'The Brutalist'

Entre el recelo y la oportunidad: Hollywood y la inteligencia artificial

julio 9, 2026
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Entre los grandes protagonistas de la LXXIX edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, celebrada entre el 12 y el 23 de mayo de 2026, figuró la inteligencia artificial, en boca de numerosos asistentes al certamen. Por Diego Salgado

‘The Brutalist’

La industria del cine, y en particular la de Hollywood, aprovechó el marco del festival para escenificar una desescalada en la guerra declarada hasta ahora contra esta nueva tecnología.

I.

“No creo que la inteligencia artificial generativa implique la desaparición del cine, tal y como tememos hoy. Tampoco creo que constituya la solución a los problemas que arrastra el sector. Nos hallamos en los estadios iniciales de su uso. A lo mejor, dentro de cinco años echamos la vista atrás y concluimos que esta primera fase tentativa fue al menos divertida. O a lo mejor, resulta que para entonces estamos usando la inteligencia artificial mucho menos de lo que imaginamos ahora mismo. En cualquier caso, siempre he entendido el cine como un ejercicio de exploración, y me apetece abordar este nuevo paradigma para comprender con qué lidiamos realmente, más allá de que se trate, obviamente, de una tecnología mediatizada por algunas de las corporaciones tecnológicas más poderosas de nuestro planeta”.

Estas declaraciones de Steven Soderbergh, concedidas a las revistas Variety y Vanity Fair, dan cuenta precisa del punto de inflexión que la última edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, celebrada el pasado mes de mayo, ha representado para los debates en torno a la intromisión de las IAs generativas en el desarrollo de la producción audiovisual.

Soderbergh, cuyo cine se ha caracterizado en efecto por un talante curioso y desprejuiciado ligado al empleo de tecnologías recién aparecidas —filmación en digital, móviles, cámaras de visor electrónico—, presentó en el Festival de Cannes un documental, John Lennon: The Last Interview, cuyo metraje se debe en un 10% a la IA generativa Meta, lo cual le granjeó numerosas críticas. Y es que, hasta el momento, las industrias del cine y la televisión solo habían tenido oficialmente en consideración las inteligencias artificiales predictivas, útiles desde hace al menos una década para analizar datos y deducir de los mismos patrones y tendencias.

La elaboración de guiones, el cálculo de costes de producción, la previsualización de planos, la creación de ciertos efectos especiales y las estrategias de distribución y exhibición, son algunos de los sectores en los cuales juegan ya su papel herramientas como Runway, Quilty, Metaphysic y Largo.ai.

Sin embargo, el rechazo fue total al entrar en escena entre 2021 y 2022 las inteligencias artificiales generativas, capaces de producir simulacros cada vez más perfeccionados de textos, ilustraciones, fotografías e imágenes en movimiento merced al procesamiento de cantidades masivas de datos. Las redes sociales nos han familiarizado con los efectos cinemáticos que obtienen Kling AI, Seedance, Sora, Veo y otras IAs generativas, pero el entusiasmo de sus usuarios contrasta con la animadversión hacia ellas que ha puesto de manifiesto una y otra vez el mundo del arte y la cultura, en concreto el del cine.

‘John Lennon: The Last Interview’

Las razones son evidentes: las IAs generativas obtienen sus resultados mediante la gestión extractiva de imágenes creadas por los seres humanos, atentando en muchos casos contra sus derechos de autor, y al servicio en última instancia, como apuntaba Soderbergh, de grandes compañías ajenas a las industrias culturales, cuyo único objetivo es el de justificar la aplicación de la inteligencia artificial a todas las facetas de la vida humana, en una de las iniciativas más agresivas, impredecibles —y artificiales, valga la paradoja— en la historia del capitalismo.

Para el científico estadounidense Gary Marcus, una de las máximas autoridades en el pensamiento en torno a las IAs, el abandono acrítico a las mismas de las economías y las sociedades es susceptible de desembocar en un escenario distópico.

II.

Ahora bien, la reacción del audiovisual ante las IAs generativas ha adoptado formas diferentes según la localización de la industria. En Europa, el cine y la televisión se debaten entre las políticas proteccionistas hacia la cultura de los Estados, y el anhelo de estos por no perder la carrera hacia la supremacía geoestratégica; véase HispanIA 2040, hoja de ruta del gobierno español dirigida a convertir nuestro país en “uno de los más prósperos, justos y sostenibles del mundo”.

El cine latinoamericano, por su parte, oscila entre el rechazo desde el punto de vista autoral y la curiosidad por el potencial de la IA para subvertir la hegemonía económica y cultural del cine norteamericano, con la producción hondureña de animación COPÁN: La leyenda (2026) y el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias como epicentros respectivos de las controversias y las reflexiones.

‘COPÁN: La leyenda’

Ecosistemas audiovisuales como el surcoreano o el chino han abrazado la inteligencia artificial, sin que importen demasiado hasta el momento las quejas de creadores y críticos. En Corea del Sur empieza a normalizarse la presencia en la cartelera y las plataformas de streaming de películas en cuya producción ha intervenido la IA generativa —Run to the West (2025), I’m Popo (2026), The House (2026)—, mientras en China se vive un boom de microdramas sintéticos realizados para móviles cuyo volumen de negocio alcanzará este año los tres mil millones de dólares. Existen dos aspectos determinantes para la implantación de las IAs generativas en el audiovisual de Asia Oriental: el atractivo de la novedad —que pasará antes o después y contribuirá seguramente al estallido global de la burbuja de la IA que se pronostica desde hace un tiempo—, y el abaratamiento de los costes de producción que entraña su utilización.

Ese último aspecto es el que han esgrimido varias figuras de Hollywood en Cannes para acreditar la implementación de la IA en películas y series televisivas. Cabe recordar que, desde 2022, la Meca del Cine se encuentra sumida en una crisis sin precedentes derivada de la pandemia de COVID-19, la reducción de producciones para streaming, los paros laborales históricos en 2023 de actores y guionistas, los devastadores incendios de 2025 en California, la larga sombra de fusiones y adquisiciones entre compañías, y la competencia de los creadores de contenidos para Instagram, TikTok y YouTube; no es casualidad que habituales de YouTube como Kane Parsons, Curry Barker o los hermanos Danny y Michael Philippou hayan tomado por asalto en los últimos tiempos el cine estadounidense de terror.

Estamos, como puede apreciarse, ante una tormenta perfecta de sucesos que se ha traducido en la reducción de las producciones de Hollywood en un 40%, con la consiguiente pérdida de hasta cuarenta mil puestos de trabajo.

Este panorama ha hecho que el recurso a las IAs generativas y el debate en torno a las mismas se hayan impuesto al tabú: si hace un par de años la oscarizada The Brutalist (2024) era objeto de polémica por aplicar de puntillas la inteligencia artificial para mejorar la pronunciación del húngaro por parte de los protagonistas, Adrien Brody y Felicity Jones, y crear un efecto gráfico en los minutos finales, en estos momentos los artífices de la serie televisiva de Amazon Prime La casa de David (2025) presumen abiertamente de multitud de efectos visuales logrados gracias a IAs generativas, y lo mismo cabe decir del realizador Doug Liman; su nuevo proyecto, la intriga Bitcoin: Killing Satoshi, protagonizada por Casey Affleck y Gal Gadot, confiará sus exteriores e interiores, así como la iluminación, a la tecnología que nos ocupa.

‘I´m Popo’

Liman argumenta que, de este modo, un presupuesto estimado inicialmente en 230 millones de dólares se reducirá a 70. Al filme de Liman hay que sumar el documental ya citado de Steven Soderbergh, John Lennon: The Last Interview, y propuestas en mayor o menor grado de desarrollo que lideran Darren Aronofsky, Chuck Russell y Harmony Korine, entre otros. Tanto los ejecutivos de Disney como los directores James Cameron y Robert Zemeckis se han mostrado receptivos a los avances que vivimos, mientras que los actores Ashton Kutcher y Ben Affleck y, para sorpresa de muchos, un realizador tan venerado como Martin Scorsese han apostado sin medias tintas por ellos a través de startups…

Como adelantábamos, todas estas aproximaciones, cada vez más francas, de la industria estadounidense a las inteligencias artificiales generativas —que cabe entender tanto desde la perspectiva artística como la del pelotazo especulativo—, tuvieron en la última edición del Festival de Cannes un escenario privilegiado para su legitimación.

III.

Siguiendo la estela de la actriz y productora Reese Witherspoon, que, desde las páginas de la revista Glamour, alentaba el pasado mes de abril a las mujeres de la industria audiovisual a dejar atrás sus prejuicios sobre las IAs, dado que “los trabajos que ocupan tienen tres veces más posibilidades de ser automatizados que los de los hombres”, dos estrellas presentes en Cannes, Cate Blanchett y Demi Moore, expresaron un interés constructivo por el tema.

Para Blanchett, asistente al certamen como cofundadora del Displacement Film Fund, iniciativa de ACNUR para apoyar a cineastas desplazados por conflictos bélicos, “la innovación puede coexistir con la creatividad humana, y la inteligencia artificial es inevitable. Con el tiempo, formará parte de nuestra vida y de nuestras actividades, los debates públicos sobre ella son necesarios. Lo importante en el ámbito del audiovisual es que su utilización esté sujeta al consentimiento por lo que toca a nuestra imagen y nuestra voz”.

Moore, miembro del jurado de la sección oficial, fue más lejos al asegurar que “las IAs ya están aquí, y el marco regulatorio seguramente se va a quedar corto a la hora de fijar su uso. Hollywood tendrá que buscar la manera de trabajar con ellas. Resistirse supondrá embarcarse en una batalla que vamos a perder”.

‘La casa de David’

El responsable de las sagas de El señor de los anillos (2001-2003) y El hobbit (2012-2014), Peter Jackson, receptor en el festival de una Palma de Oro honorífica, se expresó en el mismo sentido, aunque haciendo hincapié en el factor creativo de la ecuación. En línea con Blanchett, Jackson cifró su línea roja “en la explotación sin permiso de las características de actores reales”, un problema que tratan de solventar corporaciones como la holandesa Particle6 Group, creadora de una granja de personalidades sintéticas entre las cuales destaca Tilly Norwood.

Por lo demás, para Jackson, “las inteligencias artificiales son una herramienta más, comparable a los efectos especiales de los pioneros del cine o el stop-motion. El impacto que tengan las imágenes generadas con IA dependerá de la imaginación y originalidad de las personas que alimenten los programas”.

Jackson incidía así en una cuestión que incomoda tratar en el ámbito de la cultura, superpoblado de artistas que aspiran a destacar y plataformas que compiten por nuestra atención: las IAs generativas no han sido un cisne negro, un suceso imprevisible y de consecuencias disruptoras, sino el corolario inevitable de un proceso enloquecido de producción y consumo, en especial de la imagen, que ha primado su condición de moneda de cambio en el mercado de la hiperconexión virtual sobre su valor expresivo.

En este sentido, la reflexión más lúcida escuchada en Cannes fue quizá la de otra actriz, Tilda Swinton, invitada por el festival a impartir una clase magistral. Para la intérprete de Orlando (1992) y La habitación de al lado (2024), “el cine ha sobrevivido a otras amenazas tecnológicas, las ha incorporado a su ADN (…) la inteligencia artificial no tendrá oportunidad ninguna de batirnos si, como cineastas, nos decantamos por el riesgo, por ir más allá de lo formulaico, por superarnos (…) lo que le frustra al público, lo que nos pone en peligro, es ir al cine para descubrir que la película por la que han apostado ya la han visto cuarenta veces”.