Muchas horas antes de que suene la claqueta, se desarrolla de manera silenciosa una tarea que puede determinar el éxito o fracaso de una producción: conseguir el lugar idóneo para rodar. Desde aserraderos hasta bares estilo cóctel, cada localización tiene su atractivo, pero también sus propias reglas. Hablamos con tres empresas especializadas en la reserva y la señalización de espacios para arrojar luz en este campo profesional dentro del audiovisual. Por Nerea Méndez Pérez

Ofrecer localizaciones, gestionar permisos, coordinar con vecinos y cumplir normativas se ha convertido en un arte en sí mismo dentro de esta industria. En un contexto en el que el número de rodajes crece y las ciudades compiten por atraer producciones, reservar un espacio es una carrera contra el tiempo y la burocracia.
“A veces se juntan varios rodajes en el mismo día y en el mismo espacio”, apunta el director de Despejado Vallas, Guillem Cotto, como uno de los primeros desafíos. “Hace un par de semanas, por ejemplo, estuvimos rodando en el mismo cruce de Barcelona tres proyectos en 24 horas”, especifica.
La clave de su trabajo muchas veces consiste en “apañarse y adaptarse”, según indica Cotto, porque en ciudades con mucho movimiento, si no se juntan con varias empresas diferentes en el mismo sitio, entonces son unas obras o vecinos que están hartos. Sea como sea, siempre surgen cambios e imprevistos en los planes de rodaje.
Guillem Cotto asumió la dirección de Despejado Vallas en octubre de 2016, así que después de casi una década se ha acostumbrado a la adrenalina y la intensidad del sector. Entre los servicios que ofrece la empresa están la localización, la señalización de la vía pública, la ejecución de permisos que les mandan desde las productoras y servicio de blockers y vallado.
Aunque la mayoría de trabajos que llevan a cabo se desarrollan en Barcelona, también han movido a su equipo humano por el resto de Cataluña, Canarias, Tudela, las Bardenas Reales o Aragón, entre otros lugares. En estos últimos casos, “suelen ser productoras catalanas que desplazan al personal por la confianza de nuestra empresa, en lugar de irse a otro sitio y buscar gente por allí”, detalla el director.
Ruedan alrededor de 100 proyectos anuales –en su mayoría publicidad y ficción–, pero Cotto advierte sobre la fluctuación del trabajo, incluso después de una década de consolidación. “Hay rachas en las que entran varias propuestas de ficción seguidas y otras que solo hacemos publicidad. También hay que tener en cuenta que no son lo mismo rodajes de tres días para una campaña que tres meses de faena para una película”, explica.
Según Guillem Cotto, los escenarios más problemáticos suelen ser las calles que no les permiten colgar cartelería suficientemente visible, algunas vías del casco antiguo y las zonas verdes de aparcamiento
Entre los proyectos más significativos y también más problemáticos para la empresa, Cotto recuerda el rodaje para Netflix de la serie ¿Quién es Erin Carter?, estrenada en la plataforma en 2023. “Fue un calvario para todos los departamentos, porque el guion se escribía a medida que se rodaba y cambiaron al director de fotografía, así que se tuvieron que repetir varias escenas porque él quería hacerlo a su manera”, rememora el responsable de Despejado Vallas.
Para ellos fue duro el hecho de no tener claro dónde se rodaba al día siguiente o la próxima semana, porque desconocían si la jornada iba a requerir uno, cinco o diez trabajadores. “Había que ser muy resolutivo y estar encima del proyecto, porque todo era in extremis”, dice Cotto.
Señalización en núcleos urbanos
Entre los principales retos que se presentan en este trabajo, Guillem Cotto destaca la señalización, que varía en función de la ordenanza municipal. En los casos en los que hay que despejar calles, ellos disponen de cartelería homologada donde aparece el motivo de la prohibición del estacionamiento y las fechas.
Por otro lado, no es lo mismo señalizar el centro de Barcelona, con un elevado volumen de gente y de quejas, que un área rural en municipios más pequeños, mucho más fácil de liberar y donde incluso cuentan con las facilidades de la policía local y el ayuntamiento. Según Cotto, los escenarios más problemáticos suelen ser las calles que no les permiten colgar cartelería suficientemente visible, algunas vías del casco antiguo de la capital catalana y las zonas verdes de aparcamiento.
“Determinar la composición del equipo humano es complicado hasta que no tienes todos los detalles. Podrían ser 10 o 200 personas dependiendo del proyecto” (Carmen Rodríguez)
Carmen Rodríguez, fundadora de Space Keepers (SK) junto a Carlos Machi en 1999, coincide con Cotto en los desafíos que surgen de trabajar en grandes ciudades, en este caso Madrid. “La capital en sí misma ya supone un gran desafío por su condición urbanística, por el tráfico, la masificación o la saturación de localizaciones”, comenta Rodríguez. A esto hay que sumarle los cambios constantes en las normativas y el mobiliario urbano, pues no sería la primera vez que su equipo se encuentran con un bolardo que antes no existía.
Space Keepers también brinda servicios de señalización y reserva de espacios a productoras, así como personal de refuerzo auxiliar en varios departamentos: desde blockers o peones de carga y descarga, hasta ayudantes en montaje y arte. Solo en 2025, han participado en 32 rodajes cinematográficos, 23 de series y 105 de programas de televisión, publicidad y otros eventos.
Rodríguez explica que sus labores dependen de la localización: “A lo mejor estás haciendo una reserva de 20 metros u otra de 200, así que determinar la composición del equipo humano es complicado hasta que no tienes todos los detalles. Podrían ser 10 o 200 personas dependiendo del proyecto”.
Asimismo, alude a las exigencias de este trabajo a través del ejemplo de Anatomía de un instante, serie recientemente estrenada en Movistar Plus+. “Recuerdo que las localizaciones fueron súper complicadas y nos tocó hacer turnos para cubrir las 36 horas que estuvimos en un mismo espacio”, apunta la fundadora de SK.

Normalmente, su equipo humano se presenta 12 horas antes de las grabaciones para dejarlo todo a punto, sobre todo el tema de la señalización previa. Esta es una de las cuestiones más importantes para ellos, ya que hay que conseguir molestar lo menos posible a los vecinos y evitar llamar a las grúas. “Nosotros somos como la avanzadilla del rodaje”, considera Rodríguez.
De esta forma, se preparan también para los imprevistos en el plan de rodaje. Uno de los últimos que recuerda la socia de SK ocurrió el pasado 12 de octubre en plenas celebraciones del Día de la Hispanidad. “Estábamos en la Plaza de la Lealtad con un permiso pedido desde hace un montón de tiempo y concedido, pero de repente llegaron los militares para decirnos que ahí no podíamos estar. Imagínate el horror”, relata Rodríguez.
Una batalla tras otra
Lo que subyace tras esta anécdota es una falta de comunicación y coordinación entre los organismos institucionales, que en la mayoría de casos se refleja en la gestión de permisos. Salvo casos excepcionales con producciones extranjeras, la empresa de Carmen Rodríguez y Carlos Machi no acostumbra a ofrecer este service. “Nosotros siempre sufrimos con que no lleguen, porque lógicamente los necesitamos para trabajar”, manifiesta la responsable de SK.
Mario Santa-Cruz, location manager de The Mambo Crew, nos cuenta de camino al rodaje de la cuarta temporada de The Walking Dead: Daryl Dixon que a la hora de solicitar permisos siempre los pide con más de un mes de antelación.
“Intentamos tener el mínimo impacto posible pero los vecinos también tienen que entender que somos una industria más en la promoción de la ciudad. A todos nos gusta llegar a casa y ponernos Netflix, pero esa plataforma se nutre de todo lo que hacemos aquí” (Mario Santa-Cruz)
“Hemos realizado películas como Way Down (2021), donde cortamos toda la Plaza de Cibeles, o publicidades para Nike y Mercedes, en las que paramos la Gran Vía. Para cortes tan grandes como estos las solicitudes hay que hacerlas con un mes de anterioridad”, expresa Santa-Cruz.
Casi el 90% de sus trabajos se localizan en Madrid, pero desde hace un par de años se han sucedido varios proyectos fuera de la capital: Venom 3 en Almería o la segunda temporada de La Casa del Dragón en Cáceres. En este sentido, Santa-Cruz no considera que una comunidad autónoma tenga más barreras que otra a la hora de realizar estas gestiones, pero hay algunas que tienen muchas más facilidades porque sus Film Commissions son más accesibles y proactivas.
Una mirada comprensiva y sostenible
Además de una mejora de la comunicación entre productoras, film commissions, ayuntamientos, cuerpos de movilidad y demás agentes con un rol activo en el proceso de reserva de espacios, estas empresas también apelan a una concienciación de la ciudadanía. Ellas mejor que nadie conocen las quejas de los vecinos, que desde hace años –sobre todo después de la pandemia– han expresado con más hartazgo que no quieren vivir en un plató de cine.
“Somos conscientes de ello e intentamos tener el mínimo impacto posible. Favorecemos no ir mucho a la misma calle o movernos por los barrios en vez de ocupar siempre el centro”, señala Santa-Cruz.

“Los vecinos también tienen que entender que somos una industria más que interviene en la promoción de la ciudad y hay que aceptarnos. Al final, a todos nos gusta llegar por la noche a casa y ponernos Netflix, pero esa plataforma se nutre de todo lo que hacemos aquí”, añade a la reflexión.
En temas de impacto, el responsable de The Mambo Crew habla también de sostenibilidad: “El mundo del rodaje al final no deja de ser vehículos moviéndose de un lado a otro, camiones de carga y descarga, mucha gasolina, humos, personal… Por eso, tenemos la responsabilidad de medir nuestra huella y ayudar a compensarla. Además, desde hace unos años todos los equipos de rodaje incorporan la figura del Green Steward”.
Esta aproximación a la reserva de espacios para rodajes nos revela el complejo equilibrio entre las necesidades de una industria que cada vez reclama más lugares y el bienestar de unos vecinos que viven en los núcleos urbanos más explotados. El trabajo de empresas como Despejado Vallas, Space Keepers o The Mambo Crew es solo un ejemplo de que es posible gestionar estas reservas para garantizar la fluidez de las producciones y minimizar todo lo posible su impacto en la convivencia urbana.