Ha terminado la 34 edición de CineEurope, la gran convención europea de la exhibición que desde 2012 se celebra en Barcelona. La previa del evento la titulé ‘CineEurope 2025: aportando certidumbre… y optimismo’ y, en ese sentido, creo que era acertado porque los exhibidores puedo constatar que, después de ver las presentaciones de los grandes estudios, sienten que el futuro (económico) de las salas de cine es brillante. No obstante, algunos detalles hacen que la sensación general no sea tan halagüeña. Por Carlos Aguilar Sambricio

Es un lujo para España que uno de los mayores eventos mundiales de la exhibición se celebre en Barcelona.
Es verdad que, al final, España no tiene un papel ni siquiera secundario en el área de las presentaciones de futuros títulos, que son claramente el núcleo del evento (en este sentido, podemos rescatar un mensaje de vídeo de Santiago Segura en la presentación de Sony Pictures para hablar de la nueva edición de Padre no hay más que uno). Pero ser el escenario donde se reúnen en un mismo lugar grandes ejecutivos a nivel mundial no deja de ser un gran éxito para nuestro país.
Esta circunstancia nos pone al alcance de la mano poder pulsar la situación de la exhibición mundial y la europea en particular, y en especial la de los contenidos que, nos guste más o menos, copan fundamentalmente la taquilla mundial.
Lo más positivo que se puede decir de esta edición es que, por primera vez, se siente que la recuperación de las salas de cine va en serio.
Desde la pandemia, se ha hablado mucho de recuperación pero esta se ha ido retrasando. El parón que provocó el Covid-19 y otras cuestiones como las huelgas de guionistas y actores así como la apuesta por distintas experiencias con plataformas de las propias majors, ha provocado que el calendario de estrenos normal se haya visto afectado.
La Federación de Cines de España (FECE) lleva años señalando que uno de los problemas es que se necesitan más películas de gran alcance. Hollywood ha estado estrenando muchas menos películas y las salas de cine, en términos generales, las necesitan para alcanzar los niveles económicos del pasado.

Pues bien, en este CineEurope por fin se ve, de cara a 2026, que el calendario se parece ya al de otros tiempos. Los exhibidores sienten confianza en lo que está por venir. Como se ha visto en fechas anteriores o, sin ir más lejos, en el último mes y medio, es que cuando se encadenan varios estrenos blockbuster, el público responde. Se ha vendido mucho un cambio de paradigma por los hábitos de consumo pero, sin menospreciar la existencia de dichas variaciones, el cine en pantalla grande sigue siendo un templo con suficientes adeptos como para seguir teniendo una relevancia difícilmente comparable.
El reverso oscuro
No sería nada novedoso destacar la obsesiva predilección de Hollywood por el conservadurismo que se desprende de la decisión de hacer un sinfín de remakes, secuelas y reboots.
Pero estar durante tres días viendo, de manera intensiva, lo que las majors tienen por estrenar en próximas fechas genera un síndrome de Stendhal inverso. El sentido de la maravilla está ausente porque todo es una copia de una copia de una copia. Lógicamente, en el caso de esos remakes, secuelas y reboots, que pueden representar fácilmente las tres cuartas partes del slate de los grandes estudios, esa sensación es obvia pero es que incluso en el caso de IPs nuevas en el cine, la mayoría o bien son adaptaciones de otros medios o bien son cine formulaico (algo muy preocupante en el caso del cine de terror, el cual estuvo muy presente, por cierto, durante las presentaciones de estos días).

Pero esto es una batalla perdida. El cine es un arte caro y los grandes ejecutivos, que son gente que muy poco tiene que ver ya con el séptimo arte, son alérgicos al riesgo. Se necesitaría un decidido apoyo del público a las propuestas nuevas para cambiar la tendencia y es algo que rara vez ocurre.
También me llamó la atención que en la presentación de Paramount Pictures (la más divertida siempre a gracias a su vídeo inicial con los miembros del equipo internacional), se pusiera el acento en que ‘las comedias están de vuelta’ y que quieren ‘recuperar las comedias para los cines’.
Es un hecho que Hollywood ya no tiene ningún interés en llevar comedias a las salas. Pero, lamentablemente, es algo que no va a cambiar. Hubo escasísimas muestras de este cine, si acaso en algún título romántico (que tampoco hay apenas). De hecho, en la propia Paramount tampoco lo hay y el mismo remake de Agarrálo como puedas, ahora con Liam Neeson, que es el film que motivaba esa idea, está en el terreno de la comedia de acción (y muy tendente a lo segundo, por lo que se pudo ver).

Otro aspecto preocupante, y en este caso tiene que ver más con el evento en sí, es la bajada del número de expositores y el espacio que ocupan. Año tras año ha ido menguando este aspecto. Este año había 74 empresas en el tradeshow, cuando en fechas prepandémicas, la cifra alcanzaba un número entre los 120 y 130.
Muchas empresas proveedoras en el ámbito de la exhibición han pasado o están pasando problemas, derivados también de los que han experimentado las propias salas de cine.
Asimismo, como decimos, las presentaciones de los estudios tienen un peso tan grande en el evento que durante las mismas el área expositiva está casi vacía. Al final, no son muchos los momentos en los que esta zona bulle con gente, de modo que algunas compañías entienden que no compensa la inversión.
Aún así, no parece un mal momento para el negocio. No nacen muchos complejos o cines nuevos (en España, al menos) pero sí están cambiando de manos bastantes o se están renovando para convertirlos en premium. De hecho, ahí radica gran parte de las tendencias del área de exhibición: butacas de mayor confort y salas especiales de gran formato o boutique con tecnologías inalcanzables en el ámbito doméstico.
Los cines están invirtiendo mucho y eso implica dos cosas principalmente: una que son rentables y al público le atraen esas propuestas diferenciales y dos que hay fe en el futuro del cine en el cine.