'Casa en flames' (VerCine) ha protagonizado, junto a 'El 47', el último ejemplo de este fenómeno.

El cine en lenguas cooficiales: ¿un fenómeno emergente?

marzo 27, 2025
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La confluencia de varios títulos de éxito en lenguas cooficiales nos invita a analizar su evolución y perspectivas de futuro en un mercado cada vez más competitivo. Por Álvaro Gómez Illarramendi

‘Casa en flames’ (VerCine) ha protagonizado, junto a ‘El 47’, el último ejemplo de este fenómeno.

Carlos Velo, director en 1936 del histórico documental Galicia, volvió del exilio en 1976 afirmando en gallego: “El día que vea una película en gallego con subtítulos en castellano será el día más bonito de mi vida”.

Pues bien, 33 años más tarde, en 2019, la premiada O que arde, exponente más exitoso del novo cinema galego, congregaba a 100.000 espectadores en salas de toda España con una propuesta de fuerte arraigo local y hablada en gallego; 35 años más tarde, en 2021, la comedia Cuñados apostaba por un estreno estatal de 120 copias, 30 de ellas en versión original subtitulada; y 36 años más tarde, en 2022, Rodrigo Sorogoyen obraba el milagro de atraer a 1 millón de personas al cine con su thriller ‘trilingüe’ As bestas, hablado en gallego, francés y castellano.

Nunca sabremos si estos datos hubieran satisfecho las aspiraciones de Velo, pero dan buena cuenta de la evolución que ha experimentado el cine en lenguas cooficiales, especialmente en los últimos años, hasta el hito que ha supuesto la sana rivalidad entre El 47 y Casa en flames por hacerse con el título de la película en catalán más taquillera de la Historia, galón que finalmente puede lucir la primera de ellas (4 millones de euros frente a 3 millones de euros, recaudaciones ambas excelentes), a la postre ganadora también del Goya a la Mejor Película, en un reconocimiento simultáneamente popular y académico que se ha vivido como el espaldarazo definitivo a la diversidad lingüística de nuestro cine.

‘O que arde’ (Numax Distribución)

Con todo, el camino hasta aquí del cine en lenguas cooficiales no ha sido, desde luego, nada sencillo, y no puede darse por concluido, ni mucho menos, mientras el sueño de Velo no se cumpla, al menos, en sus propios términos: ¿consume realmente el público español películas en lenguas cooficiales en su idioma original y con subtítulos? ¿Se han superado los prejuicios y las barreras comerciales que han dificultado históricamente la riqueza lingüística de nuestro cine?

La travesía en el desierto: el papel de la Administración Pública

La eclosión democrática de la Transición trajo consigo la reivindicación cultural y política de las lenguas distintas del castellano, lo que se tradujo en numerosos pronunciamientos a favor del papel que podía jugar el cine en la normalización lingüística y en el fomento de dichas lenguas. Sin embargo, y a pesar del éxito que cosecharon en aquellos años producciones catalanas como La ciutat cremada (1976: 1,5 millones de espectadores) o La plaça del Diamant (1982:500.000 espectadores), e incluso películas vascas como Erreporteroak, no puede hablarse de verdadera diversidad lingüística en los años 80 y 90.

A la combinación de diferentes factores (desde el desconocimiento del idioma por parte de los directores, sintomático de la diglosia que caracterizaba a territorios como el País Vasco, al miedo de una respuesta negativa por parte del público) debe sumarse la propia inacción, insuficiencia o torpeza de la Administración Pública, que no estableció este objetivo entre sus prioridades de acción cultural, relegándolo muchas veces a requisitos meramente formales y carentes de sentido, como la necesidad de “doblar” la película a la lengua cooficial respectiva (este era el caso de las subvenciones en Euskadi). Durante muchos años, solo las televisiones públicas, y principalmente en algunos géneros (animado, documental) sostuvieron la producción en lengua cooficial.

El escenario es muy diferente actualmente, como demuestra un somero repaso a la normativa vigente en materia de subvenciones e incentivos fiscales. Por ejemplo, el Reglamento de la Ley del Cine aumenta hasta el 80% el límite máximo de ayudas públicas (fijado como regla general en el 50%) de las obras audiovisuales rodadas íntegramente en alguna de las lenguas cooficiales distintas al castellano, medida que tiene su réplica en la ampliación de la intensidad máxima de las deducciones por inversiones en producciones audiovisuales de la Ley estatal del Impuesto sobre Sociedades y en las normas correspondientes de los territorios forales. Sobre el concepto “íntegramente”, debe entenderse que se permite un uso solo residual del castellano.

La indeterminación de ese requisito y la realidad que analizaremos en los apartados siguiente plantean algunas dudas, de modo que Administraciones como la guipuzcoana (en su reciente Orden Foral interpretativa 75/2025) han optado por establecer porcentajes específicos de uso de la lengua cooficial (en ese caso, del 85%), excluyendo explícitamente prácticas como los rodajes multilingüe que pueden derivar finalmente en la distribución en castellano de la película.

Adicionalmente, el Proyecto de Ley del Cine y de la Cultura Audiovisual, actualmente en tramitación, crea un fondo de ayudas o créditos específicos para atender al fomento y protección del uso, no solo de las lenguas oficiales distintas al castellano, sino también de las lenguas reconocidas estatutariamente de las comunidades autónomas, lo que incluiría el bable o el aranés.

Por su parte, la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que obliga a los prestadores del servicio de comunicación audiovisual televisiva a destinar el 5% de sus ingresos de explotación a financiar obras audiovisuales europeas, establece que el 60% de la financiación debe destinarse a la producción de películas de cine y, a su vez, el 60% de dicho porcentaje a obras en alguna de las lenguas cooficiales de España, porcentajes que se incrementan, en el caso de entidades de titularidad pública, al 75% y 60% respectivamente.

‘Irati (Filmax)

Como vemos, es indudable la conciencia que la Administración Pública ha obtenido de su rol necesariamente activo en la promoción audiovisual de las lenguas cooficiales, lo que se refleja en un compromiso normativo y financiero cada vez más palpable.

Los datos de producciones y rodajes: desequilibrios territoriales y efectos no deseados

Pese al contexto normativo cada vez más favorable que hemos reseñado en el punto anterior, los datos del Instituto del Cine (ICAA) apuntan a que aproximadamente tres de cada cuatro películas producidas o coproducidas en España se ruedan en castellano, con una clara preeminencia del catalán dentro del 25% restante. No en vano, Barcelona constituye el segundo centro de producción audiovisual en España. En 2020, por ejemplo, del total de 223 películas rodadas, 161 fueron en castellano, 15 en catalán, 9 en valenciano, 6 en euskera, 5 en gallego y una en asturiano.

La tendencia del uso de todas las lenguas cooficiales es indudablemente al alza, pero no puede negarse la importancia que tiene la existencia previa de una industria sólida y de una masa crítica de recursos y espectadores, elementos que concurren en Cataluña más que en ningún otro sitio.

Por ello, no es de extrañar, aunque debería incitar a la reflexión, que las producciones catalanas hayan concentrado el 69,77% de las ayudas otorgadas entre 2022 y 2023 por el Ministerio de Cultura para fomentar el cine en las lenguas cooficiales a través de un fondo extraordinario, muy por delante de la Comunidad Valenciana (11,5%), Galicia (9,9%), País Vasco (6,9%), Baleares (1,1%) y Navarra (0,81%).

‘Estiu 1993’ (Avalon)

Como también debería incitar a la reflexión que la mayor parte de los rodajes realizados en el País Vasco gracias a sus incentivos fiscales no se desarrollen (en ninguna medida, o en su mayor parte) en la lengua cooficial, aspecto que merece también una evaluación del uso y finalidad de dichos incentivos, en línea con lo apuntado en el apartado anterior.

Implicaciones del uso de la lengua cooficial: ¿repelente o imán del público?

Más allá de estímulos públicos e industrias preestablecidas, lo cierto es que el cine en lenguas cooficiales, como cualquier otra propuesta cinematográfica, fiará su éxito al grado de conexión con el público. Y aquí se plantean dos cuestiones esenciales: por un lado, cómo afecta a su distribución fuera del territorio de origen el estreno doblado o en versión original subtitulada, y, por otro lado, si el uso de una lengua cooficial reduce el alcance de público objetivo de la película.

Respecto a la primeras de las preguntas, hay que destacar que, de forma paralela al uso de las lenguas cooficiales, se advierte en el público español una predisposición cada vez más positiva al consumo audiovisual con subtítulos. Desde luego, una decisión tan natural como la que tomó Ventura Pons en los 90 (a saber, estrenar en Madrid una versión doblada al español y otra al catalán con subtítulos en castellano de El porqué de las cosas, opción que repetiría en sus películas posteriores) no sería noticia como lo fue en su momento, pues esa es la dinámica habitual hoy en día, si bien con un clara ventaja todavía a favor del doblaje, que puede llegar a suponer el 90% aun en de este tipo de estrenos.

Existe, además, la impresión extendida de que el doblaje de lenguas cooficiales presenta especial dificultad, quizá por la familiaridad de los espectadores con las voces de los actores/actrices, que no siempre se doblan a sí mismos (o se doblan sin la oportuna preparación técnica), de modo que el riesgo de una sensación de artificio parece agravarse.

Ya sea por esas cuestiones prácticas, o por la convicción de lo relevante y enriquecedor del intercambio lingüístico, hay que seguir dedicando esfuerzos a derribar los prejuicios que aún hoy lastran el consumo en versión original, por culpa de los cuales muchos espectadores prefieren no acceder a muchas obras que podrían ser de su interés.

Esa es precisamente una de las razones por las que algunos sostienen que el uso de lenguas cooficiales reduce de partida el público objetivo de una película, hasta el punto de provocar que el 80% de su taquilla se concentre en su territorio de origen. Los datos de los más recientes éxitos en lenguas cooficiales no avalan un porcentaje tan alto, aunque es evidente que la mayor cercanía e identificación potencial del público incentivarán la recaudación en esos territorios.

Desde luego, ha habido fenómenos casi exclusivamente locales, como la gallega A esmorga, adaptación de un clásico de su literatura que logró 37.000 espectadores en Galicia en 2014 (un rotundo éxito) y solo 9.000 más en el resto del Estado, o la más reciente Irati, un ambicioso cruce de la mitología vasca y el género de ‘espada y brujería’ que logró superar a muchas superproducciones de Hollywood en la taquilla vasca, donde hizo el 57% de un monto total que finalmente no alcanzó el millón de euros.

No obstante, con independencia de estos casos un tanto agridulces que presentan características singulares, lo cierto es que un éxito muy localizado se suele replicar (con menor intensidad) en el conjunto del Estado.

Cartel de ‘La plaza del diamante’, uno de los primeros casos de éxito.

Así, por ejemplo, aunque las dos películas de Carla Simón (Estiu 1993 y Alcarrás) hicieran, respectivamente, el 75% y el 60% de su taquilla en Cataluña, nadie pone en dudas las muy meritorias cifras totales que suponen los 1,15 y 2,4 millones de euros recaudados por cada una de ellas en el conjunto del Estado. Algo parecido a lo que ocurrió con 20.000 especie de abejas y el boca a boca en el sector adulto cinéfilo de toda España que la encumbró al millón de euros. Además, en otros casos como As bestas o El 47, la recaudación ha estado mucho más repartida, sin perjuicio de que las cifras hayan sido aún más destacadas en Galicia y Cataluña.

Al fin y al cabo, no hay evidencia alguna de que exista un rechazo deliberado (de haberlo en algún espectador, entraríamos en el campo de la patología) a una película hablada en una lengua cooficial, por lo que, sin perjuicio de que la abundancia de cine de autor en este campo pueda dificultar su recorrido comercial (o potenciarlo en ese nicho), ningún daño hace “triunfar en tu tierra”. En todo caso, lógicamente, sería al contrario. Y así llegamos a nuestro último punto.

La importancia de una buena historia: de lo local a lo universal

En el reciente debate económico FOCUS ON, ‘Del plató en el mundo: el
futuro del audiovisual en Catalunya’, que ha reunido a las figuras más destacadas del sector audiovisual catalán, Tinet Rubira respondió en los siguientes términos a la cuestión sobre el posible freno que el catalán puede representar de cara a la internacionalización del cine producido en Cataluña: «A nivel de creatividad, para que un formato circule por el mundo, tiene que ser líder en su territorio. Para ser universal, primero tienes que ser local. Cada vez que se ha hecho un intento a nivel internacional de pensar en un formato que guste todos los mercados, siempre ha fracasado».

‘Cuñados’ (Filmax)

En un sentido similar, el productor de Cuñados Alfonso Blanco comentaba en una entrevista, con ocasión de su estreno, que «lo que aprendes con el tiempo es que sólo se alcanza un grado adecuado de naturalidad y autenticidad en una película si aplicas a cada historia su propia lengua”.

La evidencia se impone: la clave de una película de éxito es su capacidad para contar con fuerza y credibilidad una historia, en la que el contexto lingüístico y cultural adecuado puede tener una importancia fundamental.

No nos engañemos: las ayudas públicas y los incentivos de toda clase no funcionarían si directores, intérpretes y guionistas de gran talento no hubieran apostado por contar sus historias en la lengua que les era propia. Ojalá sigan haciéndolo sin miedo a la taquilla, porque esta sabrá premiar la verdad, la valentía y la honestidad de las propuestas de calidad. Carlos Velo puede estar tranquilo.