La nueva propuesta de Chloé Zhao, Hamnet, hace carrera hacia los Óscar tras triunfar en la 83ª edición de los Globos de Oro y en los Critics Choice Awards 2026. Por Belit Lago

En 2021, Zhao recogía dos estatuillas por Nomadland (2020): a Mejor Película y a Mejor Dirección, los mismos reconocimientos que obtuvo en los Globos de Oro de aquel año. Era su tercer largometraje y, como directora, competía con Fincher (Mank), Fennell (Una joven prometedora), Vinterberg (Otra ronda) y Chung (Minari. Historia de mi familia), pero logró arrebatarles el galardón con una propuesta indie sobre una nómada de mediana edad que recorría el oeste de Estados Unidos en su furgoneta.
Tras el encargo —y el fiasco— de Eternals (2021) y un par de cortometrajes intermedios, la cineasta de origen chino vuelve a su esencia con la adaptación de Hamnet (2020), aclamada novela de la autora irlandesa Maggie O’Farrell, con quien ha colaborado en la escritura del guion, logrando una perfecta sintonía entre los estilos de ambas.
La corporalidad y el intimismo de O’Farrell se unen al naturalismo y la evocación sensorial de Zhao para crear un potentísimo retrato de una madre que ama, pero que también sufre.

Tanto el libro como la película parten de personajes reales —William Shakespeare, su esposa Anne Hathaway (Agnes en ambas ficciones) y sus hijos Susanna, Judith y Hamnet— para recrear algunos de los episodios más importantes de sus vidas: cómo se conoció la pareja, cómo llegaron a formar una familia y cómo el destino los torturó con la temprana pérdida de uno de sus hijos, quien da nombre a ambas obras.
Si bien la novela apuesta por el uso narrativo de flashbacks y flashforwards, la adaptación cinematográfica sigue una estructura más lineal, iniciando la historia con el encuentro entre Agnes y William —cuyo nombre no se pronuncia hasta bien entrada la segunda mitad del film— y, a partir de entonces, desplegando los acontecimientos en orden cronológico.
En una de sus primeras citas, él le cuenta a su enamorada el mito de Eurídice y Orfeo —la historia de amor entre una ninfa y un intelectual— con la intención de trazar un paralelismo entre ambas parejas, o quizá entre las dos mujeres y los dos hombres. Ellas pertenecen al bosque, refugio vital que, pese al empeño de ellos, nunca podrán abandonar.

La contraposición entre sus almas —la salvaje frente a la teórica— se ve representada en los espacios: mientras Will se traslada a la ciudad con la intención de atender el llamado poético, ella permanecerá en el campo, incapaz de reunir la voluntad necesaria para seguir a su marido.
Agnes, la verdadera protagonista de Hamnet, está conectada con la naturaleza a través de una fuerza ancestral que le habla y la arropa, y que también le ha enseñado todo lo que sabe, después de que su madre falleciera cuando aún era una niña. El amor que siente, primero hacia William y después hacia sus hijos —a quienes nutre y cuida ante la ausencia del padre— va transformándose al mismo tiempo que ella, pero nunca se desvanece, convirtiéndose en la fuerza que impulsa al personaje a seguir adelante pese a los infortunios que la golpean.
Jessie Buckley, con un Globo de Oro bajo un brazo y un Critics Choice Award bajo el otro, traspasa los límites de la pantalla y se entrega desde lo más profundo —como no puede ser de otra manera— a la representación de lo irrepresentable: el dolor por la pérdida de un hijo.
Y, lejos de brillar únicamente en los momentos trágicos, consigue mejorar (si cabe) la multitud de secuencias bellas de la película, protagonizando instantes cinematográficamente exquisitos: cada una de sus apariciones en pantalla es un viaje tan devastador como gratificante.
En el papel de uno de los dramaturgos más célebres de la literatura aparece un Paul Mescal que vuelve a trabajar la contención emocional como eje central del personaje. Como ya demostró en Normal People (Lenny Abrahamson y Hettie Macdonald, 2020) o Aftersun (Charlotte Wells, 2022), el actor consigue expresar su viaje interior a través de la inexpresividad: una tensión soterrada que florece gracias al arte, que le brindará la oportunidad de canalizar su sufrimiento.
Hamnet, como doble retrato del duelo en el que también se reflexiona sobre lo que podía significar ser mujer en el siglo XVI, aborda preocupaciones tan universales como la maternidad, la identidad o la pérdida.
En su vertiente menos narrativa, la película se reserva espacios para comunicar a través de las imágenes y su poder extralingüístico. Si para Shakespeare el mundo era un escenario, para Zhao el cine se convierte en una forma excepcional de hablar de los grandes temas.