Las salas de exhibición continúan buscando la manera de remontar las cifras de asistencia al cine tras la pandemia. Vivimos en una era donde las plataformas brindan una comodidad al espectador que ha alejado a la audiencia de la experiencia de ir al cine. Sin embargo, no son la única razón de este distanciamiento. Ante este panorama, muchas salas están implementando nuevas fórmulas vinculadas a crear un evento especial para atraer de nuevo al público. Para abordar esta cuestión con más profundidad, hablamos con Javier Pachón, director ejecutivo y de programación de CineCiutat (Mallorca); Mireia Graell, productora de Ringo Media; y María Oliva, jefa de distribución en Sideral Cinema. Por Sara Rodríguez Martín

La caída de la asistencia a las salas ha llevado al sector de la exhibición a explorar nuevas fórmulas para atraer al público, unas herramientas que cada vez resultan más habituales para incentivar a la audiencia, sobre todo cuando se trata de cine independiente.
El auge de estas iniciativas también plantea un debate dentro del sector: hasta qué punto pueden reforzar la experiencia cinematográfica sin que el evento termine eclipsando a la propia película.
Para Javier Pachón —que además de dirigir CineCiutat es vicepresidente de la asociación de exhibidores Promio—, el sector todavía se encuentra en una fase de reajuste tras la pandemia. Un periodo en el que abundan las producciones, pero cada estreno compite por justificar el tiempo y el dinero de los espectadores. El interés por una película ya no garantiza necesariamente su consumo en salas, ya que la decisión de acudir al cine se ha vuelto más selectiva.
Mireia Graell, productora de Ringo Media, habla desde su experiencia trabajando con cine de autor e independiente y considera que la asistencia a las salas no evoluciona de forma homogénea y depende en gran medida del tipo de película. Al fin y al cabo no es lo mismo atraer al público a un blockbuster que a películas más autorales.
Es María Oliva, jefa de distribución en Sideral Cinema, quien opina que “la era cinematográfica prepandemia nunca va a ser la misma” y que anclarse en tratar de recuperar las cifras del pasado es un error ya que, bajo su punto de vista, el mercado actual responde a dinámicas diferentes.
Cambios en el sector y nuevos modelos de consumo
El público cinematográfico actual presenta perfiles muy distintos, y para Mireia Graell se pueden identificar dos tipos de espectadores. Por un lado, están aquellos que acuden al cine motivados por intereses muy concretos, ya sea una temática determinada, una saga o un género específico.
Por otro, destaca la fidelidad de un segmento tradicional que continúa manteniendo el hábito de acudir regularmente a las salas. El mayor reto radica, como mencionábamos antes, cuando la película es más autoral o independiente. “Hay otras ventanas para este tipo de películas, y ahí encontramos mucho mejor a nuestras audiencias, por ejemplo en festivales o en plataformas”, explica.
Javier Pachón, sin embargo, realiza un análisis más amplio y considera que el público ha aprendido tres grandes lecciones durante los últimos años. La primera es el descubrimiento masivo de las plataformas de streaming, que han ampliado el acceso al cine para perfiles de espectadores que anteriormente no consumían este tipo de servicios. “Ahora hasta mis padres tienen Filmin”, comenta como ejemplo de una tendencia generalizada.
La segunda lección radica en que la expansión de estas plataformas también ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con nuevas estrategias frente a una oferta cada vez más amplia. “Al final, la broma que tenemos en la industria es que el show más visto en Netflix es la página de inicio”, apunta.

Finalmente, la tercera lección es la recuperación del valor de las experiencias compartidas. Frente a las posibilidades del consumo doméstico, piensa que el público está redescubriendo la dimensión social de acudir a una sala de cine: “Vamos recordando que nos gusta hacer cosas juntos. La experiencia comunitaria de salir de casa y ver películas con desconocidos tiene un valor que tal vez habíamos olvidado”.
Estamos llegando a un punto donde esta misma experiencia comunitaria no es suficiente para atraer de nuevo al espectador. María Oliva habla de “la era del más que cine” al referirse a este escenario donde muchas salas comienzan a incorporar actividades complementarias a las proyecciones: coloquios, encuentros con directores, presentaciones especiales o debates, entre otras muchas iniciativas. Son formatos que han ganado protagonismo por esa necesidad que existe de hacer que una película destaque para que se vea. “¿Cómo ponemos en valor ver una película de manera colectiva? Pues vamos a darle también la experiencia del evento”, explica.
Sin embargo, advierte de que estas iniciativas plantean una contradicción: “Esto no pone en valor la película ni la experiencia del cine por sí misma, sino el sobreesfuerzo que hacemos para acompañarla”.
Una competencia constante con las plataformas de streaming
Aunque las salas independientes, como las pertenecientes a la red de CineCiutat, suelen compararse con los grandes complejos cinematográficos, Pachón rechaza esa visión simplificada: “Nuestro competidor es el sofá, y va más allá”. A su juicio, la verdadera competencia no ocurre meramente entre cine y plataformas, sino que existe un mercado más amplio donde las plataformas son solo la punta del iceberg: “También competimos con el bar del barrio que organiza charlas o recitales de poesía”.
Aun así, considera que las salas independientes aportan elementos diferenciales vinculados a la proximidad, la sostenibilidad y el apoyo a la producción local, además de la cercanía emocional y comunitaria. Destaca que estos espacios suelen ofrecer una mayor visibilidad a producciones europeas, nacionales o locales que difícilmente encontrarían cabida en otros circuitos.

Por su parte, Mireia Graell sí que señala la comodidad de las plataformas como factor clave: “Hay muchas películas que la audiencia prefiere ver en casa o esperar a que llegue a x plataforma”. Esto ocurre cuando la película no genera el suficiente interés para ir a verla al cine y asumir el gasto económico. Según explica la productora, muchas personas no están dispuestas a destinar parte de su presupuesto a una entrada de cine cuando saben que podrán acceder posteriormente a la misma película desde sus hogares.
Además, para las producciones independientes es muy complicado conseguir visibilidad en un mercado saturado de lanzamientos: “El poder destacar un poquito para que escojan tu película es el principal reto”. Ante esta situación, afirma que se requiere “un ejercicio muy grande de marketing, conocer muy bien la película que tenemos entre manos y saber apuntar a su público”.
Esta necesidad de hacer que una película sea ‘La Película’, la gran elegida de entre todas las ofertadas, ha derivado, según María Oliva, en la necesidad de “generar la sensación de película-evento o de película imprescindible. Ahí es donde el público encuentra la razón de ir”, explica.
El Cine: experiencia o evento
María Oliva también señala que los datos de asistencia suelen ser superiores cuando la proyección incorpora actividades complementarias, sobre todo cuando se trata de producciones independientes: “Hay películas que necesitan sí o sí de este acompañamiento porque, si no, es muy complicado conseguir atraer y diferenciarse”.
“Lo que estamos viendo es que se quiere que la experiencia en cine valga la pena”, explica Javier Pachón, quien sitúa la llamada “eventización” del cine como una estrategia muy favorable de cara al futuro. Uno de los fenómenos que más llama la atención al exhibidor es el comportamiento de los espectadores más jóvenes. Pachón señala que los datos de la industria muestran que la Generación Z se ha convertido en el principal público de ciclos retrospectivos y reposiciones cinematográficas. Este interés representa una oportunidad para conectar con nuevos públicos y acercarlos a otras propuestas cinematográficas.
Mireia Graell también valora positivamente este tipo de iniciativas: “Donde hay coloquio acude más gente que donde no hay coloquio”. Aún así, también advierte de que estas actividades presentan limitaciones económicas importantes para las producciones independientes. “Si el coloquio es en Barcelona y la directora está en Barcelona, es sencillo. Pero si es en Madrid ya no me sale a cuenta pagar el AVE, el hotel y todo lo que implica”, comenta, reconociendo que en muchas ocasiones estas acciones se realizan aun sabiendo que no generarán beneficios económicos directos.
Javier Pachón señala alguna de las iniciativas de CineCiutat para fomentar que la audiencia vuelva a las salas. Entre ellas destaca ‘Descubriendo cine de estreno’, una iniciativa que permite ofrecer pases especiales de películas que, por diferentes motivos, no formarían parte de la programación habitual. También menciona ‘Conversando con’, una propuesta basada en coloquios posteriores a las proyecciones que pueden contar con la presencia de directores, miembros del equipo artístico o representantes de colectivos relacionados con las temáticas abordadas por las obras.
“Desde que el ser humano es ser humano, la gente se junta alrededor de un fuego para contarse historias y contarse cómo se siente”, señala, destacando que ir al cine es algo más que ir a ver una película.
La creciente importancia de estas actividades plantea también interrogantes sobre el futuro de la exhibición. María Oliva, quien señala el riesgo que existe de que la industria termine dependiendo de forma estructural de este tipo de incentivos. “No deberíamos depender de esto. Está bien como valor añadido, pero no debería ser lo que le dé valor al cine”, señala.
Además, como cabría esperar, todos estos cambios también afectan a la propia producción cinematográfica. En su opinión, los grandes estudios atraviesan una etapa especialmente conservadora en la que predominan las secuelas, remakes y reinicios de franquicias. Algo que responde, según explica, a la voluntad de reducir riesgos económicos en un contexto de incertidumbre. Mientras tanto, el cine independiente continúa buscando espacios para hacerse visible dentro de un mercado dominado por grandes campañas promocionales.
Por su parte, Mireia Graell considera que “el hecho de que la sala esté llena, sea por un coloquio o por cualquier otro evento, la lleva hacia esa colectivización, hacia que todo el mundo ría o llore junto”. Por otro lado, coincide con María Oliva en lo mucho que esta nueva corriente está afectando al proceso de producción, reconociendo que, cuando trabaja en nuevas películas, suele imaginar posibilidades vinculadas a sus temáticas. “Si, por ejemplo, estamos desarrollando una película alrededor de la cosmología, se te va la cabeza pensando que podrías hacer cosas en un observatorio”.

Infraestructuras e incentivos a la exhibición
No todas las producciones ofrecen las mismas oportunidades para generar actividades complementarias y según explica Mireia Graell, “los eventos de animación no tienen tanta visibilidad como los de ficción o los documentales”.
Asimismo, observa que aquellas obras cuyos creadores tienen una conexión personal fuerte con el relato suelen facilitar la organización de encuentros y coloquios. Como ejemplo menciona La furia, una película construida a partir de una experiencia personal de su directora.
María Oliva también opina que, a pesar de las dificultades actuales en la taquilla, “el cine independiente está viviendo un momento muy bonito”. Según recalca, algunas películas están logrando resultados que hace unos años parecían inalcanzables para este tipo de propuestas: “Hay películas que poco a poco están llegando y obteniendo resultados que antes no veíamos”.
Para darle un impulso al sector de la exhibición, Javier Pachón considera que el sector debe actuar simultáneamente en varios frentes. Por un lado, ve imprescindible modernizar las infraestructuras y adaptar los espacios a las nuevas expectativas de los espectadores. Por otro, insiste en la necesidad de que las administraciones públicas consideren la exhibición cinematográfica como una parte estratégica de la industria audiovisual.
El director de CineCiutat explica que diversos estudios presentados durante el Festival de Cannes mostraban una correlación entre el apoyo institucional a las salas y los resultados de taquilla: “Los países donde hay más apoyo de iniciativas públicas a los cines, mejor va la taquilla”. A su juicio, el objetivo no debe ser que las administraciones rescaten económicamente a los exhibidores, sino crear mecanismos que faciliten la inversión y la modernización del sector.