre llegaba al punto de: “llegan los perros… ¿y ahora qué?”. Y esa parte me parecía complicada y, sinceramente, aburrida de desarrollar.

También tenía la idea de hacer una película a lo Buñuel y otra inspirada en El nadador. Y pensé: ¿por qué no juntar ambas? En la parte del survivor que menos me interesaba, meter una cara B, una segunda película. Un concepto de sesión doble. Además, una de las chicas cruza ese umbral y se convierte en una figura mitológica, un eco del inframundo griego: los tres perros como cancerbero, un viaje que deben hacer los chavales y un carcelero que lo impide.

Y, por otro lado, el mundo de los adultos como un Hades contemporáneo: un hedonismo que ya no es placentero sino un limbo o infierno rodeado de llamas. Esa imagen del horror costumbrista metafórico fue una de las ideas más potentes de partida.

Rubik: Hemos citado referencias surrealistas y mitológicas. ¿Alguna más?

Ion de Sosa: Me gusta mucho el paso de una casa a otra a través de esos vidrios tintados que ofrecen una visión distorsionada, como si miráramos desde dentro del agua. Con la directora de arte, Carmen, pensamos en retratos deformados, un poco Francis Bacon, figuras humanas monstruosas o irreales que marcan el acceso a otro mundo o código.

Vimos muchas películas para preparar el rodaje: Picnic en Hanging Rock de Peter Weir para construir la atmósfera inicial; Dublineses de John Huston; El triángulo de la tristeza.

También La zona de interés, que tiene que ver con esa barrera de la propiedad privada que separa a quienes viven protegidos de lo que ocurre justo al lado. En La zona de interés es el Holocausto; en Balearic, ese fuego simbólico que puede representar el cambio climático, la injusticia social o las guerras que vemos cada día en los noticieros. Ante ese bombardeo informativo, muchas veces no sabemos gestionar la emoción y miramos hacia otro lado.

También hay crítica social y esa pregunta contemporánea: “¿Qué puedo hacer yo?”. Al no encontrar respuesta, seguimos con nuestras vidas como podemos.

Imagen de Balearic © Apellaniz & De Sosa, Jaibo Films, La Fabrica Nocturna Cinéma y Umbracle Cine

Rubik: Además de director, has trabajado mucho como director de fotografía. La película tiene una propuesta estética marcada para fomentar la sensación de calor y el agobio, contrastes cromáticos entre colores fríos y cálidos. ¿Cómo fue la colaboración con la directora de fotografía Cris Neira?

Ion de Sosa: Cristina Neira se incorporó pocas semanas antes del rodaje. Yo ya tenía un trabajo avanzado con la directora de arte, Carmen Marín —colaboramos estrechamente desde Mamántula—. Ya habíamos dado una vuelta estética que luego transmitimos a Cristina para que la ejecutara y aportara su mirada.

Soy muy permeable: me rodeo de gente con talento porque quiero que aporten. Cristina trajo buenas ideas. Queríamos hacer una película anamórfica en 16 mm, algo menos habitual en ficción.

Ella hizo pruebas, vino con lentes Laowa, que no son tan conocidas y son económicas, pero dieron un resultado finísimo. Investigó mucho, también en filtros en cámara: usamos papeles que dieron atmósfera a los brillos del agua y de los vidrios. Y fue fundamental para convencer a los productores de que debíamos rodar en formato 2,40. Su aportación fue decisiva para el look de Balearic.

Rubik: Para cerrar: ¿cómo has vivido el paso por festivales? ¿Y qué le dirías al público para que vaya a verla en salas?

Ion de Sosa: Ver la película en cine es muy bonito porque se genera esa oscuridad que nos aísla y nos hace olvidar el teléfono y la vida diaria. El diseño sonoro y las mezclas de la película se viven especialmente bien en sala.

La imagen, con su grano, se disfruta en todo su esplendor colectivamente. Y está la experiencia compartida: contagiarse del humor, de la tensión, salir con nuevas sensaciones.

Al final, igual que cuando vas a un concierto apoyas al grupo, o comprando un vinilo apoyas a la banda, pagando una entrada apoyas al cine independiente. Así que animamos al público por muchos motivos a venir a verla.