El documental Black Water, dirigido por Natxo Leuza y producido por En Buen Sitio, tendrá su estreno en España en la sección oficial del Festival de Málaga. Una película que aborda el desplazamiento masivo de personas en Bangladesh provocado por la crisis climática. Desde Rubik, hablamos con el director de la cinta y con Jokin Pascual, director de fotografía y productor, para conocer más a fondo el proyecto, que refleja una de las crisis humanas más urgentes de nuestro tiempo. Por Sara Rodríguez Martín

La primera proyección nacional de Black Water tendrá lugar en el Festival de Málaga, donde competirá junto a otras obras relevantes del panorama audiovisual dentro de la sección oficial.
Jokin Pascual, productor y director de fotografía del documental, recuerda el estreno internacional de la pieza en CPH:Dox, en Copenhague, y añade que «En España, evidentemente, no puede haber mejor entrada que en el Festival de Málaga».
La relación del equipo con Málaga, según añade Natxo Leuza, es muy importante precisamente por las puertas que abre el festival: «Tanto Jokin, desde En Buen Sitio, como yo, tenemos una conexión muy bonita con Málaga porque muchas veces da mucha visibilidad a nuestros proyectos. Es un festival con el que conectamos mucho y que nos encanta”.

El origen de Black Water
El documental explora cómo el cambio climático provoca desplazamientos masivos de población en Bangladesh, un tema delicado que los responsables del proyecto abordaron desde la sensibilidad artística. “Siempre intentamos no caer en el sensacionalismo. Partimos de una problemática global, que nos afecta a todos. Quería contar esta historia en un contexto de un país en vías de desarrollo, porque son los países o las personas que aportan simplemente una fracción de las emisiones globales y son los que sufren las mayores consecuencias”, comenta Natxo.
«Creo que nos podemos dirigir a una especie de apartheid climático, donde los ricos, como siempre, pueden pagar por escapar del calentamiento global, de la hambruna o de los conflictos, mientras que el resto de la población sufre.
Natxo Leuza
El objetivo era que el mensaje se transmitiera a través de los tres protagonistas, con escenas que capturasen la emoción y la esencia de lo que se estaba viviendo. “Siempre queremos contar una historia a través del arte, que el arte esté muy presente y no basarnos tanto en algo que pudiera ser muy de datos o muy activista”, explica el director.

Una de las escenas más impactantes del documental es la del tren abarrotado, donde los desplazados viajan apiñados, y agarrándose a donde pueden por fuera del vagón porque les es imposible entrar. Según Natxo, el equipo había “planificado esa secuencia para rodarla encima del tren, pero nos dejamos llevar por la emoción del momento”. El director explica que el plan original incluía que el equipo se subiera al tren, lo cual además, era más peligroso. Sin embargo, la situación se salió de lo esperado y dio lugar a una de las escenas más angustiosas del documental.
Jokin Pascual, añade: “Nosotros llevábamos ahí un par de horas esperando y de repente la gente empezó a moverse, nadie nos miraba. Las nubes amenazantes pasaron a ser apocalípticas y empezó un movimiento que nos permitió capturar esa angustia, ese esfuerzo de los personajes, sin necesidad de intervenir demasiado”.
La elección de Bangladesh y sus protagonistas
Contar esta historia en Bangladesh no fue casual. Natxo Leuza explica que la idea surgió cuando “leí una noticia que decía que para el año 2050, entre 20 y 30 millones de personas en Bangladesh iban a tener que salir debido a la subida del nivel del mar. Vi que el 17% del litoral sur, en la zona de los manglares, los pueblos iban a quedar inundados, y esto iba a contribuir a millones de desplazamientos hacia la gran ciudad, Daca, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Me parecía un motor para explorar y exponer esta problemática a través del cine”.
El documental retrata un país donde los efectos del cambio climático son visibles y, según advierte el director, “lo que pasa en Bangladesh va a ir pasando en muchos sitios. Daca se va a inundar, pero también lo harán ciudades como Nueva York, Estambul o Ámsterdam”.

El documental se narra a través de los puntos de vista de tres protagonistas: Lokkhi Mondol, Mohd Zia Hasan y Shakila Islam. Lokkhi fue descubierta por el equipo a través de vídeos de BRAC, ONG que opera en Bangladesh, y se destacó por su capacidad para comunicar de manera clara la problemática climática.
“En cinco minutos me conquistó. Es una mujer súper inteligente, lleva el peso de su familia y facilita mucho el rodaje, incluso le da lecciones a las personas que aparecen con ella en pantalla. Las conversaciones y disputas con su marido son reales, pero encuadradas dentro de lo que queríamos contar”, explica Natxo.
Desafíos de la producción
El rodaje se realizó en dos periodos: un primer viaje de 12-14 días en febrero de 2023 para scouting y casting, y un segundo viaje de cinco semanas en junio de 2024, coincidiendo con la temporada de monzones.
La logística y las condiciones meteorológicas fueron un desafío constante. “En la zona rural, las mareas transformaban el terreno en un barrizal y en la ciudad, la lluvia intensa y el tráfico complicaban el trabajo del equipo, especialmente con la cámara. Tuvimos que diseñar soluciones como filtros deflectantes de agua y cubrir la cámara con rain covers, además de ajustes logísticos diarios para llegar a las localizaciones”, explica Jokin Pascual.
Además, el director de fotografía menciona que el mayor reto a nivel de imagen fue «darle a todo una unidad estética». Esto se debe a que la imagen tiene un componente artístico muy potente durante la cinta. Se plantearon todo tipo de cuestiones y qué herramientas eran las más adecuadas para conseguir el resultado que se buscaba.
«Recuerdo preguntarle a Natxo si quería separar de alguna manera la parte rural de la parte de Daca. Y también planteamos si era adecuado separar por medio de ópticas diferentes o a través del tratamiento de color. Natxo tuvo claro que no, que el cambio ya nos lo iba a dar el propio lugar».
Jokin Pascual

El equipo trabajó con cámaras y ópticas Leica Sumicron. Según explica Jokin, son ópticas de fotografía muy pequeñas y versátiles que se han adaptado perfectamente a la calidad que buscaban, en conjunto con esa estética que muestra un efecto apocalíptico y poético a la vez, utilizando recursos naturales como la luz de los cielos y el colorido vestuario de los personajes. En definitiva, la unidad estética era clave para contar la historia sin perder la dimensión artística del documental.
Producción y financiación
El documental ha contado con apoyo de fondos públicos y con financiación la propia productora, En Buen Sitio. “Tuvimos una ayuda del Gobierno de Navarra, de las ayudas Generazinema, y también aplicamos el incentivo fiscal en Navarra. El resto del presupuesto lo cubrió En Buen Sitio. Para nosotros es el proyecto más ambicioso hasta ahora, y seguimos apostando porque creemos que va a merecer la pena, con creces”.
Tras su paso por Málaga, Black Water tiene previsto un estreno en salas con Golem, en Madrid, Pamplona y posiblemente Bilbao, antes de su disponibilidad en Movistar durante tres años.
El equipo espera que sea cual sea el recorrido de la cinta, genere visibilidad para una historia que combina arte, denuncia y sensibilidad hacia las víctimas de la crisis climática, que cada vez nos afecta más a todos.