En las últimas semanas, diversas plataformas de distribución digital han retirado de sus catálogos cientos de videojuegos de contenido adulto. Esta decisión, adoptada sin previo aviso, puede cambiarlo todo, especialmente tras conocerse que la medida estuvo motivada por presiones externas dirigidas a los procesadores de pago Visa y Mastercard. Por Marcos de Vicente

La primera señal de este cambio se observó en Steam, donde numerosos desarrolladores reportaron la desaparición de títulos con contenido sexual explícito. Cabe destacar que no tienen por qué ser pornográficos, sino simplemente contener alguna escena con desnudos.
Poco después, Itch.io, una plataforma independiente, también comenzó a desindexar juegos catalogados como NSFW (contenido no apto para todo público). Ambas compañías actuaron en respuesta a los estándares exigidos por sus procesadores de pago Visa y MasterCard.
Menos de un mes y ya hay lío en el sector
La organización australiana Collective Shout, conocida por su activismo contra contenidos que considera sexualmente perjudiciales, fue una de las impulsoras de esta presión. Según informaciones recogidas por medios como eldiario.es y El País, el grupo habría contactado directamente con entidades financieras como Visa y Mastercard, solicitando que dejaran de procesar pagos para plataformas que alojaran videojuegos con determinadas temáticas sexuales. Insistimos, no pornográficos necesariamente.
Las consecuencias fueron inmediatas: Steam modificó su acuerdo legal para desarrolladores, incluyendo una cláusula que prohíbe la publicación de contenido que infrinja las políticas de sus procesadores de pago. Sin embargo, no se especifica qué tipo de contenido quedaba excluido.
La Asociación Internacional de Desarrolladores de Juegos (IGDA) ya ha manifestado su preocupación ante la falta de claridad en los nuevos criterios. La organización reconoció la necesidad de establecer límites para evitar la difusión de contenido ilegal o que represente actos no consentidos, pero advirtió que la aplicación ambigua de estas normas puede afectar también a obras legales que abordan temas sexuales de forma artística o narrativa.
Desde Itch.io, por su parte, se señaló que las restricciones impuestas afectaron de manera directa a desarrolladores independientes, limitando su acceso al público sin una explicación formal ni un proceso de revisión claro.
¿Cuál es la solución?
El caso ha reabierto un debate más amplio sobre el papel de actores financieros en la regulación del contenido digital. Varios profesionales del sector se preguntan si entidades como Visa y Mastercard deberían tener la capacidad de condicionar qué videojuegos pueden distribuirse o monetizarse.
También se ha cuestionado el hecho de que estas decisiones afecten a títulos que ya estaban regulados mediante sistemas de clasificación por edades y controles parentales.
Por ahora, ni Steam ni Itch.io han ofrecido declaraciones detalladas sobre la posibilidad de revertir las restricciones o establecer un canal de diálogo con los desarrolladores afectados. La pregunta es clara: ¿y si mañana Visa y MasterCard, dos agentes en principio externos al desarrollo de los videojuegos, deciden que no procesan pagos de juegos con armas o violencia? Cuidado, porque este camino es muy peligroso.