Después de una extensa trayectoria en el cortometraje, Alicia Albares da el salto al largo con La mala madre, un thriller psicológico de terror que tendrá su estreno mañana en la sección Panorama del Festival de Sitges. Nacido en 2020 y desarrollado durante seis años a través de numerosos laboratorios y mercados, el proyecto utiliza los códigos del género para adentrarse en una representación de la maternidad alejada de idealizaciones. Conversamos con su directora y guionista sobre la importancia de incorporar nuevas miradas femeninas al fantástico, el largo camino para levantar una ópera prima y la culminación que supone presentar la película en uno de los grandes templos internacionales del género. Por Miguel Varela

Rubik: Después de una trayectoria muy amplia en el cortometraje, La mala madre supone tu debut en el largo. ¿Cuál fue la primera semilla del proyecto?
Alicia Albares: El proyecto nació en 2020, durante la pandemia. Fue un momento de impás en el que parecía que había algo más de tiempo y pensé en contar un tema que entonces no estaba tan presente: mirar la maternidad desde un lugar menos idealizado, menos de color de rosa y algo más realista.
Es una cuestión que siempre me había rondado personalmente. Yo nunca he tenido instinto maternal, pero sí he sentido mucha presión alrededor de esa decisión: llegas a determinada edad, no has tenido hijos y empiezan las preguntas sobre por qué no quieres tenerlos. Son cuestiones que se plantean constantemente a las mujeres.
Y, como a mí me encanta el terror y todos mis cortometrajes tienen alguna vinculación con el fantástico o con el género, pensé: ¿por qué no abordar este tema desde el terror? La chispa fue precisamente juntar esas dos cosas.
Rubik: ¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Tuviste clara la película desde aquella primera idea?
A. A.: No. El guion ha dado muchísimas vueltas. La primera versión la escribí en 2020 porque había salido la convocatoria de CIMA Impulsa y me puse esa fecha como objetivo. Al final no entré, pero aquella convocatoria me sirvió como acicate para escribir.
Prácticamente vomité aquella primera versión: la escribí en una semana y media. Después comenzó un proceso larguísimo y creo que la versión que finalmente rodamos era aproximadamente la número quince.
Los laboratorios ayudaron muchísimo porque en cada uno iba recibiendo feedback que enriquecía y transformaba el guion. También fue muy importante el trabajo con Yolanda Barrasa como script doctor, sobre todo para encontrar el tono y no desviarme del terror. La mala madre tiene mucho de drama y era fácil que esa dimensión terminara comiéndose al género, pero yo siempre tuve claro que quería hacer una película de terror.
Rubik: También fue muy largo el camino para conseguir que la película se hiciera. ¿Hubo momentos en los que pensaste que no saldría adelante?
A. A.: Constantemente. Siempre me acuerdo de esa frase de Guillermo del Toro que dice que lo natural en una película es que no se haga; lo raro es que se haga. La mala madre fue un proyecto que nace desde Mordisco Films, productora gallega que fue quien impulsó la película desde su raíz. Con ella pasó por trece laboratorios de desarrollo, además de mercados y foros en diferentes países. Se fueron incorporando compañeros de viaje, algunos entraron y después salieron, pero durante bastante tiempo no encontrábamos la estructura adecuada para levantarla.
Llegó un momento en el que sentía incluso que el proyecto se estaba quemando. Nos costaba conseguir televisiones porque era terror y tampoco teníamos todavía suficiente músculo económico para competir con fuerza en determinadas ayudas. Hubo momentos en los que pensamos: esto no va a salir, la película es demasiado ambiciosa para los recursos que tenemos.
Cuando estábamos bastante cerca de tirar la toalla apareció nuestra socia valenciana, la productora Admirable Films, cuyo apoyo acabó siendo fundamental. Gracias a ella conseguimos las ayudas de la Comunidad Valenciana y ese primer apoyo económico nos permitió construir el resto de la financiación. Poco a poco, la película se fue armando.

Rubik: El reparto protagonista tiene mucho peso en el metraje final. ¿Cómo llegasteis a Thaïs Blume, Álex Gadea y Mariana Cordero?
A. A.: Victoria era el personaje que más me preocupaba porque necesitábamos una actriz muy versátil, capaz de sostener el drama y transmitir autenticidad, pero también con una gran capacidad física.
Yo conocía a Thaïs por haber distribuido desde YAQ Distribución varios trabajos suyos de terror de una buena amiga, Lucía Forner. Fue ella la que me recordó su nombre casi por casualidad y se me encendió la bombilla. Le pedimos una prueba y me encantó: tenía una naturalidad que podía darnos todas esas dimensiones. Además, acababa de ser madre y había cuestiones del guion que estaba viviendo muy de cerca, lo que aportó mucha verdad.
Con Álex Gadea me impresionó su capacidad para cambiar de registro con la mirada, transitar entre bondad y maldad con un mínimo gesto. Y con Mariana Cordero prácticamente bastó una conversación: había analizado el guion y el personaje con una profundidad extraordinaria.

Rubik: La casa funciona prácticamente como otro personaje de La mala madre. ¿Fue difícil encontrar esa localización?
A. A.: Era fundamental. Yo había desarrollado la película imaginándola en el norte y tenía en la cabeza una casa muy cercana al imaginario de Los otros; aparecía incluso como referencia en el dossier.
Cuando supimos que íbamos a rodar en Valencia pensé que sería muy difícil encontrar algo así. Finalmente llegamos a Masía Moroder y, cuando la vi, supe que era nuestra casa. Tiene ese punto inquietante que necesitábamos y, al mismo tiempo, es preciosa. Rodamos allí durante casi tres semanas y pudimos instalar prácticamente toda nuestra base de producción.
Rubik: Ya has citado Los otros. ¿Qué otras referencias manejabas?
A. A.: Muchas veces no soy consciente de ellas mientras escribo porque están en el inconsciente y aparecen después. Alguien me dijo que la película tenía algo de Misery y pensé que era verdad. También hay algo de The Babadook por la temática de fondo, y me interesaba mucho Hereditary como ejemplo de una película que funciona como terror pero realmente habla de algo más profundo como la salud mental. La mala madre comparte esa voluntad.
Rubik: La película trabaja con diferentes niveles narrativos y visuales. ¿Cómo planteaste formalmente esas diferencias?
A. A.: Teníamos claro que, al existir distintas capas narrativas, necesitábamos que el espectador pudiera percibirlas también formalmente.
Los recuerdos, por ejemplo, debían tener una textura muy distinta. Trabajamos la fotografía y las ópticas para conseguir una imagen más suave, algo difuminada y menos dura. Después hay otra parte de la narración para la que buscábamos una estética más realista.
Y me interesaba mucho trabajar las transiciones. Es algo que está presente en todos mis cortometrajes y quería conservar ese rasgo de estilo también en mi primer largo. No quería entrar y salir de los recuerdos siempre mediante un simple corte, sino buscar algo más orgánico y un poco más onírico.
Rubik: ¿En qué medida la película terminada se corresponde formalmente con aquello que habías imaginado?
A. A.: Yo tenía claro que quería hacer algo un poco arriesgado y jugar con la puesta en escena y las transiciones. Creo que hemos hecho auténticos milagros para que la película encaje en todas sus dimensiones y estoy muy orgullosa de cómo ha quedado.
El montaje fue probablemente uno de los procesos más difíciles. Cuando vi aquel primer montaje pensé: «Madre mía, ¿qué he hecho?». Después empezamos a mover muchísimo el puzzle para conseguir que todas las capas tuvieran coherencia y que la película mantuviera un mismo tono. Hubo muchas versiones hasta llegar al equilibrio que nos convenció.
Rubik: Progresivamente la película va ‘cocinando’ una dimensión más física y visceral, de género. ¿Disfrutaste especialmente rodando esa parte?
A. A.: Muchísimo. Había secuencias en las que todo el equipo decía constantemente: «Esto es para Sitges». Era como: esto lo hemos rodado para que el público de Sitges lo disfrute y aplauda.
Thaïs además disfruta muchísimo con esa dimensión física, así que cuando llegaba la sangre y la parte más puramente de género nos lo pasábamos muy bien.
Pero no podría elegir entre esa parte y la dimensión más dramática, porque ahí es donde está aquello que para mí hace realmente personal la película.
Victoria es en cierto sentido un alter ego mío. Siempre digo que es como imaginar qué habría ocurrido si yo hubiera tenido hijos. Yo he sentido la presión social respecto a la maternidad, pero nunca he terminado cediendo ante ella. Sin embargo, muchas veces me he preguntado: ¿qué habría ocurrido si hubiera tenido un hijo? ¿Y si me hubieran puesto un bebé en los brazos y yo no hubiera sentido inmediatamente esa conexión que supuestamente debes sentir?
Es una posibilidad que siempre me produjo mucho miedo. Hay mujeres a las que les ocurre y creo que necesitamos poder hablar de ello.
Rubik: Ahí aparece precisamente el centro de la película: una mirada sobre la maternidad que evita plantearla en términos absolutos.
A. A.: Sí, porque creo que hay muchísimos tipos de maternidad.
A mí me interesaba contar esa parte de mujeres que pueden sentirse arrepentidas de haber sido madres o que no sienten inmediatamente esa conexión, incluso aunque quieran profundamente a sus hijos. Pero al mismo tiempo creo que la película tiene algo de oda a la maternidad desde otro lugar mucho más visceral. También existen mujeres que desean profundamente tener hijos, que sienten esa pulsión de una manera muy fuerte, y me interesaba defender esa experiencia.
Para mí era importante tener esas dos visiones porque la maternidad tampoco es blanca o negra. Espero que haya mujeres que vean la película y piensen: «A mí me ha pasado esto y nunca había podido decirlo», y que otras puedan encontrar en ella una forma de homenaje a su propia experiencia.

Rubik: Cuando empezaste a escribir en 2020 estas cuestiones tenían mucha menos presencia en el cine español. Desde entonces han aparecido películas como Cinco lobitos o Salve María. ¿Cómo dialoga ahora La mala madre con este nuevo contexto y la sociedad actual?
A. A.: Cuando escribí el guion eran cuestiones de las que se hablaba bastante menos y quizá parecían algo más originales, entre comillas.
Pero la película ha tardado seis años en hacerse y durante ese tiempo han aparecido obras que hablan también de la maternidad desde lugares diferentes. Y creo que eso tiene mucho que ver con el acceso de las mujeres a los espacios creativos.
La maternidad siempre ha estado presente en el cine de terror. No estoy inventando nada: existen infinidad de películas con embarazos o madres como elementos inquietantes. Pero muchas veces esas historias se han contado desde el prisma de los hombres y no desde lo que significa vivir la maternidad como mujer.
Yo no he sido madre, pero sí he vivido esa presión de que tienes que serlo o de que debes justificar constantemente por qué no lo eres. Quizá La mala madre no tenga hoy la misma novedad temática que podría haber tenido si hubiera llegado hace seis años, pero sigo pensando que necesitamos hablar de estas cuestiones. Y tampoco creo que existan tantas películas dirigidas por mujeres que aborden la maternidad desde el terror.
Rubik: Después de todo este recorrido vais a estrenar la película precisamente en Sitges. ¿Qué significa para ti?
A. A.: Es un sueño. Desde el propio guion existía ese objetivo y durante el rodaje había secuencias en las que todos decíamos: «Esto está hecho para Sitges».
Yo soy espectadora del festival desde hace muchos años y lo vivo también como directora. Para mí es nuestra casa. Tiene un ambiente completamente diferente al de otros festivales porque existe una cercanía entre cineastas, profesionales y espectadores que cuesta mucho encontrar en otros lugares.
Pero, además, creo que el festival ha conseguido algo muy importante: reivindicar el fantástico desde el prestigio. Estar en Sitges significa que tienes una película de terror o fantástico, pero también que has conseguido un lugar prestigioso para estrenarla. Sitges ha demostrado que una película puede ser de género y al mismo tiempo tener mucho calado.
Rubik: Más allá de ser tu primer largometraje, después de tantos años intentando levantarlo, ¿qué significa personalmente La mala madre para ti?
A. A.: Me ha enseñado muchísimo. Evidentemente yo quería debutar en el largometraje y quería hacerlo con una película personal, con un guion mío.
Pero me he dejado tanto en ella, a nivel físico, mental y emocional, que también he aprendido a relativizar determinadas cosas. Se habla muy poco de salud mental dentro del audiovisual y creo que es un tema importantísimo. Cuando llegas al final de un proceso así y ves la energía que has invertido tú, tu pareja, la gente que te rodea… hay momentos en los que lo colocas todo en una balanza y te preguntas si realmente merece la pena tanta lucha.
Estoy enormemente orgullosa de la película. Creo que hemos hecho milagros y estrenarla en Sitges va a ser algo que seguramente no olvidaré nunca. Pero también me ha enseñado algo: la vida no termina en hacer películas. Hay que vivir mientras hacemos todo esto.
Yo quiero seguir dirigiendo, tengo más proyectos y espero poder hacerlos, pero La mala madre también me ha enseñado a decirme: calma, que la vida es otra cosa y la vida sigue.
Rubik: Y después de todo ese camino, ¿qué te gustaría que encontrara el espectador cuando se siente finalmente a ver la película?
A. A.: Creo que va a encontrarse una película que no es exactamente una película de terror típica y que puede sorprenderle. Pero al mismo tiempo hemos querido hacer algo que funcione desde el entretenimiento. Si alguien quiere una película que avance, que le cuente una historia y le mantenga pegado a la butaca, creo que va a encontrarla.
Y si quiere quedarse después con una lectura más profunda sobre la maternidad, lo que significa para las mujeres y las diferentes formas de vivirla, también está ahí.
Hemos peleado mucho para conservar esas dos dimensiones. Para mí es una película bastante dual: espero que pueda satisfacer a un espectador que busque una propuesta con una dimensión más autoral, temática o de discurso y, al mismo tiempo, a quien simplemente quiera disfrutar de una película de terror al uso. Creo que La mala madre tiene las dos cosas.