Mientras los programas institucionales avanzan en el impulso de creadores noveles, las productoras que comienzan su andadura en el audiovisual español quedan atrapadas en un limbo estructural. Sin un historial que puntúe en las convocatorias ni músculo económico para acceder a créditos o avales, muchos proyectos se enfrentan a una barrera de entrada que condiciona el relevo generacional del sector. Desde RUBIK, hablamos con Baldufa Films, Vanova, Saturno Films y Sétima, cuatro productoras emergentes que nos cuentan su experiencia en el largo camino que supone empezar en la producción. Por Sara Rodríguez Martín

En los últimos años, el impulso institucional al audiovisual español ha crecido notablemente, con un aumento de ayudas públicas, incentivos fiscales y programas destinados a fomentar nuevos talentos creativos. Sin embargo, este ecosistema no siempre contempla de forma equitativa a todos los agentes implicados en una producción.
Mientras que los directores noveles cuentan con líneas específicas o puntuaciones adicionales en convocatorias oficiales, las productoras emergentes suelen competir en desigualdad de condiciones frente a empresas con larga trayectoria, ya que los sistemas de evaluación premian la experiencia previa y el volumen de producciones calificadas.
A esta brecha se suma otra de carácter financiero. Buena parte de los instrumentos que se presentan como soluciones para levantar proyectos exigen solvencia, garantías o un catálogo previo que las nuevas empresas difícilmente pueden acreditar.
El resultado es un modelo orientado a escalar estructuras ya consolidadas más que a facilitar la creación de nuevas.
El debate que gira en torno a cómo tratar la producción emergente se está abriendo paso en los espacios dedicados a la industria audiovisual. Un ejemplo fue el panel sobre producción emergente que tuvo lugar en la pasada edición de ECAM Forum 2025, que planteó la problemática de hasta qué punto la etiqueta de “productora emergente” funciona más como una condición permanente que como una fase de transición.
Para profundizar en esta cuestión, tres productores emergentes que acaban de comenzar su andanza en el ecosistema audiovisual: Rubén Coro de Saturno Films, Esmeralda Bravo de Baldufa Films y María Burgués de Vanova; y con Silvia Fuentes de Sétima, una de las productoras presentes en el mencionado panel.
Retos que enfrenta la producción emergente en sus inicios
Silvia Fuentes, que fundó Sétima junto a su compañera Anxos Fazáns hace ya siete años en Santiago de Compostela, es ejemplo del largo proceso que constituye la producción emergente en España.
“Sacar adelante una productora sin un colchón económico es muy difícil”, Rubén Coro (Saturno Films), que considera como problema acuciante la fuga de talento hacia otras comunidades autónomas
Tras años de trabajo constante, la productora ha conseguido abrirse camino en el cine independiente español y, sin embargo, mantiene su estatus de productora emergente a pesar de su recorrido: “Construir una empresa que se dedique a producir cine no es tanto abrirla, sino consolidarla. Para mí, la consolidación llega cuando sales de ser emergente”, comenta Silvia Fuentes.
Además, y pese al considerable recorrido de la productora, comparte el mismo inicio que el resto, donde el 100% del trabajo no puede dedicarse a la propia empresa y sus fundadores emprenden a la par que trabajan para otros: “Al principio trabajábamos en Sétima y, a la vez, en otras productoras, y eso requiere una energía doble. Dedicas tu tiempo a otra empresa y después a la tuya mientras la construyes”, relató Fuentes.
Esta dualidad, añadió, implicaba que el desarrollo de la productora propia avanzara de forma más pausada, pero con aprendizaje constante. Aún así, según explicó, abrir la productora fue relativamente accesible, pero el verdadero reto consistió en sostenerla y permitir que madurara en un mercado exigente.
Un reto al que deben enfrentarse todas las productoras. En el caso de Baldufa Films, productora con sede fiscal en Mallorca pero con oficina en Madrid, se fundó hace poco más de un año por Pablo Pérez, Miguel Ángel Márquez y Esmeralda Bravo: “Uno de los mayores desafíos a los que nos hemos enfrentado en este primer año ha sido, en primer lugar, la falta de referentes, porque no teníamos referentes de productoras jóvenes que hubiesen iniciado este camino en los últimos años”, explica Esmeralda Bravo.
En su caso, la productora surge de la necesidad de los tres socios de crear y llevar a cabo sus propias obras tras finalizar sus estudios.
Desde Barcelona, Vanova también se enfrentó a una combinación de obstáculos creativos, financieros y administrativos. Fundada por Enric Sant y María Burgués, la compañía nació con el mismo propósito de Baldufa Films, para desarrollar sus propios proyectos, pero también ha ampliado su alcance apoyando a otros creadores emergentes.

«Para mí, los mayores desafíos han sido la falta de un perfil más empresarial y todo el tema de las ayudas. El mundo del cine funciona bastante por subvenciones», explica la cofundadora de Vanova.
«Nos pasaba que no dábamos abasto porque estábamos llevando a cabo tareas de guión y dirección, y veíamos que nos ocupaba muchísimo más tiempo y que era mucho más importante la gestión económica y contable. Para nosotros lo más challenging fue la parte empresarial porque no venimos de este mundo», añade.
El desafío de cuidar el talento regional
En el caso de Saturno Films, su experiencia sobre los desafíos que supone levantar una empresa dedicada al cine, radican en la gestión de talento local y las dificultades para acceder a financiación y apoyos institucionales.“Sacar adelante una productora sin un colchón económico es muy difícil”, comienza explicando Rubén Coro.
Según detalla, en los primeros pasos es necesario aceptar proyectos de encargopara poder reinvertir en los propios proyectos cinematográficos, que muchas veces permanecen guardados en un cajón.
«El sistema de puntuación valida más a las productoras que ya funcionan. La razón de las ayudas está invertida: en teoría deberían ayudar a los que más lo necesitan», María Burgués (Vanova)
El siguiente paso, la realización de cortometrajes, casi nunca resulta rentable, lo que provoca incertidumbre entre los miembros del equipo: “Y en ese momento tienes a medio equipo colaborando por un portfolio y tú como productor realmente no generas beneficios. Y realmente te preguntas si eso va a seguir siendo así siempre”.
Uno de los problemas más acuciantes que destacan desde Saturno Films es la fuga de talento hacia otras comunidades autónomas con mayor concentración de escuelas y oportunidades, como Madrid o Barcelona. “Gente de nuestro equipo se ha tenido que marchar a las grandes ciudades a estudiar, ya sea en la ECAM, en la ESCAC… Y al final, en los equipos de cine, el valor humano de las personas es irreemplazable. Entonces, eso es un problema”, apunta Coro.
La clave de la financiación
Más allá de la falta de referentes, la financiación es el desafío más constante para Baldufa Films. “No contábamos con ningún tipo de gran inversión inicial y eso nos ha producido que los tres tengamos segundos, terceros y cuartos trabajos para poder seguir manteniendo a flote la productora”, detalla Bravo. El acceso a recursos públicos, privados y coproducciones es desigual para las productoras recién creadas.
“Para empezar, el acceso es el primer hándicap que tiene una productora emergente. En las ayudas públicas, normalmente necesitas un mínimo de obras calificadas, y si no las tienes, no puedes acceder”, explica Bravo. Para sortear esta barrera, la estrategia de Baldufa Films ha sido apoyarse en coproducciones con productoras con más experiencia. “Creemos que es un puente en el que nos podemos ayudar mutuamente y de esa forma nosotros también podemos acceder a este tipo de ayudas”, afirma.
“Uno de los mayores desafíos es la falta de referentes. No teníamos referentes de productoras jóvenes que hubiesen iniciado este camino en los últimos años”, Esmeralda Bravo (Baldufa Films)
Según Rubén Coro, la dificultad para acceder a la financiación va de la mano de la falta de información y orientación, lo cual genera un recorrido inicial complicado: “Cuando empiezas no sabes a dónde te tienes que dirigir. No te lo explican porque las personas que te forman no saben de eso. Mientras tanto, participas en festivales de cortometrajes, ganas premios y reinviertes esos recursos en nuevos proyectos”.
Desde Sétima, se destacó la necesidad de construir confianza tanto con financiadores públicos como privados. “El punto es que tanto al principio, tanto las ayudas públicas como las ventanas privadas de financiación, tienen que confiar en ti. La construcción de esa confianza no viene dada, es un proceso que se hace poco a poco”. La coproducción, como también mencionaba Esmeralda Bravo, fue una herramienta central en esta estrategia. “Para nosotros, crecer fue siempre de la mano de la coproducción. Con empresas que tienen más años de experiencia o empresas más cercanas a nuestro perfil, unidas ofrecemos más confianza al financiador”, afirmó.
Esta fórmula les ha permitido colaborar con productoras de Madrid, Cataluña, Andalucía y el País Vasco, generando redes sólidas de confianza y respaldo mutuo.
El sistema de puntos: Un bloqueo en la ayuda institucional
Un aspecto que dificulta aún más la entrada de productoras emergentes es el sistema de puntos utilizado en las ayudas institucionales. Para Vanova, en la esfera del cine tradicional, las productoras jóvenes enfrentan una competencia intensa. «Si eres independiente y emergente lo tienes un poco complicado para las ayudas», señala la cofundadora. «Incluso teniendo un proyecto increíble, es muy difícil que te den ayudas, porque hay muchísima competencia y unos puntos objetivos que se rigen por la experiencia. El sistema te obliga a coproducir con productoras más grandes o a tener directores que ya tienen trayectoria, y entonces eso hace todo un poco más complicado o te hace ser menos independiente«.
Este fenómeno refleja un patrón común en la industria: las productoras consolidadas reciben más oportunidades de financiación y visibilidad, mientras que las emergentes deben multiplicar sus esfuerzos para competir. «Sí que siento que al final es un sistema que valida más a las productoras que ya funcionan. Para mí, la razón de las ayudas está un poco invertida: en teoría deberían ayudar a los que más lo necesitan«, apunta Burgués.

“Para simplemente poder acceder y ser elegible, tienes que tener un número de obras calificadas. ¿Cómo vas a tener obras calificadas si no has podido acceder a financiación?”, se pregunta la fundadora de Baldufa Films. Esta dinámica genera un círculo difícil de romper: sin financiación, no se producen obras; sin obras, no se obtienen puntos; y sin puntos, no se puede acceder a nuevas ayudas.
Desde Saturno Films, Rubén Coro coincide: “Le dan puntos a quienes ya tienen un recorrido, entonces se dificulta que un proyecto nuevo pueda acceder a financiación porque no tienes otro proyecto anterior”, explica, insistiendo en que, aunque la coproducción puede funcionar como incentivo para conocer a otros profesionales, también establece una barrera de entrada difícil de sortear: “Al final, inconscientemente te están diciendo que tienes que ir acompañado de otra productora. Y hay gente que no lo sabe y se aventura y se come un rosco”.
Iniciativas para productoras emergentes: insuficientes pero presentes
Fuentes también resaltó la importancia de que las productoras emergentes tengan voz en paneles, charlas y espacios de networking. “Una industria tiene que mirar a lo emergente para asegurar su supervivencia. Debe atenderlo para que el relevo siga adelante”, explicó. La ausencia en estos espacios puede afectar todos los aspectos de la producción: desde la búsqueda de socios y financiación, hasta la distribución, marketing y promoción de los proyectos.
Para Sétima, las asociaciones son un eje clave para consolidar la presencia de productoras emergentes. “Las asociaciones son claves para cuando llegas al sector; trabajando en común se llega a los sitios”, afirmó la entrevistada, ya que gracias a ellas se han logrado avances significativos en la redistribución de ayudas. Aunque reconoce que las ayudas institucionales tienden a favorecer a productoras consolidadas, la productora confía en que los programas de selectivas y otros recursos públicos contribuyen a abrir puertas.
“El debate sobre cómo incluir a lo emergente debe seguir abierto, pero se está empezando a mirar hacia allí, tanto a nivel nacional como internacional”, explicó, añadiendo que, a nivel regional, en Galicia existen las ayudas al talento y laboratorios de producción creativa, que, aunque limitados, representan oportunidades cruciales para productoras emergentes.
En Madrid, por ejemplo, también existen iniciativas que buscan impulsar al productor emergente, como por ejemplo LaIncubadora de la ECAM. Desde Baldufa Films, sin embargo, Bravo considera que hace falta un enfoque más amplio: “Todo lo que sea industria, mercados y festivales que apoyen la interacción entre productoras emergentes y consolidadas siempre es positivo. Nos posiciona y nos ayuda a movernos en nuestros entornos”.
No obstante, la financiación sigue siendo un área con un gap evidente. “Podría haber una dotación mínima para productores emergentes, igual que la hay para proyectos de animación o liderados por mujeres”, explica. Según Bravo, estas medidas son necesarias porque las productoras emergentes representan una gran mayoría de voces del sector, pero muchas quedan excluidas por dificultades económicas.
“La clave para nosotros fue crecer siempre de la mano de la coproducción. Con empresas que tienen más años de experiencia, o empresas cercanas a nuestro perfil, ofrecemos más confianza al financiador”, Silvia Fuentes (Sétima)
En Andalucía, Rubén Coro destaca Rodando por Jaén, un concurso que financia desplazamientos, dietas y alojamiento para rodar en la provincia, ofreciendo además tutorías profesionales en guion y producción. “Te dan la oportunidad de que el ayuntamiento donde lo has grabado te patrocine un estreno y puedas recuperar gastos”, subraya. Más allá de estos apoyos locales, existen ayudas de la Junta de Andalucía y de Canal Sur, aunque se percibe una desigualdad frente a otras comunidades donde se anticipa la compra de derechos o se participa como coproductor.
María Burgués también señala iniciativas que buscan apoyar a productoras emergentes. En Catalunya, Dones Visuals y Acció Producció funcionan como incubadoras que ofrecen seguimiento a proyectos de productoras jóvenes, mientras que PROA, la asociación de productores catalana, ofrece mentorías para aquellas interesadas en internacionalizarse. «Igual falta alguna propuesta de incubadora para productoras nacionales más desde la base, de cómo arrancar, que también te ofrezca formación en todo lo que tiene que ver con empresa«, sugiere la cofundadora.
La necesidad de más espacios dedicados a la producción emergente
En Saturno Films señalan que “hace falta una iniciativa para emprendedores que no te pida trayectoria ni músculo financiero, porque por supuesto que tener contactos previos ayuda. Pero para quien está empezando, el principal reto es poder acceder a estas herramientas”. Señala que la formación teórica abunda, pero faltan laboratorios específicos para primeras producciones y líneas adaptadas a pequeños productores. Esta ausencia dificulta la visibilidad de los proyectos y el acceso a festivales, plataformas y oportunidades de colaboración. Para la cofundadora de Vanova también son necesarios espacios de encuentro, formación y networking dedicados específicamente a productoras emergentes.
«Hay un surgimiento de muchas productoras nuevas, muchos creadores que para tener control sobre sus obras se implican cada vez más en la producción y acaban abriendo sus propias productoras. Conocer y juntar perfiles creativos con perfiles empresariales sería muy interesante», sostiene Burgués.

“Las productoras pequeñas también necesitan comer. Y las grandes ya sabes que van a sacar sus proyectos, pero también están pidiendo ayudas. Tiene que haber un poco de escalera, un poco de progresión”, afirma Rubén Coro al abordar la cuestión sobre los puntos de calificación y el acceso a ayudas para productoras consolidadas frente a las emergentes. Según el productor, lo prioritario debería ser centrarse en apoyar a las productoras pequeñas, para asegurar la diversidad del sector y garantizar que los nuevos talentos puedan desarrollarse: “Que haya progresión y prioridad para quienes empiezan me parece lo más importante”.
Bravo coincide, pero apunta que es lógico dado que “cuantomás tiempo llevas en una industria, más beneficios y privilegios vas a tener. Es una realidad que pasa en el sector audiovisual y en cualquier otro sector”. Sin embargo, destaca que el sistema de financiación combina criterios objetivos y subjetivos, lo que permite que la calidad artística de un proyecto también juegue un papel importante: “Hay una parte subjetiva y de calidad artística que es más de la mitad de la puntuación, y eso depende del proyecto que presentas y de lo que transmites”.
Silvia Fuentes consideró necesario construir un sector más justo y sostenible para las generaciones futuras. “Lo importante es que nuestras situaciones transitorias de emergencia se acaben y que para las futuras productoras emergentes el sector sea más accesible y justo”, concluyó, subrayando la necesidad de diálogo, cooperación y apertura de herramientas adaptadas a los nuevos productores.