'Roofman' (Paramount Pictures)

Crítica ‘Roofman: Un ladrón en el tejado’: Viviendo en un Toys’R Us

diciembre 17, 2025
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La imposibilidad de llevar adelante su versión de Hombre lobo ha producido un hueco cinematográfico de nueve años en la filmografía de Derek Cianfrance, que da un interesante giro hacia la comedia bajonera con Roofman: Un ladrón en el tejado. Por Tonio L. Alarcón

‘Roofman’ (Paramount Pictures)

Puede decirse que Roofman: Un ladrón en el tejado (2025) es resultado de la imposibilidad por parte de Derek Cianfrance de romper de forma radical con su carrera anterior a través de un proyecto que, en manos de Leigh Whannell, se convirtió en Hombre lobo (2025).

En cierta manera, es una (relativa) cesión del director en base a la imagen que se ha forjado a lo largo de su carrera. Para hacer frente, pues, a la resistencia por parte de la industria a darle un vuelco a su concepto de lo cinematográfico, ha optado por dar un giro sobre seguro.

Así, aunque imprima un tono ligero prácticamente inédito en sus películas (y series) previas, al mismo tiempo plantea un retorno a una cierta estética indie, y sobre todo recupera una serie de temáticas afines a su filmografía previa.

‘Roofman’ (Paramount Pictures)

Y es que, aunque el director no haya sido consciente a la hora de aproximarse a la figura real de Jeffrey Manchester, hay evidentes paralelismos entre el personaje de Channing Tatum y el Luke (Ryan Gosling) de Cruce de caminos (2012). En ambos casos, se trata de figuras trágicas (o tragicómicas, en el caso de Manchester) que se ven obligadas a explotar sus talentos naturales dentro del mundo del crimen para, así, proveer a sus respectivas familias.

Precisamente ahí reside uno de los principales pilares argumentales de Roofman: Un ladrón en el tejado: en la clarísima filia por parte de Cianfrance por explorar la complejidad emocional de todo lo relativo a lo paterno y/o maternofilial. Tanto, como para que sea necesario entender, respecto a la historia de amor del protagonista con Leigh (Kirsten Dunst), que también se enamora de la posibilidad de ejercer como padre sustituto para sus hijas Dee (Kennedy Moyer) y Lindsay (Lily Collias).

De ahí la función narrativa que le da al director a esas fotos familiares, que sirven a Manchester como una especie de ancla emocional: su idea del amor romántico se dirige tanto a sus parejas como a los hijos compartidos con ellas.

Cierto es que Roofman: Un ladrón en el tejado dulcifica al ladrón real, desdibujando las posibles aristas respecto a sus motivaciones. Pero lo hace de forma muy consciente, aplicando un mecanismo de notable inteligencia: la presencia de la voz en off del propio personaje de Tatum.

Aunque su estilo descriptivo está muy influido por el de Nicholas Pileggi y Martin Scorsese en Uno de los nuestros (1990), aquí Cianfrance y su coguionista, Kirt Gunn, aplican una cierta subjetividad a la narración que encaja de forma perfecta con el talento de Manchester para la invención, para la tergiversación de la realidad.

El hecho de contar con un narrador no fiable, que claramente aplica un filtro romántico a los acontecimientos que se nos narran, permite a Cianfrance construir un relato más amable de lo habitual. De ahí que, aunque no esté exento de zonas oscuras, no deje un poso amargo, sino más bien agridulce. Un tanto melancólico, hasta cierto punto afín a las comedias tristes de Hal Ashby de los 70.

Precisamente la ambientación de la historia a principios de los 2000 ha impulsado al director a construir una especie de ejercicio nostálgico en lo formal, recuperando al mismo equipo técnico de Blue Valentine (2010) para ofrecer una puesta en escena lo más parecida al tipo de cine que se producía en esa época. Allí, Cianfrance y su director de fotografía, Andrij Parekh, rodaron las escenas previas al matrimonio de Dean (Gosling) y Cindy (Michelle Williams) en Super 16 mm para contrastar con las posteriores, ya captadas con una RED One.

En Roofman: Un ladrón en el tejado les interesaba la imagen cargada de grano, con aire seventies, de dichas secuencias, pero han optado por emplear celuloide de 35 mm de dos perforaciones, que ofrece mayor nitidez de imagen que el 16 pero con más imperfecciones que el 35 de cuatro perforaciones. Una suciedad que realzan, además, a través de una iluminación naturalista, prácticamente sin fuentes adicionales, que Parekh compensa con el uso de lentes de focal corta Leica Summilux-C, que se caracterizan por su luminosidad.

‘Roofman’ (Paramount Pictures)

Esa necesidad de Cianfrance de reconectar con ese pasado le impulsó a plantear a la diseñadora de producción, Inbal Weinberg, la importancia de contar con un Toys’R Us perfectamente funcional, con juguetes de la época, para ambientar gran parte del metraje.

Una inversión que otros creadores considerarían irrelevante, pero que resulta fundamental para la sensación continua de espontaneidad que ofrece Roofman: Un ladrón en el tejado, que parte de la absoluta libertad que el director le da a los actores para moverse dentro de la escena.

De hecho, Parekh se desdobló aquí como operador de cámara precisamente para no depender del blocking previo, llevando la Arricam LT empleada al hombro para, así, ofrecerle a los intérpretes la máxima flexibilidad dentro de los límites temporales de los rollos de 35 mm.