'Eternity' (A24)

Crítica ‘Eternity’: ¿Sola, con tu pareja o con un nuevo amor?

diciembre 5, 2025
por

Eternity, el tercer largometraje de David Freyne, producido por A24 y cuya première internacional tuvo lugar el pasado mes de septiembre en la 50.ª edición del Festival de Toronto, llega este fin de semana a nuestras salas. Por Belit Lago

‘Eternity’ (A24)

Tras morir, los protagonistas de Eternity cuentan con siete días para tomar una de las decisiones más difíciles de su, digamos, nueva vida: en cuál de los múltiples mundos pasarán el resto de sus (interminables) días y, lo más importante, en compañía de quién.

De vuelta al mejor de sus momentos vitales —es decir, totalmente rejuvenecidos—, un tren los conduce al limbo, un espacio intermedio abarrotado de recién llegados y comerciales que intentan demostrar las ventajas de vivir una jubilación infinita en su universo.

Entre la inquieta marabunta, pronto aparecen los llamados “coordinadores del más allá”, una especie de sherpas del lugar encargados de informar, aconsejar y guiar a los más indecisos.

‘Eternity’ (A24)

Como diría Enrique Bunbury en uno de los éxitos nacionales más sonados de los noventa, Joan (Elizabeth Olsen) está “entre dos tierras”. Y no solo entre dos tierras, sino también entre dos hombres: Larry (Miles Teller), el marido con el que ha compartido 65 años y la crianza de dos retoños, y Luke (Callum Turner), un primer amor fallecido durante la guerra de Corea, fatídico hecho que truncó de forma irreparable (hasta ahora) un matrimonio en plena efervescencia.

El conflicto de la protagonista explota cuando, al llegar, se topa con el segundo. El (ahora) joven, tras su prematura muerte a inicios de los cincuenta, decidió esperarla durante más de medio siglo con la intención de compartir esta nueva etapa juntos.

Como en una versión fantástica de Materialistas (Celine Song, 2025), en la que Lucy se enfrentaba al dilema de la elección romántica —decantándose por escuchar al corazón en lugar de a la cabeza—, aquí escoger se convierte en la posibilidad de materializar ese recuerdo imaginado —y fuertemente anhelado— durante demasiados años. La realización del “¿y si…?” como oportunidad post mortem. Lo que viene siendo una (posible) auténtica pesadilla.

‘Eternity’ (A24)

La lucha de egos entre ambos machos nos lleva irremediablemente a un segundo hit musical: ‘Dos hombres y un destino’, interpretada por el eterno triunfito David Bustamante y el desaparecido en 2021 Àlex Casademunt, fue un temazo generacional que alcanzó el número uno de Los 40 Principales en diciembre de 2002. Digamos que en Eternity, Larry es Busta (el simpático) y Luke es Àlex (el buenorro), y el objetivo vital que los une es ser el preferido de la chica; aunque aquí, Joan cuenta con una complicación extra: una vez tomada la decisión no hay forma de volver atrás. O quizá sí.

Junto a la imparable Olsen —interpretando a una anciana en el cuerpo de una veinteañera de forma minuciosamente exagerada, siempre acertada y generosa, y demostrando una vez más su versatilidad interpretativa— destaca una de las secundarias más queridas de los últimos años: Da’Vine Joy Randolph, ganadora de un Oscar y un Globo de Oro, entre otros reconocimientos, por su papel en Los que se quedan (Alexander Payne, 2023).

Pese al notable trabajo de ambas, la propuesta de Freyne es insulsa y tremendamente poco original. A los pocos minutos de su inicio resulta inevitable pensar en, si no el mejor capítulo de Black Mirror, sí el más recordado. Efectivamente, hablamos de ‘San Junipero’, episodio que introdujo a la mayoría de sus espectadores en el debate filosófico sobre el más allá. Una pieza de poco más de una hora que combinaba con audacia dos de los grandes temas: amor y muerte.

Si bien Eternity intenta abarcar un contenido similar —aunque con un tono cómico que la aleja completamente de la serie—, su previsibilidad agota cualquier tipo de expectativa o factor sorpresa.

Sus decisiones no toman riesgos y, en consecuencia, no impactan a un público mínimamente exigente con el género de las rom-coms. Sin embargo, es probable que, para quien acuda al cine buscando desconectar durante dos horas sin ningún tipo de pretensión artística o reflexiva, sea una buena elección.

Para quien escribe, una hoguera final de La isla de las tentaciones —cuyos paralelismos con la trama de la película son más que evidentes— resultaría, sin ningún tipo de dudas, mucho más emocionante.