La situación actual de la industria y la deriva hacia lo digital y lo multijugador ha provocado una situación inédita en décadas: los videojuegos también se mueren. Por Manuel Sánchez Gómez

Hubo un tiempo en que la forma de hacer desaparecer un videojuego suponía tener que cargar camiones y camiones con cartuchos, llevárselos al desierto y enterrarlos bajo kilos de arena. Es lo que hizo Atari para deshacerse de casi 800.000 copias de sus juegos no vendidos, incluido el terrible ET: El Extraterrestre, de 1982, al incurrir en pérdidas por la crisis del videojuego que asoló la industria entre 1983 y 1985.
La saturación del mercado y la cantidad de títulos, con todos los respetos, malos, provocó una caída brutal en los ingresos de una industria que antes de ese fatídico 1983 parecía la gallina de los huevos de oro.
Afortunadamente, ese bache pudo ser solventado, en parte gracias al lanzamiento de la NES de Nintendo y la Master System de Sega, pero ahora, más de 40 años después, la industria de los videojuegos se enfrenta a una crisis similar, pero en la que las empresas, en lugar de enterrar sus títulos en el desierto de Nuevo México, optan por borrarlos del panorama.
DEJEN DE MATAR LOS VIDEOJUEGOS
Un ejemplo de los más sangrantes es el de The Crew, título de carreras lanzado en 2014 por Ubisoft. Este juego, para «evitar» la piratería obligaba a los usuarios a estar conectados de forma permanente a internet, aunque fuera para utilizar las funciones ‘online’, por lo que, cuando en 2023 Ubisoft anunció que dejaría de apoyar el videojuego y que retiraría los servidores ‘online’, este quedaría inservible. De forma oficial, es decir, sin parches ni ayudas de la comunidad, no se podría jugar a un título por el que millones de personas habían pagado.
Esta decisión provocó la creación de la iniciativa «Stop Killing Videogames» (Dejen de matar los videojuegos) con la que el creador de contenido Ross Scott animó a los usuarios a demandar de forma conjunta a Ubisoft ante la oficina de defensa al consumidor de Francia, además de que dos personas en California denunciaron a la compañía francesa por «engañar a los usuarios».
Ubisoft trató de desestimar esta demanda basándose en los famosos términos y condiciones que nadie se lee y en los que se aclara que, cuando se compra un videojuego, no se adquiere el título en sí, sino una licencia de la que es propietaria final la propia empresa. El mensaje al consumidor fue claro: «Los videojuegos que compráis no son vuestros».
CONCORD Y ANTHEM, LOS EJEMPLOS MÁS RECIENTES
Y los ejemplos no han parado desde entonces. Concord, el ‘shooter’ multijugador de PlayStation es uno de los casos más sonados de los últimos tiempos, por durar apenas unas semanas en el mercado y por haber desaparecido ya para siempre, y también está el de Anthem, en 2019 uno de los buques insignia de Microsoft.
Este RPG multijugador ‘online’ cuyo principal atractivo era la movilidad y los poderes de los trajes de los protagonistas fue uno de esos ejemplos en los que la desarrolladora, en este caso Bioware, engañó sin pudor a aficionados y prensa, con tráilers y demos que no se correspondían con el resultado final. Tras ser justamente criticado y no alcanzar las expectativas comerciales, Anthem se mantuvo como un título olvidable y olvidado hasta que hace unas semanas, Electronic Arts anunció su cese el próximo 12 de enero de 2026.
Al ser un juego que requiere de ‘online’ para jugar, el título no será accesible de ninguna manera oficial a partir de esa fecha.
La moraleja es que ningún título parece estar a salvo y, mientras que aún puedes desempolvar tu cartucho del Pokémon Amarillo, introducirlo en la Game Boy y jugar, treinta años después de su lanzamiento, el compromiso con el multijugador, con los juegos como servicio y con el ‘online’ de la industria actual provoca que muchos títulos estén a expensas de que las compañías quieran seguir manteniendo los servidores. El día que los números no les cuadren, los cerrarán. El esfuerzo que en 1983 suponía cargar camiones y enterrar los cartuchos en el desierto, ahora se intercambia por pulsar un botón. El botón de matar los videojuegos.