'Backrooms' (Elastica Films)

Crítica ‘Backrooms’: El más allá está lleno de pasillos

junio 3, 2026
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El fenómeno Backrooms llega a nuestras salas con la intención de arrasar en taquilla, pero también con potencial para convertirse en una pieza clave dentro del terror contemporáneo. Por Belit Lago

‘Backrooms’ (Elastica Films)

Con tan solo veinte años, Kane Parsons ya ha batido varios récords: convertir su ópera prima en el quinto título más taquillero de la historia de A24 (de momento) y en el mejor estreno del sello independiente en más de treinta países. Y por si fuera poco, también ha conseguido movilizar a ese público que tanto cuesta arrastrar a las salas: el de su misma generación.

Los centennials por fin han topado con alguien que habla su mismo idioma, que los interpela a través de un lenguaje que Parsons ha aprendido y perfeccionado en Kane Pixels, su canal de YouTube, donde investiga e interactúa con los espacios liminales.

Después de ocho años creando vídeos en la plataforma y cuatro desde el nacimiento del proyecto ‘The Backrooms’ —una pieza de apenas nueve minutos en la que ya encontramos todo el universo de la película—, el británico ha encontrado a sus mejores aliados para llevar su genial idea a la gran pantalla: no solo a dos intérpretes como Ejiofor y Reinsve, sino también a productores tótem del género como Osgood Perkins o James Wan.

‘Backrooms’ (Elastica Films)

Gracias a un equipo asombroso y, por supuesto, al innegable talento del jovencísimo youtuber, un film que ha costado unos diez millones de dólares ha conseguido recaudar alrededor de 120 millones en su primer fin de semana. Se dice pronto.

En una especie de híbrido entre found footage y estrategias propias del videojuego de bajo presupuesto, Backrooms nos sitúa en los noventa para presentarnos a Clark, un arquitecto frustrado que regenta una tienda de muebles, y Mary, una terapeuta con traumas de infancia todavía latentes. A través de una puerta secreta en el sótano de los almacenes viajaremos con ellos al lado oscuro: un mundo paralelo hecho de hormigón donde luces, puertas, agujeros y escaleras formarán el cóctel perfecto para hacer que nos caguemos de miedo.

Es evidente que lo primero que nos viene a la mente al ver estos espacios son las oficinas infinitas de Severance —sus colores e iluminación son casi idénticos—, pero el tono se acerca mucho más a la terrorífica Hell House LLC (Stephen Cognetti, 2015), donde el uso del punto de vista subjetivo funciona para suprimir la distancia entre protagonista y espectador, consiguiendo una experiencia mucho más vivencial y, por tanto, emocionalmente disruptiva.

Parece que Parsons ha querido investigar, quién sabe si de forma inconsciente, los términos analizados por Fisher en su ensayo póstumo Lo raro y lo espeluznante (Alpha Decay, 2018): ambos conceptos, con los que Lynch trabajó a lo largo de su carrera tanto en el cine como en el resto de disciplinas artísticas, aluden directamente a lo que plantea el director novel.

Por un lado, observamos lo raro en la construcción de los personajes que encontramos dentro del laberinto: monstruos imposibles que chocan con nuestra idea de lo real. Por otro, todo lo que implica habitar el espacio liminal se relaciona con lo espeluznante: paisajes vacíos en los que ocurre algo inexplicable.

‘Backrooms’ (Elastica Films)

¿Y cuál es el detonante para querer investigar ese más allá? La soledad de los personajes. Clark, que lidia con una crisis de ansiedad fruto de su reciente —y poco superada— separación, necesita salir de la cárcel en la que se ha convertido su vida, reflejada en el diminuto despacho desde el que trabaja, en contraposición a la amplitud de los espacios que recorrerá después.

Mary, cuyos recuerdos de aislamiento infantil nunca la han abandonado, también necesita salir por esa ventana imaginada —o recordada— para investigar el mundo y dejar atrás un presente de insatisfacción personal.

En cierto modo, el universo de Backrooms no deja de ser una metáfora de la propia mente de los protagonistas: el viaje como introspección profunda, como método para afrontar aquellos impedimentos que los alejan de sus metas vitales.

Tener al miedo delante les permite verlo, tocarlo y darle forma para, así, destruir el inmenso poder —tantas veces paralizante— que este ejerce sobre ellos.