Siete años después del estreno de Noche de bodas llega su secuela, que suma una final girl más a la ecuación y un séquito de secundarios a la altura de la diversión de la propuesta. Por Belit Lago

En 2012, tras varios cortometrajes, la dupla formada por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett debutó en la gran pantalla con V/H/S, la emblemática saga episódica que, a día de hoy, sigue sorprendiendo entrega tras entrega —la última, con la festividad de Halloween como hilo conductor, se estrenaba el año pasado—.
Tras un primer largo fallido, El heredero del diablo (2014), llegaría su entrada al terror mainstream: con Noche de bodas, que compitió en la 52ª edición del Festival de Sitges y obtuvo una nominación en los premios Saturn, los estadounidenses consiguieron la atención internacional que llevaban años buscando.
Para Samara Weaving tampoco era nuevo esto del género: en 2017 lo demostró por partida doble, como niñera satánica en The Babysitter (McG) y como aniquiladora de zombis en Mayhem (Joe Lynch). La australiana se ha consolidado como una de las scream queens contemporáneas —con permiso de Melissa Barrera o Mia Goth—, pese a que en Scream VI no lograra sobrevivir a la icónica primera muerte que abre cada entrega de la saga, punto de encuentro con sus directores, Matt y Tyler (también al mando de la anterior).

Otros títulos como Azrael (E. L. Katz, 2024) o Borderline (Jimmy Warden, 2025) corroboran que Weaving se mueve con soltura tanto en el folk horror más indie como en la comedia gamberra más sangrienta.
Noche de bodas 2 empieza justo donde termina la primera. Tras la explosión múltiple de los Le Domas al amanecer (o de quienes lograron sobrevivir a la noche de “juegos reunidos”), el personaje de Grace abandona la mansión y se sienta en las escaleras a fumarse un cigarrillo, bañada en sangre: una imagen que desde entonces ha circulado en forma de meme por todas las redes.
Ahí arranca este segundo asalto, en el que las cuatro familias que dominan el mundo (tras la reciente disolución de la quinta) lucharán por hacerse con el trono, actualmente en manos de la protagonista… hasta que alguien consiga arrebatárselo.
Lo que ocurre es que a Grace se le suma Faith, una Kathryn Newton que también viene despuntando en el terror reciente con títulos como Este cuerpo me sienta de muerte (Christopher Landon, 2020) o la notable Abigail, penúltimo trabajo de los directores del film que nos ocupa.
A la premisa “eat the rich” de la original, se le añade aquí una subtrama de tirantez entre hermanas que, en una versión menos dramática que la encabezada por Barrera y Ortega en Scream, se trabaja de forma más bien superficial (hemos venido a lo que hemos venido). Esa línea de conflictos familiares, que vertebraba algunos de los éxitos de género recientes, aquí funciona más como excusa que como despegue dramático.
El año pasado, en propuestas como Devuélvemela (Danny y Michael Philippou) o The Monkey (Osgood Perkins), las relaciones fraternales tenían un valor emocional mayor; en este caso, el pasado compartido entre ambas sirve, sobre todo, para duplicar la figura de la final girl y, con ello, el disfrute de ver caer, uno a uno, a los poderosos sin escrúpulos que les dan caza.

Entre ellos destacan una Sarah Michelle Gellar más guerrera que nunca —como hija de David Cronenberg y hermana de Shawn Hatosy—; un Néstor Carbonell pasado de vueltas; y, como director del cotarro —en el papel de abogado del Señor Le Bail, el gurú fantasmal del culto satánico al que la élite del Consejo rinde pleitesía—, Elijah Wood, el primero en apuntarse a este tipo de fiestas.
Sin salirse demasiado del manido esquema del survival, Noche de bodas 2 resulta una continuación digna de la original: más personajes, más muertes y más intrigas.
Especialmente luminosa —al cambiar la mansión por un amplio terreno al aire libre— y fiel al humor negro, ofrece un puñado de gags que, aunque no siempre funcionan, mantienen un equilibrio ajustado entre la tensión y las risas.