Mimi Lazo, Bárbara Cuesta, Daniel Arias y Ramiro Blas protagonizan esta producción de Eterno Island Pictures en asociación con VIP 2000 TV y Broadway en Español LLC.

El pasado 4 de marzo arrancó el rodaje de Golpes a mi puerta, un largometraje de ficción dirigido por Patricia Ortega (Mamacruz), donde la ley gubernamental entra en conflicto con la fe y la conciencia de dos religiosas.
El guion está escrito por Nicolás Giacobone, ganador de un Oscar por Birdman, junto a Cecilia Libster, a partir de uno de los textos más reconocidos del autor y director argentino Juan Carlos Gené.
La historia se rueda durante seis semanas entre Toledo y Tenerife y está protagoniza por Mimi Lozano, Bárbara Cuesta, Daniel Arias y Ramiro Blas, con la participación especial de Neus Sanz y Vladimir Cruz.
La historia sitúa a dos religiosas ante una decisión límite cuando un hombre acusado de terrorismo llama a su puerta en mitad de la noche pidiendo refugio. Protegerlo las convertiría en cómplices, pero entregarlo sería asumir su condena a muerte.

Es una producción de Eterno Island Pictures en asociación con VIP2000 TV y Broadway en Español LLC, con Patricia González (productora y CEO de Eterno Pictures Studios), Roxana Rotundo (Directora ejecutiva y fundadora de VIP 2000 TV) y Ana María Lazo como productoras ejecutivas.
En cuanto al equipo técnico, tras las cámaras se encuentran David Cortázar al frente de la dirección de fotografía, Gustavo Ramírez en la dirección de arte y Fátima de los Santos a cargo del montaje. El sonido queda en manos de Miguel Carretero y la música original es de José Manuel González.
El diseño de vestuario es de Amador García, el maquillaje y peluquería de Sonia de la Fuente y Federico Calcatelli, los efectos especiales de Iván López y la foto fija de Rubén Chavero.

Sinopsis
Un fugitivo de la justicia buscado por un atentado terrorista, suplica refugio en un edificio gubernamental habitado por dos religiosas. El hombre jura ser inocente.
Ana y Úrsula, monjas que trabajan para el gobierno, saben que, si esconden al supuesto criminal, pueden ser acusadas de complicidad. Pero si lo entregan, el hombre será condenado a muerte.
Al decidir no entregarlo a las autoridades, ambas monjas inician un viaje de transformación interior plagado de dudas sobre la justicia, la moral, la política y la religión en medio de un mundo absolutamente polarizado y en el que los extremos suelen tocarse.