'Gaua' (Filmax)

Crítica ‘Gaua’: La venganza de las brujas

noviembre 17, 2025
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En la actual idiosincrasia de la cinematográfia española, en la que el fantástico puro tiene una presencia cada vez más tangencial, cabe celebrar la existencia de un creador como Paul Urkijo, que sigue fiel al género en su tercer largometraje, Gaua. Por Tonio L. Alarcón

‘Gaua’ (Filmax)

A caballo entre Errementari (El herrero y el diablo) (2017) e Irati (2022), Paul Urkijo rodó un pequeño corto de apenas diez minutos, Dar-Dar (2020), en el que estaba plantando la semilla creativa que ha acabado germinando en Gaua (2025).

Esa pequeña pieza de terror en blanco y negro, con cartelas en lugar de diálogos para evocar al cine mudo, anticipaba el salto adelante técnico que iba a suponer el segundo largometraje del cineasta vasco. Pero también suponía una aproximación mucho más directa al horror, sin escapes humorísticos ni subtramas infantiles: Urkijo sencillamente tomaba una pieza de folclore autóctono y la reflejaba en toda su crudeza.

Sobre el papel, lo que propone Gaua es el entrecruzamiento de otros tantos episodios breves inspirados en leyendas de origen vasco. No se trata, sin embargo, de un portmanteu film. Cierto es que Urkijo, en su labor como guionista, plantea una especie de relato marco a través de las figuras de Remedios (Iñake Irastorza), Graxiana (Elena Irureta) y Beltra (Ane Gabarain). A la hora de la verdad, su labor como narradoras simplemente justifica la división en fragmentos desordenados, que van rellenando los huecos expositivos, de idéntico arco narrativo: el que describe los avatares de la relación romántica entre Kattalin (Yune Nogueiras) y Maritxu (Erika Olaizola), inspirada en las figuras reales de Katalina Belauntzakoa y Maritxu Oiartzungoa.

‘Gaua’ (Filmax)

El director ha reconocido Pulp Fiction (1994) como una de sus principales influencias a la hora de (des)estructurar su película, pero a diferencia del trabajo de Tarantino, sus episodios no acaban de funcionar de forma independiente.

Cabe también aclarar que, si bien los capítulos que forman Gaua hacen referencia a otras tantas figuras del folclore terrorífico vasco, el tema central del largometraje es el universo de las brujas (y por extensión, también el de los inquisidores). Urkijo ya se había aproximado en sus anteriores obras, aunque fuera de forma tangencial, a los contornos del folk horror. Especialmente en Dar-Dar, en el que parecía querer reflejar la relación que Robert Eggers establecía con el silente en El faro (2019). Por lo que no deja de ser lógico que, aproximándose a una temática similar, sea aquí apreciable la influencia de La bruja (2017), sobre todo en un doble sentido.

Por un lado, en lo que ésta tenía de traslación cinematográfica del impulso adquirido por las religiones neopaganas, como metáfora de la desvinculación del sistema heteropatriarcal, gracias a la cuarta ola del feminismo. Pero, por otro lado, también su concepto realista, muy a ras de suelo, de la brujería, si bien no exento de conceptos visuales de raigambre fantástica.

‘Gaua’ (Filmax)

A ese nivel se establece una conexión directa entre ambos cineastas, debido a su interés por usar la obra fantástica de Francisco de Goya como referencia visual. Eggers tomaba su imagen de las brujas levitando directamente, sin escobas, de Vuelo de brujas, de la misma manera que su Phillip el Negro salía de El aquelarre.

De forma similar, Urkijo también trabaja junto a su director de fotografía habitual, el veterano Gorka Gómez Andreu, una construcción claramente pictórica de los encuadres. No es difícil, pues, distinguir en Gaua referencias a pinturas goyescas como El conjuro, San Francisco de Borja y el moribundo impenintente o Átropos, pero el episodio centrado en el personaje de Olaizola es un clarísimo guiño a La pesadilla de Füssli.

El entendimiento alcanzado, ya en su tercer largometraje juntos, con Gómez Andreu, le permite desplegar una imaginería gótica que depura toda la concepción visual de sus anteriores trabajos. Y es que, para poder darle mayor protagonismo a las secuencias nocturnas o con muy baja iluminación, que enfatizan el tono fantástico de la narración, han optado por emplear una cámara digital más potente que la que usaron en Irati, pasando de una Alexa Mini a una Alexa 35 equipada con objetivos Atlas Orion.

Precisamente, Urkijo ha contado en Gaua con un presupuesto más ajustado que en el de su anterior y muy espectacular película, así que ha tenido que ejercer en ella un cierto esfuerzo de contención.

El resultado es una obra centrada en un pequeño grupo de personajes, así como en unas localizaciones relativamente reducidas, y que juega de forma inteligente con su empleo de los efectos especiales para poder desembocar en una escena climática de aquelarre donde el director claramente echa los restos a nivel de producción.

Allí toma las sugerencias fantásticas de Eggers y las lleva a un nivel mucho más explosivo, pero también más mediterráneo y más festivo, lo que le aproxima (dicho sin ningún ánimo peyorativo, más bien al contrario) al Paul Naschy de Inquisición (1976) o El caminante (1979).