El programa, organizado en colaboración con la Fundación Japón, comenzará con la proyección de Chicas japonesas en el puerto, con música en directo.

La Filmoteca Valenciana ha presentado un ciclo sobre Hiroshi Shimizu, uno de los cineastas japoneses más relevantes del siglo XX. Su cine refleja los conflictos de la sociedad nipona de su tiempo, con especial atención a la infancia.
Organizado en colaboración con la Fundación Japón, el ciclo está compuesto por nueve largometrajes fundamentales que permiten recorrer diversas etapas de su vasta filmografía, pues Shimizu rodó más de 160 películas desde 1924 hasta 1959.
El ciclo se inaugura el miércoles 18 de febrero, a las 20.00 horas, por el cineasta y crítico Pablo García Canga, autor del libro Ozu, multitudes; y por el coordinador jefe de Fundación Japón en Madrid, Alejandro Rodríguez.
A continuación, se proyectará la película muda Chicas japonesas en el puerto (1933), con acompañamiento musical al piano a cargo de Arcadi Valiente.

Además de este largometraje, componen la selección Olvida el amor por ahora (1937); Los masajistas y una mujer (1938); La torre de la introspección (1941), una película sobre el poder de la educación que narra la historia de una escuela para niños con necesidades especiales.
También se podrá ver Notas de una actriz ambulante (1941); La horquilla (1941); Los niños de la colmena (1948), su gran obra maestra que se proyectará con subtítulos en valenciano; El señor Shosuke Ohara (1949); El amor de una madre (1950) y La escuela hiinomi (1959).

Notas sobre Shimizu
No tan conocido en Occidente como ellos, pero muy admirado por Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi, este último llegó a decir de él: «Ozu y yo hacemos buenas películas con mucho trabajo, pero Shimizu es un genio«.
Este cineasta japonés mostró en sus historias un interés por las personas que sufren la exclusión social y la explotación económica, desde los niños huérfanos y las madres trabajadoras tras la Segunda Guerra Mundial, hasta los trabajadores migrantes y las personas con discapacidad.

Sus películas se caracterizan por una gran sensibilidad, un naturalismo luminoso y una cuidada puesta en escena.
Conocido por rodar en exteriores con actores no profesionales y en localizaciones repartidas por todo el país, las historias de viajes, ya sean por placer o por causas económicas o laborales, son una constante en su cine.
Como señala Pablo García Canga, «a mediados de los años treinta, Shimizu empezó a abandonar siempre que pudo los rodajes en estudio, prefiriendo llevarse a sus equipos a las montañas; en aquella época, esa decisión de rodar toda una película en exteriores era inusual. Shimizu, sin adscribirse a ninguna escuela, estaba inventando un nuevo realismo«.