La nominación de Sirat al Oscar a Mejor Sonido es todo un reconocimiento a la potencia sonora de la película y, además, marca dos grandes logros para la industria española. Es la primera vez en la historia de los premios que España está nominada en la categoría de sonido y, además, también es la primera vez en la Historia de los galardones que son tres mujeres las nominadas: Amanda Villavieja (sonido directo), Laia Casanovas (diseño de sonido) y Yasmina Praderas (mezcla). Las tres nos cuentan cómo fue el proceso de construir el universo acústico del largometraje. Por Sara Rodríguez Martín

La candidatura al Oscar reconoce un proceso creativo complejo en el que cada decisión sonora contribuye a guiar la mirada —y la escucha— del espectador.
En este reportaje, las nominadas desvelan cómo se diseñó ese paisaje sonoro, los retos técnicos y artísticos que afrontaron y qué supone este reconocimiento internacional tanto para la película como para las mujeres que trabajan en el ámbito del sonido audiovisual.
La búsqueda de una experiencia inmersiva a través del sonido
El diseño de sonido de Sirat parte de una intención clara: sumergir al espectador en una experiencia sensorial total, en la que el sonido no ilustre la acción, sino que forme parte esencial del relato.
Según explica Laia Casanovas, desde las primeras fases del proyecto el equipo se propuso “crear una experiencia cinemática, inmersiva e hipnótica en la que provocáramos un viaje emocional en el espectador”.
Para lograrlo, la estrategia consistió en diluir las fronteras tradicionales entre música, efectos y ambiente, integrándolos en una única materia sonora.
“Queríamos crear una experiencia cinemática, inmersiva e hipnótica en la que provocáramos un viaje emocional en el espectador”, dice Laia Casanovas, que añade que la estrategia consistió en diluir las fronteras tradicionales entre música, efectos y ambiente
Para Yasmina Praderas, mezcladora de Sirat, el planteamiento sonoro de la película partía de una idea clara: el sonido debía ser un vehículo narrativo y emocional, no un mero acompañamiento. “Sirat es una película que conduce el sonido a través de la narración”, explica.
El reto, explica Praderas, fue encontrar el equilibrio entre expresividad y realismo. “Es un sonido trabajado de una forma muy expresiva pero siempre buscando una autenticidad y con fuentes orgánicas”. Ese enfoque permitía acompañar el recorrido de la historia, que avanza desde lo colectivo hacia lo íntimo.
“Va desde la experiencia colectiva de la comunidad ravera hasta lo más individual, al propio ser del personaje, a los miedos o la pérdida”, indica.
La propuesta sonora de Sirat se definió desde antes del rodaje. Para Amanda Villavieja, el proceso comenzó con un análisis detallado del guion y de las localizaciones técnicas, fundamentales para anticipar las necesidades del sonido directo.
Según explica, “los guiones de las películas de Oliver describen siempre de forma detallada las intenciones sonoras de sus escenas”, señala. En Sirat, además, existía una premisa clara: reforzar la dimensión de aventura a través del sonido.
El icónico desierto de la película y los retos que supuso durante el rodaje
La estética sonora se diseñó en consonancia con la textura visual del filme, rodado en 16 milímetros. “Buscábamos que el sonido también tuviera ese grano”, explica Laia Casanovas.
Para ello, se realizaron grabaciones específicas que incorporaran imperfecciones, vibraciones y ruido, evitando un acabado excesivamente pulido. “Queríamos que hubiera estos mismos movimientos de cuando la imagen tiembla, que el sonido sea afilado, rugoso”.
El desierto planteó retos técnicos considerables. El viento y la arena en suspensión fueron los principales obstáculos. “Hemos realizado grabaciones con vientos muy fuertes e incluso hemos vivido tormentas de arena mientras estábamos grabando”, recuerda Amanda Villavieja.

Sin embargo, esa misma austeridad sonora ofrecía ventajas narrativas: un entorno con pocos estímulos permite que cada sonido adquiera mayor relevancia. “Cuando el paisaje sonoro está tan vacío, unos pocos elementos toman el protagonismo”.
Para capturar ese universo acústico se empleó un equipamiento especializado de alta gama. El equipo utilizó una grabadora Sound Devices Scorpio, microfonía Schoeps —modelos CMIT y CMC-6 con cápsulas MK41— para diálogos, transmisores inalámbricos Sound Devices A-20 mini con cápsulas DPA, así como sistemas específicos para atmósferas, entre ellos una pareja MS Schoeps MK4/MK8 y un micrófono ambisónico RODE NTSF-1.
La mítica escena de la rave
Entre los principales retos técnicos, Praderas destaca la construcción de transiciones largas y complejas al servicio del arco emocional. La música de la rave evoluciona progresivamente desde una fuente localizada hasta convertirse en un entorno que envuelve al espectador. “Es un muro de sonido donde debemos trabajar técnica y artísticamente para que ese ambiente se integre dentro de la película”, explica.
En la primera parte, el paisaje se construye desde el realismo, con presencia de fauna, insectos y viento con capas de vegetación. “El espacio está un poco más habitado”, resume Casanovas. Sin embargo, conforme avanza la trama, esos elementos desaparecen y el desierto pierde referencias concretas.

“Para reforzar este viaje emocional, el sonido del desierto se convierte en algo mucho más conceptual”, explica la diseñadora de sonido. El resultado es un espacio abstracto, casi simbólico, que acompaña el tránsito de lo colectivo a lo individual. “Pasa a ser un no lugar, sino un viaje mucho más interior”. Al tratarse de un evento real, el sonido directo de las secuencias con música no podía utilizarse tal cual y tuvo que reconstruirse posteriormente.
“La idea fue buscar las distintas sonoridades, llegando a realizar captaciones de sonido con micrófonos de contacto en los altavoces. Antes y después de que se inicie el baile en el dancefloor, el trabajo del directo consiste en la grabación de distintas secuencias como la irrupción de los militares, así como la búsqueda de ambientes de gente mientras no hay música”, explica.
Laia Casanovas también subraya la importancia de los cambios abruptos en determinados momentos dramáticos. En escenas de duelo o pérdida, el sonido puede cortarse de forma repentina para reflejar la experiencia interior del personaje. Estas decisiones combinan precisión técnica y sensibilidad narrativa, una característica que, según Praderas, define el proyecto como la unidad entre lo artístico y lo técnico.
Además, la mezcla debía reflejar esa transición. En la secuencia inicial de la rave, el sonido se concibe como una masa envolvente que reproduce la vivencia de los asistentes. “Buscamos colocar el mundo de la música como si fuera un muro, que es como lo vive la cultura raver”, indica.
Inmersión tridimensional con Dolby Atmos
La película fue concebida desde el inicio para un sistema de sonido envolvente avanzado. El uso de Dolby Atmos permitió construir un espacio tridimensional en el que cada elemento sonoro ocupa una posición precisa y dinámica. Para Yasmina Praderas, como mezcladora, su trabajo comienza cuando ya existen todas las piezas sonoras: el sonido directo, el diseño, los efectos y la música. “Yo me encuentro con el trabajo de Amanda, el de Laia y las músicas… con esos ingredientes hago un pastel”, resume.
A partir de ahí, modela el resultado final mediante herramientas espaciales y dinámicas, especialmente el sistema inmersivo Dolby Atmos, que permite situar cada fuente en un entorno tridimensional.

“Es un sonido que tiene muchas capas y todas ellas repartidas dentro del espacio tridimensional de una sala”, añade Casanovas. El objetivo no era únicamente aumentar el volumen o la espectacularidad, sino generar una sensación de presencia física.
La mezcla se realizó en TransPerfect Studios, un estudio equipado con sistema Atmos. Praderas destaca tanto la calidad acústica de la sala como el apoyo del coordinador Jaume Puig, factores que facilitaron un proceso de trabajo intensivo.
Un reconocimiento con doble dimensión histórica
La candidatura al Oscar tiene un significado especial tanto por su dimensión de género como por su impacto industrial. Por primera vez, todas las nominadas en la categoría de sonido son mujeres, y además españolas.
Para Villavieja, se trata de un hito esperanzador para el sector. “Supone un gesto esperanzador para que deje de ser algo inhabitual”, afirma, destacando que el reconocimiento también reivindica a numerosas profesionales del sonido con trayectorias consolidadas.
Aunque considera que la visibilidad en este ámbito sigue siendo limitada, observa avances en España, donde cada vez se conocen más nombres femeninos en la industria. En su opinión, la nominación internacional contribuye a esa visibilización colectiva. “Nos visibiliza a todas y a todos”, concluye.
“Hemos grabado con vientos muy fuertes e incluso vivido tormentas de arena. Cuando el paisaje sonoro está tan vacío, unos pocos elementos toman el protagonismo” (Amanda Villavieja)
Para Casanovas, el anuncio fue “un notición” y un honor, pero también una oportunidad para visibilizar a generaciones anteriores. “Ha habido muchas mujeres por delante nuestro trabajando que han ido abriendo el camino”, afirma. Considera especialmente importante el efecto inspirador que puede tener en futuras profesionales: “Si alguna chica se está pensando estudiar sonido y ve este referente, puede decir que sí hay mujeres trabajando”.
Casanovas menciona que siempre ha habido mujeres en el sector, pero su número era limitado y raramente ocupaban puestos de responsabilidad. Con frecuencia, señala, se concentraban en áreas de apoyo como edición de diálogos, foley o microfonía, sin acceder a jefaturas de departamento.
Praderas atribuye parte de esta evolución a políticas públicas que han favorecido la igualdad de oportunidades y la visibilidad. Por ello considera especialmente valioso poder convertirse ahora en modelo para nuevas generaciones. Aun así, advierte de que el camino hacia la igualdad plena no está completado. A su juicio, todavía persiste la tendencia a destacar el género por encima de la profesión.
“Soy una técnica profesional que ha hecho este trabajo, no pongas el género por delante para definir”, reivindica. Confía, no obstante, en que la nueva generación avance hacia un entorno donde esa distinción pierda relevancia.
En conjunto, el trabajo de Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas demuestra hasta qué punto el sonido puede convertirse en una herramienta narrativa decisiva y no solo en un complemento técnico. Más allá del resultado en los premios, la candidatura supone un reconocimiento internacional al nivel técnico del audiovisual español y un impulso para la visibilidad de las profesionales del sonido.