Un par de meses tras su estreno en Japón, Guardianes de la Noche: La fortaleza infinita ya es la segunda película más taquillera de su país, y está haciendo unos números extraordinarios en el resto del mundo. Un auténtico fenómeno popular a nivel global. Por Tonio L. Alarcón

Hace cinco años, Guardianes de la Noche: Tren infinito (2020) le arrebató nada más y nada menos que a Hayao Miyazaki y a El viaje de Chihiro (2001) la corona de la película con mayor recaudación de la historia del cine japonés.
Se podrían argüir muchas circunstancias alrededor de dicho logro. Sin ir más lejos, fue una de las únicas producciones a nivel mundial que se atrevieron a ir a los cines (y no a plataformas) justo después de lo peor de la pandemia de COVID-19, suponiendo así una invitación al público para que acudiera a las salas. Además, se estrenó en el momento más álgido de popularidad del manga de Koyoharu Gotōge, no solo por la buena acogida de la primera temporada de Guardianes de la Noche (Demon Slayer, Kimetsu no yaiba; 2019-2024), sino porque la publicación del manga en formato tankobon había alcanzado la batalla climática contra el gran antagonista de la historia, Muzan Kibutsuji.
Lo importante, sin embargo, es que, con el puñetazo sobre la mesa que supuso el fenómeno Tren infinito, la obra de Gotōge reclamaba un cierto relevo generacional dentro del manga shonen (por el que también han pujado, pero con menor impacto, Jujutsu Kaisen o My Hero Academia) tras el dominio casi incontestable de franquicias veteranas como Dragon Ball, One Piece o Detective Conan.

Sin embargo, y a diferencia de éstas, Guardianes de la Noche no ha apostado por el formato de estrenos anuales de historias adicionales: la compañía de animación encargada de la serie, Ufotable, ha preferido mantenerse fiel a la estructura argumental original, y aprovechar las salas para lanzar los primeros episodios de las nuevas temporadas con recopilaciones como Guardianes de la Noche: Rumbo a la aldea de los herreros (2023) o Guardianes de la Noche: Rumbo al entrenamiento de los pilares (2024).
Para concluir la narrativa concebida por Gotōge, y conscientes de que el arco final del manga supone un epítome del estilo que ha desarrollado (por la mezcla constante que hace de batallas extenuantes y melodrama arrebatado), Ufotable ha optado por potenciar su espectacularidad volcándola en una trilogía cinematográfica que ha arrancado con Guardianes de la Noche: La fortaleza infinita (2025).
Una elección que no ha sido en absoluto casual. Y es que, debido a la distribución que, a nivel de guión, se ha realizado de los distintos trazados argumentales que se desarrollaban sobre la viñeta, se produce aquí una rima (incluso podríamos decir que un relato especular) de lo que, en su momento, proponía la exitosa Tren infinito.
Esto es, allí se desarrollaba una aventura relativamente divertida, pero con las habituales ramificaciones lacrimógenas, que desembocaba en el desenfrenado (y muy espectacular) combate a muerte entre el heroico Pilar de Fuego, Kyojuro Rengoku, y la perversa Tercera Luna, Akaza.
En cambio, La fortaleza infinita invierte esa estructura, encadenando una serie de enfrentamientos de alto nivel, con suerte dispar para sus participantes, terminando con el reencuentro del protagonista del manga, Tanjiro Kamado, y el mencionado Akaza (si bien, en esta ocasión, con la ayuda del Pilar de Agua, Giyu Tomioka).
Lo interesante es que, en conjunto, ambos largometrajes desarrollan, para sorpresa del público desconocedor de la obra original, un arco de redención para el villano compartido por ambos largometrajes. Un relato dentro del cual, además, Gotōge despliega con más intensidad que nunca su tendencia al melodrama arrebatado, transformando al antagonista, como por otra parte viene a ser habitual en su obra, en una figura trágica.
Tras cuatro temporadas y un largometraje, Ufotable tiene pleno dominio expresivo de las herramientas narrativas características de Guardianes de la Noche, especialmente en relación a la introducción de elementos CGI para enfatizar la espectacularidad de sus combates climáticos.

Sin embargo, a diferencia de Tren infinito, donde claramente la compañía dio un salto adelante a la hora de ofrecer una calidad de animación comparable a las de las grandes producciones de la industria japonesa, se evidencia que, a la hora de llevar adelante La fortaleza infinita, se ha optado por una mayor restricción presupuestaria, ofreciendo así un resultado mucho más próximo a la propia serie de animación… Lo que, por otra parte, no deja de ser lógico desde una perspectiva industrial, teniendo en cuenta que se trata de una trilogía cinematográfica.
Como indicaba el propio director de ambos largometrajes (y de un notable puñado de episodios de la serie), Haruo Sotozaki, lo que convertía a Tren infinito en un buen punto de entrada para desconocedores del manga de Gotōge es que se basaba en un arco argumental de desarrollo bastante concreto, y con el que, es probable, sea uno de los mejores clímax de toda la obra original.
En cambio, La fortaleza infinita está tan dirigida hacia los fans de Guardianes de la Noche, que resulta notablemente árida para los que no conozcan el contexto argumental de la historia. Como mucho, podrán apreciar la cinética de los enfrentamientos que se disputan durante el metraje: atención, en ese sentido, al que confronta a Zenitsu Agatsuma con su antiguo compañero de entrenamiento, Kaigaku.