'Proyecto Salvación' (Sony Pictures)

Crítica ‘Proyecto Salvación’: Misión – Salvar la Tierra

abril 2, 2026
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Phil Lord y Christopher Miller han aprendido las claves del blockbuster superheroico en la franquicia iniciada con Spider-Man: Un nuevo universo y las aplican para adaptar a los gustos del gran público la última novela de Andy Weir (simplificándola). Por Tonio L. Alarcón

‘Proyecto Salvación’ (Sony Pictures)

Resulta evidente que una novela como Proyecto Hail Mary es, a grandes rasgos, un retraimiento hacia terreno seguro por parte de su autor, Andy Weir, tras la tibia recepción de su segunda obra larga, Artemisa.

Que los aficionados al género no apreciaran esa apuesta por la ciencia-ficción más hard le llevó a reiterar la jugada del científico atrapado en una situación límite, a priori con escasas posibilidades de supervivencia, que había planteado en El marciano.

De hecho, si allí se inspiró en los relatos de naufragio que han bebido de los hallazgos del Robinson Crusoe de Daniel Defoe, en su tercer libro decidió llevar ese paralelismo unos pasos más allá, claro que siempre en clave sci-fi. Por eso, a la hora de darle un compañero de aventuras a su protagonista, pasó de un nativo americano como Viernes a un extraterrestre rocoso, con cuerpo de araña, que le permitió conectar con la larga tradición de amistades interestelares que la cultura norteamericana sigue replicando desde E.T., el extraterrestre (1982) o Enemigo mío (1985).

De hecho, en la adaptación cinematográfica que supone Proyecto Salvación (2026), el guión de Drew Goddard deja bien claro qué es lo que le interesaba a sus dos máximos responsables, Phil Lord y Christopher Miller, del texto de Weir. Al fin y al cabo, sus casi 160 minutos de metraje pasan de puntillas por la subtrama relativa a la amnesia de Ryland Grace (Ryan Gosling), que estructura gran parte de la obra original, para acelerar al máximo posible la aparición del alienígena Rocky (voz original de James Ortiz).

No puede negarse que, desde luego, lo mejor del largometraje está en las interacciones entre ambos, sobre todo por la brillante decisión por parte de los directores de dar vida al extraterrestre a través de un grupo de marionetistas. Esa presencia física dota de personalidad, de entidad propia a sus movimientos, e informa a los responsables de los efectos CGI de cómo deben animarle, en lugar de lo contrario.

En todo caso, no hay que ser naif: la celeridad por hacerlo aparecer en pantalla también supone una clara jugada mercadotécnica. Al fin y al cabo, la criatura creada por Neal Scanlan ha sido diseñada para ser lo bastante cuqui como para robar un buen puñado de corazones infantiles.

‘Proyecto Salvación’ (Sony Pictures)

Pero es que el protagonismo de Gosling también tiene mucho de mercadotecnia. Al fin y al cabo, en el Hollywood contemporáneo, no hay muchas otras estrellas capaces de justificar por sí solas una producción de 200 millones de dólares. De ahí que ya no necesite transformaciones físicas como las que realizara para largometrajes como Lars y una chica de verdad (2007) o, antes de que lo sustituyeran por Mark Wahlberg, The Lovely Bones (2009).

Ahora son los proyectos los que se ajustan a él, y a esa vis cómica que se ha dedicado a explotar desde que Shane Black le sacara el máximo partido posible en la estupenda Dos buenos tipos (2016).

El problema está, como ocurría en El especialista (2024), cuando el actor pretende ser de forma simultánea Clark Kent y Superman. O interpreta a un perdedor o a un héroe de acción, y en Proyecto Salvación pretende hacerlo todo al mismo tiempo, sin apenas arco de personaje, con el beneplácito de Lord, Miller y Goddard. Lo cual, como es lógico, no funciona, porque lo que necesita Grace para cuajar no es carisma estelar: es humanidad, patetismo y un punto de soberbia. Como el Dustin Hoffmann de Perros de paja (1971).

Realmente, Lord y Miller son plenamente conscientes de que están haciendo una versión (más) mainstream de Interstellar (2014), así que rebajan la jerigonza científica de la novela de Weir (que por momentos, cabe reconocerlo, frenaba el ritmo de la narración) hasta el mínimo. Lo que hace Proyecto Salvación mucho más accesible para el gran público, muy especialmente el infantil, pero a cambio le resta peso específico a las numerosísimas encrucijadas científicas que Grace ha de resolver a lo largo de la novela.

Tanto es así, que el que seguramente sea el concepto más brillante de la misma, el de los astrófagos (y su cadena alimenticia) es explotado apenas de forma superficial, casi como un McGuffin para mover la trama adelante.

‘Proyecto Salvación’ (Sony Pictures)

Aunque el largometraje ha sido concebido para lucir en su máximo esplendor en salas IMAX, el director de fotografía, Greig Fraser, prefirió no usar las cámaras específicas del formato, grandes y ruidosas, sino una Alexa 65 que permitió a Lord y Miller buscar una cierta sensación de naturalidad. De ahí que la Hail Mary se construyera de forma íntegra como set cinematográfico, y que, en lugar de usar pantallas verdes y/o azules para mostrar el paisaje espacial, se prefiriera usar trucos más clásicos como las superficies negras.

Así, según Fraser, la iluminación resultante era más auténtica, y no quedaba desnaturalizada con la integración de los efectos CGI. Sus principales referencias visuales para retratar la ambientación interestelar fueron 2001: Una odisea del espacio (1968), Solaris (1972) y Alien, el octavo pasajero (1979). Por eso, en un intento de recuperar esa sensación orgánica, los responsables de Proyecto Salvación volcaron el metraje digital en celuloide para, luego, escanearlo y obtener así la versión definitiva que ha llegado a las salas de todo el mundo.