Cualquier proyecto de género con implicación de Jordan Peele despierta expectativas, pero El mejor ha dejado al público más frío que sus anteriores incursiones en la producción. Quizás porque se diría una versión masculina de The Neon Demon. Por Tonio L. Alarcón

Cuando les llegó la primera versión del guión de La profecía (1976) que urdieran David Seltzer y Harvey Bernhard, lo primero que pidieron tanto Richard Donner como Alan Ladd Jr. fue que se extrajeran del mismo todas las alusiones satánicas directas, y se reescribiera desde una ambigüedad interpretativa mucho más desasosegante.
Desde luego, El mejor (2025) no plantea, ni muchísimo menos, un juego de perspectiva igual de interesante. Pero su director, Justin Tipping, tuvo muy claro desde el primer momento que el libreto original de Skip Bronkie y Zack Ackers se beneficiaría con la transformación de su protagonista, Cam Cade (Tyriq Withers), en un narrador no fiable debido a un traumatismo craneoencefálico. Lo que es cierto, en todo caso, es que ese mecanismo narrativo le ha animado a construir un relato progresivamente más caótico, más enrarecido.
Aunque, sobre el papel, El mejor está construida sobre los tropos de las películas deportivas, vertiente fútbol americano, enseguida queda claro que Tipping, en realidad, no está interesado en dicho universo.

Pese a que ni el director ni su productor, y estrecho colaborador durante la producción del largometraje, Jordan Peele, lo han hecho explícito durante su gira promocional, resulta evidente que han querido ofrecer una especie de versión testosterónica de The Neon Demon (2016). De hecho, tras la reescritura que Tipping (y en menor medida, Peele) ha realizado sobre el guión de Bronkie y Ackers hay una evidente reflexión, como existía también en la obra de Nicolas Winding Refn, respecto a la vertiente más mefistofélica de la industria del entretenimiento.
Al respecto, al director confesaba que ha volcado en el personaje de Withers su propia sensación de haber vendido su alma cuando, tras las dificultades para continuar una carrera cinematográfica posterior a su ópera prima, Kicks, historia de unas zapatillas (2016), aceptó la oferta de dirigir algunos episodios de la serie Queridos blancos (2017-2021) y arrancó así una lucrativa carrera televisiva.
A nivel de puesta en escena, el constante juego que establece la directora de fotografía, Kira Kelly, con la iluminación contrastada, muy basada en los neones, está claramente inspirada en la de Nathasha Braier para The Neon Demon. Claro está, si allí Winding Refn rodó en celuloide, aquí Tipping ha optado por la omnipresente Arri Alexa 35, para la cual Panavision ha adaptado lentes anamórficas T-Series de forma específica, con la idea, precisamente, de darle a los encuadres cierto aspecto vintage.

De ahí que lo más interesante de El mejor, a nivel visual, esté en sus destellos más creativos. Quizás el más evidente sea el uso de una cámara termal Teledyne FLIR T1020 para captar la estructura ósea de su protagonista –jugando, de esa manera, con la presencia del traumatismo antes mencionado–, en lo que supone una evolución del empleo de las mismas que había hecho Peele en Nop (2022). Lo que aquí ha hecho Kelly es pedir la construcción de un rig que les permitía grabar, de forma simultánea, con la Alexa 35 y la cámara termal, y así poder hacer transiciones perfectas entre ambas.
En los primeros compases de El mejor se produce, desde lo puramente visual, una proyección de elementos de carácter religioso en un contexto de lo que, en teoría, no es más que afición deportiva: ahí encajan tanto el altar dedicado el equipo ficticio de los San Antonio Saviors como la presencia constante del crucifijo que Cade siempre lleva encima… Y que representa tanto su propia obsesión por el fútbol americano como el pesadísimo legado con el que le cargó su progenitor (Don Benjamin).
Sin embargo, desde el momento en que el relato se desplaza a las instalaciones desérticas en las que se prepara quien se convertirá en su mentor, el veterano Isaiah White (Marlon Wayans), el diseño de producción de Jordan Ferrer pierde cada vez más interés. Y es que, como el propio largometraje en global, empieza a emborracharse con su propia estética futurista, casi surrealista, que recuerda de forma notable a la que le daba personalidad a La visita, el episodio que Panos Cosmatos dirigiera (y coescribiera junto a Aaron Stewart-Ahn) para la serie antológica El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro (2022).
Y es que, como tantísimos otros directores que se aproximan a lo terrorífico sin interés sincero por el género, a Tipping le cuesta encontrar el tono adecuado para El mejor. Sus decisiones estéticas y fotográficas apuntan, en teoría, a una narración excesiva y progresivamente enloquecida, pero, a la hora de la verdad, mantiene un tono demasiado sobrio y distante como para que cale más allá de la pantalla.
Quizás la única excepción sea el clímax, sanguinolento y con un sorprendente carácter catárquico: es probable que porque el director ha volcado ahí sus propias frustraciones personales, y se trata de una especie de venganza ficcional respecto a la forma en que le ha tratado la industria cinematográfica.