La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa futura para convertirse en una realidad cotidiana en muchos sectores, y el audiovisual tampoco se ha quedado ajeno a su llegada. Esta nueva tecnología, que avanza a un ritmo apabullante, podría utilizarse en diferentes áreas, incluyendo desde la escritura de guiones hasta la postproducción de imagen y sonido, pasando por la interpretación, el doblaje o la figuración; algo que actualmente está sobrepasando los marcos laborales y legales hasta ahora existentes. Por Fer S. Carrascosa

A consecuencia de ello, se están planteando nuevas preguntas acerca de si es ético o no implementar este tipo de tecnologías dentro de la industria, ya que mientras que durante años muchas de estas labores fueron ejecutadas a través del talento humano, este nuevo horizonte transformador plantea una cuestión incómoda pero en cualquier caso inevitable: ¿qué lugar ocuparán las personas en el sector audiovisual del futuro?
Dentro del sector audiovisual, en ningún ámbito resulta tan evidente esta tensión como en el de la interpretación, ya que la posibilidad de clonar voces, recrear rostros, generar multitudes digitales, o incluso producir interpretaciones completas sin intervención humana, ha encendido todas las alarmas dentro del sector, ya que no se trata únicamente de una cuestión tecnológica, sino de un debate sobre los derechos laborales, la autoría, la dignidad profesional y la supervivencia económica.
La IA no solo amenaza con cambiar la forma de trabajar, sino con redefinir por completo la manera de la que entendemos hoy en día el trabajo artístico.
En este sentido, el doblaje también se encuentra en este terreno donde la transformación iniciada con la llegada de las Inteligencias Artificiales se percibe con mayor dureza, ya que en muchos casos, estas tecnologías constan de herramientas de clonación de voz permiten reproducir entonaciones y estilos interpretativos con una fidelidad asombrosa que va perfeccionándose con cada nueva versión. Esto supone que muchas plataformas y productoras obsesionadas con la reducción de costes y la aceleración de procesos caigan en la tentación de prescindir de actores y actrices de doblaje profesionales.
El resultado es una presión constante sobre los estudios y los profesionales del doblaje, que ven cómo disminuye el volumen de encargos mientras aumenta la incertidumbre.
Algo similar ocurre en la figuración, un ámbito históricamente precarizado y poco reconocido dentro del sector audiovisual. La posibilidad actual de recurrir a estas IA para la creación de multitudes digitales permite eliminar de un plumazo a cientos de personas en un rodaje, lo que pone en riesgo a todo un colectivo.
Sin embargo, a diferencia de otros intérpretes, los figurantes parecen quedar fuera de muchas de las protecciones que ahora mismo se discuten en relación a la implementación de la IA, poniendo de relieve una jerarquía interna en la profesión interpretativa que la propia tecnología se está encargado de agravar, ya que cuanto menos reconocido está un trabajo, más fácil resulta sustituirlo.
Teniendo en cuenta todo este contexto, se está impulsando el Estatuto del Artista, una reforma largamente demandada que busca adaptar la legislación laboral a las especificaciones del trabajo interpretativo. En su tramitación más reciente, el texto incorpora una cuestión clave relacionada con la limitación del uso de la Inteligencia Artificial generativa para sustituir a intérpretes humanos en el sector cultural.
Esta medida, celebrada por muchos colectivos, pretende establecer un principio claro, basado en que la tecnología no puede reemplazar sin más el trabajo artístico sin consecuencias legales.
No obstante, la aprobación de este Estatuto no está exenta de controversia, ya que para algunos, llega tarde y con carencias importantes; mientras que para otros, es un primer paso imprescindible en un terreno todavía inexplorado. Además, el debate no puede reducirse a una lógica prohibicionista, puesto que otros muchos profesionales reconocen que la IA también puede ser una herramienta útil si se emplea con criterios éticos, transparencia y consentimiento.
El problema no es la tecnología en sí, sino el modelo económico que la impulsa y que prioriza la eficiencia y el ahorro de costes frente a la calidad artística y el respeto a los derechos laborales.
El riesgo, si no se actúa con claridad, es doble. Por un lado, este escenario puede desembocar en la precarización de miles de trabajadores y trabajadoras del sector audiovisual, y por otro, en una pérdida cultural difícil de medir y que podría dar como resultado la uniformidad de voces, la despersonalización de las interpretaciones y la homogeneización de todos los productos audiovisuales; ya que el doblaje, la interpretación o incluso la figuración no son meros procesos técnicos, sino expresiones culturales que conectan con el público de forma profunda.
Teniendo en cuenta todas las aristas de este complejo problema, desde RUBIK Audiovisual hemos querido acercarnos a estas tres vertientes del mundo de la interpretación que se erigen como los principales damnificados de la implementación de la IA en el sector audiovisual, y para ello, hemos podido contar con tres voces de gran bagaje profesional que nos acerquen a la problemática a la que deben enfrentarse en cada uno de estos tres casos diferentes: Ignacio Martín Pina, responsable institucional del sindicato Unión de Actores y Actrices; Esther Gómez, CEO de Best Digital, uno de los estudios de postproducción de sonido y doblaje más importantes de España; y por último Iván Armesto, director de la división de Audiovisual de Temps, empresa especializada en el campo de la figuración.

Para comenzar, quisimos saber cuál era la perspectiva de la Unión de Actores y Actrices respecto al principal riesgo que suponen las Inteligencias Artificiales para la profesión interpretativa, a lo que IgnacioMartín Pina dio su visión: “Los riesgos son muchos, a nadie se le escapa que la IA es una tecnología disruptiva y nos plantea una realidad incierta. Ahora bien, desde la Unión tenemos la obligación de poner el centro del debate en los rodajes y en los tiempos de la IA. En ese sentido tenemos claro que el riesgo más grande es perder el control de decidir dónde y cómo aparecer, cuando puedes ver una copia generada por IA de ti mismo sin que tú hayas aceptado que se haga”.
En la misma dirección, Esther Gómez profundiza en cómo está afectando este tipo de tecnología y la capacidad que tiene de clonar voces en el volumen de trabajo que reciben actualmente en Best Digital: “La irrupción de la IA en doblaje, sobre todo en clonación de voces, ya se nota en el volumen y el tipo de encargos que llegan a un estudio como el nuestro, pero su efecto es desigual según el cliente y el rango del producto”.
Según nos cuenta, en proyectos de bajo presupuesto, marketing digital y grandes volúmenes para redes o elearning, “vemos más presión hacia soluciones automatizadas”, mientras que en cine, series premium y animación, “los clientes siguen asociando valor y retorno a la interpretación humana”.
“Lo que sí ha cambiado de forma clara son los tiempos y las expectativas: se nos pide entregar más rápido y con tarifas más ajustadas, y parte de esa tensión viene de que las plataformas comparan constantemente el coste de un reparto humano con el de un flujo semiautomatizado. Algunos clientes incluso ya nos han llegado a pedir que les enviemos presupuestos utilizando IA, cosa que nosotros no hacemos”, explica.
Igualmente, Iván Armesto, de Temps, también indica el impacto que la IA podría tener en un sector como el de la figuración: “Aunque actualmente las grandes multitudes de figuración se suelen multiplicar con VFX, no exactamente con IA, imaginamos que pronto llegará su implementación”.
Por otra parte, también hemos querido conocer la diferencia entre el uso de la IA como una mera herramienta de apoyo frente a su uso como sustituto total de intérpretes.
En ese sentido, Esther Gómez nos explica la diferencia centrándose en el ámbito del doblaje: “Desde dentro del sector, la diferencia entre usar IA como herramienta de apoyo técnico y usarla como sustituto directo es radical, tanto ética como creativamente. Como herramienta, hablamos de asistencia en traducción, takeo, ajuste rítmico, detección de errores o generación de guías temporales, siempre al servicio de un director y de un elenco que toman las decisiones interpretativas”.
Como sustituto, “la IA pasa a ocupar el lugar del intérprete, replicando o inventando voces completas”, lo que “no solo pone en riesgo el empleo, sino que afecta a la autoría de la interpretación y abre problemas serios de derechos, consentimiento y control sobre la propia voz”.
La posición como estudio de Best Digital es clara: “la IA se puede utilizar como herramienta de apoyo para facilitar tareas técnicas, pero hoy por hoy no puede sustituir a la actriz o el actor, ni al director”.

A este respecto también se pronuncia Ignacio Martín Pina, de la Unión de Actores y Actrices: “La tecnología es parte del trabajo actoral, somos realistas. Ahora bien, ¿el uso de la IA se trata de agilizar procesos, o se trata de eliminar la participación humana en el proceso artístico? Existen ya ejemplos de protecciones en el ámbito internacional, en países como Estados Unidos, Alemania o Italia, por poner algunos ejemplos, y en todos ellos se diferencian claramente los usos técnicos y los usos creativos. En todos los usos deberá garantizarse el derecho del actor y actriz a decidir sobre su imagen, es decir si quiere ser parte o no; y si, en caso de que quiera, qué remuneración debe percibir”.
Por el contrario, desde Temps, Iván Armesto comparte una visión más optimista: “Probablemente habrá modificaciones y cambiarán las cosas, como siempre han cambiado. Pero sigo pensando que no va a suponer una desaparición progresiva del negocio. Yo sé que asusta a mucha gente, pero los que nos dedicamos a esto, precisamente no tenemos miedo a nada”.
Esta cuestión nos lleva a plantear cómo afecta la aparición de este tipo de tecnología directamente al negocio en términos económicos. Para conocer el impacto que está teniendo en el ámbito de la figuración, Iván Armesto comenta: “En el sector audiovisual hablar de pérdida de oportunidades no siempre es acertado, porque si hay un lugar en el mundo que se reinvente cada día es este, así que nunca se sabe si es un obstáculo o una oportunidad”.
En este sentido, Esther Gómez nos explica cómo la IA está acelerando el proceso de priorizar la reducción de costes por encima de la calidad artística en el ámbito del doblaje: “La lógica de reducción de costes ya existía mucho antes de la IA, pero estas herramientas la han acelerado porque convierten lo que antes era impensable en algo técnicamente posible. Cuando una plataforma ve que puede generar versiones en varios idiomas a una fracción del coste, la tentación de sacrificar el matiz interpretativo a cambio de más volumen y velocidad es muy fuerte. Lo que estamos viendo es una segmentación: productos bandera donde se cuida el talento y se invierte en doblaje artístico, y otros contenidos donde se experimenta con flujos automatizados y presupuestos mínimos. Para Best Digital, la calidad siempre ha sido una prioridad y hoy por hoy la calidad de un doblaje con IA no es la misma”.
Por otra parte, también hemos querido averiguar cuáles son las líneas rojas que el sindicato Unión de Actores y Actrices considera imprescindibles a la hora de proteger los derechos de los intérpretes, a lo que Ignacio Martín Pina nos explica: “Nosotros tenemos claro que las réplicas digitales deben estar muy controladas. Todos tenemos derecho a mantener el control sobre nuestra imagen y toda persona tiene derecho a decidir si su imagen se utiliza o no. Con mucha más razón cuando tu imagen es tu herramienta de trabajo. Por ello, en el decreto de la reforma laboral de artistas hemos exigido que los usos de la imagen del actor o actriz debe limitarse al contrato de trabajo, y que en ningún caso debe sustituir o eliminar su participación”.
A este respecto, hemos querido conocer cuál es la opinión de Best Digital respecto a las seguridades que pretende otorgar el Estatuto del Artista a los actores de doblaje, impidiendo a través de la prohibición el uso de la IA generativa para sustituir a los intérpretes: “Que el nuevo Estatuto del Artista plantee prohibir el uso de IA generativa para sustituir intérpretes llega tarde respecto a la tecnología, pero a tiempo para marcar un marco de juego claro si se aplica bien. Medidas como impedir que se utilicen voces clonadas sin consentimiento y exigir que la IA no sustituya al intérprete, sino que opere como herramienta, son claves para que el sector no se convierta en un lugar de explotación de voces y datos. Ahora bien, la norma por sí sola no salvará puestos de trabajo si no va acompañada de contratos tipo, cláusulas específicas (como las que ya se están introduciendo para blindar el uso de grabaciones frente a la clonación) y voluntad real de cumplimiento por parte de las plataformas y las productoras. Como estudio, vemos la regulación más como un cinturón de seguridad necesario que como un freno al progreso, que nunca es posible: da certidumbre jurídica y protege la relación entre intérprete y obra”.
Sin embargo, el borrador del Estatuto del Artista no incluye de manera firme a los figurantes en este blindaje frente a la IA, algo que desde Temps vaticinan que se acabará resolviendo: “Como efectivamente, por el momento no es más que un borrador, esperemos que todo quede regulado. Creo que es lo mejor para todos, y cuanto más claro esté escrito, mejor. Nos entenderemos entre todos”.
Además, Armesto tiene claro cuál debe ser la solución legal para evitar que la IA elimine la figuración humana del sector audiovisual: “Deberán sentarse con la patronal y hablarlo, creo que los derechos de imagen son el punto a tratar”.
El director de la división Audiovisual de Temps también se ha mojado sobre las reclamaciones que el colectivo de figurantes está realizando para ser reconocidos como intérpretes a todos los efectos, y si esta falta de reconocimiento histórica está facilitando su sustitución tecnológica: “Lo que define qué son los figurantes es el convenio que ellos firman con las productoras. Por otro lado, no creo que a corto plazo esto vaya a cambiar, ni que les afecte a sus derechos.”
Además, más allá de la prohibición de sustituir a los intérpretes por IA generativa que establece el Estatuto del Artista, también hemos querido conocer qué otros mecanismos de control podrían utilizarse para garantizar un uso ético de la IA en el sector audiovisual.

Desde la Unión de Actores y Actrices, Ignacio Martín Pina nos responde: “Debemos diferenciar entre lo ético y lo legal. El uso legal debe garantizar el derecho del actor y de la actriz para decidir en qué proyecto participar, sin que les dupliquen, y reconocerse en sus trabajos. Para ello estamos trabajando con el Ministerio de Trabajo y en el convenio colectivo. Respecto de la ética debemos preguntarnos qué cultura queremos tener como país. Para nosotros es evidente que la participación humana es un requisito y que el resto de elementos son un acompañamiento a la sensibilidad y creatividad que solo las personas aportamos”.
La dificultad actual reside en encontrar un equilibrio en el modelo de convivencia entre la tecnología y el talento puramente humano para garantizar la supervivencia de estas disciplinas artísticas. En el caso concreto del doblaje, Esther Gómez nos explica cómo están afrontando esta dicotomía desde Best Digital: “El modelo de convivencia que defendemos pasa por tres pilares: talento humano en el centro, IA como herramienta visible y regulada, y transparencia con clientes y público”.
Para ellos, el estándar deseable sería: interpretación siempre a cargo de actores y actrices, apoyo de IA solo en tareas técnicas o de refuerzo dentro del mismo proyecto y personaje, y un marco contractual que garantice el consentimiento informado y la compensación justa cuando se use tecnología sobre la voz de alguien. Apostamos por un doblaje donde la calidad artística sea un activo competitivo, no un coste a recortar, y donde se invierta tanto en formación de elencos y directores como en integrar tecnologías que respeten la autoría y los derechos de las personas que ponen voz a las historias para seguir ofreciendo un doblaje de calidad”.
De este modo, podemos concluir que el desembarco de la IA en la industria audiovisual no es una hipótesis a futuro, sino que ya se ha convertido en presente, exigiendo una serie de toma de decisiones de carácter valientes y consensuadas. Las voces de la Unión de Actores y Actrices, de Best Digital y de Temps reflejan que el debate no se sitúa en un rechazo frontal a la tecnología, sino en la necesidad de establecer marcos y límites claros que sitúen a las personas en el centro del proceso creativo.
La cuestión ya no es si la IA formará parte del ecosistema audiovisual, sino bajo qué condiciones lo hará y a quién beneficiará realmente su implementación. Si el progreso se orienta únicamente hacia la reducción de costes y la maximización de beneficios, el riesgo será una industria más precaria y culturalmente empobrecida; pero si se articula desde la regulación, la transparencia y el consentimiento, puede convertirse en una herramienta de apoyo que amplifique y no sustituya el talento humano. El reto, por tanto, no es tecnológico, sino político, económico y ético.