'Corredora' (Elastica Films)

Crítica ‘Corredora’: La soledad de la corredora de 800 metros

junio 1, 2026
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Aunque se habló de Corredora como candidata a la Biznaga de Oro del pasado Festival de Málaga, finalmente cosechó el Premio Asecan a la Mejor Ópera Prima. Y lo cierto es que reproduce, tal cual, muchos de los mayores defectos del cine español contemporáneo. Por Tonio L. Alarcón

‘Corredora’ (Elastica Films)

En lugar de limitarse a hacer una ampliación de su celebrado cortometraje Tormenta de verano (2022), Laura García Alonso ha preferido quedarse con algunas ideas, algunas imágenes y algunas situaciones para (re)situarlas en un contexto distinto, el del deporte de élite, en su debut en el formato largometrajístico, Corredora (2026).

Así, si allí no ahondaba en lo que había detrás del brote psicótico de su protagonista, Nuria (Lola Dueñas), en cambio dedica mucho más tiempo a explicar qué es lo que ha provocado el desequilibrio en las sustancias neuroquímicas del cerebro de Cris (Alba Sáez), más allá de la presión a la que se ve sometida (y a la que se somete ella misma) para maximizar su rendimiento como atleta profesional.

Más allá de planos o soluciones visuales que se reiteran entre ambas obras (la protagonista dormida en el coche por efecto de la medicación, la cámara nerviosa para representar el rebrote de la enfermedad), García Alonso trabaja un planteamiento narrativo muy similar, pese a pasar, a nivel de dirección de fotografía, de Christos Voudouris a Gina Ferrer.

‘Corredora’ (Elastica Films)

Su estilo es muy observacional, en apariencia muy distante, al volcar sobre la pantalla la influencia directa de la tradición catalana del documental originada, a principios del siglo XXI, por la obra de José Luis Guerín y Joaquim Jordà.

En los momentos de sosiego, apenas hay movimientos de cámara, más allá de algún reencuadre aislado: la directora y la encargada de la fotografía priorizan el uso del trípode. De hecho, a menudo sostienen el plano sobre los actores, confiando a veces en su expresividad, y otras sobreexplicando (o sobresubrayando) los conflictos a través del diálogo.

No creo que sea ninguna sorpresa que lo más interesante de Corredora esté en aquellos momentos en que García Alonso retrata las caídas del personaje de Sáez en el brote psicótico, pues también es cuando la narración se hace más expresiva, menos vulgar.

Ahí, junto a Ferrer, libera la Arri Alexa 35 de trípodes, travellings y E-CARs para sostenerla cámara en mano, transmitiendo una tensión al relato que incentiva el trabajo en la banda sonora de Susana Hernández (DJ Ylia) y Enrique Bermejo. En esa colaboración se genera un fondo auditivo caótico, incómodo, que provoca cierto malestar en el espectador, al transmitir con notable eficacia esa pérdida del contacto de la realidad de su protagonista.

Lo cuestionable del largometraje comienza, precisamente, en esas medias tintas a través de las que está concebido el arco dramático de su personaje principal.

Para ser un relato centrado en algo tan grave como la enfermedad mental, Corredora pasa bastante de puntillas por la trascendencia de un diagnóstico de semejante gravedad. Resulta evidente que, a la hora de desarrollar el libreto, tanto García Alonso como su coguionista, Pol Cortecans, han querido huir con tanta firmeza de la estigmatización de los brotes psicóticos que han acabado por banalizar la importancia de un tratamiento farmacológico adecuado para superarlos.

Todo, para resaltar la (supuesta) fuerza interior de su protagonista, retratándola como una heroína que batalla contra el sistema, en lugar de una irresponsable que no escucha a quienes la rodean.

Precisamente, García Alonso apuntaba en entrevistas que, con la decisión climática de su protagonista, pretendía construir un contrapunto a obras estadounidenses como El luchador (2008), Cisne negro (2010) o Whiplash (2014), obviando que tanto Darren Aronofsky como Damien Chazelle estaban ofreciendo visiones muy críticas con una sociedad tan ultracapitalista como la estadounidense.

No late una trascendencia semejante tras el personaje de Sáez que, a tono con la inconsistencia dramática del largometraje, ni se atreve a inmolarse por la ambición personal que todavía arrastra, ni muestra intención alguna de reinventarse a raíz de lo ocurrido.

‘Corredora’ (Elastica Films)

De ahí surge lo que, seguramente, impide que Corredora logre alzar el vuelo pese a lo sugerente de su punto de partida. Que su directora se niega a cuestionar tanto la actitud como las decisiones de una protagonista que, desde el principio, se nos retrata como altiva y soberbia, en lo que quizás tenga algo que ver la actitud un tanto gélida de su actriz principal.

Resulta inevitable la comparación con La soledad del corredor de fondo (1962), si no fuera porque, ahí, el guión de Alan Sillitoe tenía la inteligencia de contrastar el carácter agrio, un tanto insoportable, de Colin Smith (Tom Courteney), con la asfixiante presión de una institución penitenciaria que funcionaba como metáfora de la sociedad británica de principios de los 60.

En cambio, en el universo creado por García Alonso y Cortecans no existe semejante confrontación (al revés, todo el mundo parece temeroso de contrariarla), así que se le pide al espectador un salto de fe, sencillamente, porque el largometraje gira alrededor de Cris. Lo que retrata mejor a nuestra sociedad, pero sobre todo nuestro concepto de la narración cinematográfica, que el propio conflicto de la película.