El primer largometraje de Eva Libertad ha llegado a salas después de llevarse el premio del público en la sección Panorama de la Berlinale, triunfar en el Festival de Málaga y protagonizar una de las sesiones más concurridas del Festival de Cine de Autor de Barcelona. Por Belit Lago

En 2021, la directora murciana sorprendía con un cortometraje sencillo en apariencia, pero profundo en su mensaje. Su hermana Miriam Garlo, fotógrafa y actriz, fue quien la inspiró en la escritura de Sorda, que se llevó múltiples premios y una nominación a los Goya.
Una pareja inmersa en un espacio bucólico se enfrenta al más común de los conflictos: las dificultades comunicativas. Y no solo porque Ángela sea sorda y Darío (Pepe Galera) oyente, sino porque la convivencia no es sencilla y, mucho menos, cuando el deseo de tener hijos aparece.
En 2024 varios relatos sobre la maternidad ocuparon las salas de cine. En España, hubo dos films que dieron mucho de qué hablar: Mamífera y Salve María. Dos películas dirigidas por autoras que quisieron representar distintas problemáticas que derivan de la enorme responsabilidad de traer a un ser humano al mundo.

La propuesta de Liliana Torres analizaba la presión social que sentimos las mujeres cuando nos acercamos a los cuarenta y todavía no somos madres. María Rodríguez Soto se enfrentaba, no solo a la mirada ajena, sino también a unas dudas y una culpabilidad propias, aunque impuestas por una sociedad que nunca se cansa de juzgar. En la terrorífica cinta de Mar Coll acompañábamos a Laura Weissmahr en el periplo neurótico de la depresión posparto, un tema injustamente invisibilizado que Elizabeth Sankey situaba en el centro de su documental Witches (2024), una interesante fusión entre testimonios reales y un análisis de la figura de la bruja a lo largo de la historia del audiovisual.
En lo que llevamos de año, Sorda ha sido una de las producciones españolas mejor recibidas, tanto por la crítica como por el público, y así lo avala su reconocimiento en el certamen malagueño, donde se llevó la Biznaga de Oro y dos ex-aequos para sus protagonistas: el de Miriam compartido con Ángela Cervantes por La furia (Gemma Blasco), y el de su hermano Álvaro Cervantes con Mario Casas por Molt lluny (Gerard Oms).
La potencia de este debut en el largo reside en su humildad, en esa falta de pretenciosidad a la hora de explicar una realidad desconocida para muchos, presentada desde la perspectiva más natural posible: la subjetividad de Ángela.

Recuperando a la protagonista del corto, esta trae consigo los miedos de antaño. ¿Qué significa ser madre para una mujer sorda? ¿Qué ocurre si hereda dicha condición? El temor a lo que pasará después se suma a los sobresaltos propios del embarazo y, por supuesto, al pánico de un parto medicalizado sin el privilegio de ser oyente.
Si bien las particularidades de Ángela atraviesan su cotidianidad de forma irremediable, la preocupación central del relato deriva de nuevo en querer mostrar la incapacidad de comunicarse entre ella y Héctor. Apostando por una mirada neutra, la directora relata de manera modélica la inevitable crisis de pareja que conlleva la necesidad de reubicarse en un espacio que se transforma, dando la bienvenida a un nuevo miembro de la familia, Ona.
Sorda propone un retrato concreto que sirve para representar a ese más de un millón de personas con discapacidades auditivas que residen en España. Una puerta a la visibilidad y también al entendimiento, utilizando los mecanismos cinematográficos para remover al espectador y, con suerte, incidir en aquellas actitudes excluyentes que tantas veces hemos adoptado por puro desconocimiento.