La cinematografía latinoamericana está atravesando una etapa de crecimiento en el panorama internacional, un auge que resulta evidente con su presencia en los grandes festivales y mercados. Cada región cuenta con su propia visión, lenguaje y modelos de producción, una diversidad que resulta clave. Hablamos con representantes de dos entidades de promoción: Gabriela Sandoval, Codirectora de CinemaChile y Directora de la Asociación de Productores de Cine y Televisión (APCT) de Chile; y Carlos Moreno, Director de Promoción de Proimágenes Colombia, para conocer más a fondo el estado actual del audiovisual latinoamericano —y de sus regiones en particular—, así como los retos a los que se enfrentan ahora que su alcance toma un rumbo internacional. Por Sara Rodríguez Martín y Carlos Aguilar Sambricio

Para Gabriela Sandoval, el momento actual en el que se encuentra el audiovisual latinoamericano responde a una evolución sostenida en el tiempo. “Creo que el cine latinoamericano está en un momento muy interesante, no necesariamente fácil, pero sí muy vivo”, afirma, aunque no es la única en realizar una lectura positiva de la situación.
Carlos Moreno ofrece una lectura amplia del momento, señalando como evidencia “la presencia constante, y cada vez más relevante, de películas de la región en festivales como Berlín, Cannes, Karlovy Vary, Toronto o San Sebastián”. En estos espacios, añade, las obras no solo participan, sino que “también son premiadas y ampliamente reconocidas por la crítica internacional”.
Además, según detalla Gabriela Sandoval, esta vitalidad es una respuesta a la emergencia que suponen las nuevas generaciones de profesionales, que son quienes están redefiniendo las formas de pensar y producir cine. En este sentido, destaca que “hay una generación de cineastas, productores y productoras que está pensando las películas desde lugares muy diversos, con una identidad muy fuerte que dialoga con las audiencias globales sin perder lo local”. Esta doble dimensión local y global se traduce en uno de los ejes centrales del actual desarrollo del cine latinoamericano.
“Lo verdaderamente interesante en el cine latinoamericano es la diversidad de voces que están emergiendo. Hoy vemos cinematografías provenientes de Centroamérica, el Caribe y otras regiones dialogando con industrias más consolidadas del continente” (Carlos Moreno, Proimágenes Colombia)
Más allá de los reconocimientos, Moreno pone el foco en un fenómeno estructural: la ampliación del mapa cinematográfico de la región. “Lo verdaderamente interesante es la diversidad de voces que están emergiendo”, explica. En particular, destaca la irrupción de cinematografías procedentes de territorios históricamente menos visibles: “Hoy vemos cinematografías provenientes de Centroamérica, el Caribe y otras regiones dialogando con industrias más consolidadas del continente”.
Historias de riqueza cultural y expansión internacional
Como bien señalaba Moreno, la mayor parte de la riqueza del audiovisual latinoamericano se debe a su diversidad estructural y creativa, algo que también destaca Sandoval: “América Latina no está intentando responder a una sola idea de contenido o producción, sino que conviven cinematografías muy distintas, con modelos de producción diversos, con búsquedas arriesgadas y con historias profundamente conectadas a sus territorios”, explica. En su análisis, esta diversidad constituye una de las principales fortalezas del cine latinoamericano en la actualidad.
Este proceso no solo amplía la representación geográfica, sino que cuestiona los marcos tradicionales. “También cuestiona la idea de que existe una única identidad cinematográfica regional”, subraya a su vez el Director de Promoción de Proimágenes.
El caso chileno
Según explica Sandoval, “el cine chileno ha logrado construir un lugar propio en el mapa internacional, principalmente desde la identidad creativa”. En este sentido, subraya que “Chile exporta miradas: voces con una perspectiva muy particular, conectadas con sus territorios, con su memoria y con miradas profundamente humanas que responden también a temas sociales e históricos”.
La directora de APCT y CinemaChile también considera como rasgo distintivo de las producciones de su país la capacidad para conectar lo particular con lo universal.
De este modo, historias específicas logran abrir debates más amplios sobre cuestiones como la familia, la memoria, el deseo, los derechos humanos, la comunidad, el territorio, la identidad o el futuro.

A esta dimensión temática se suma una amplia diversidad formal. “Hay un cine chileno que se mueve con mucha libertad entre ficción, documental, animación, cine de autor, propuestas híbridas y nuevas formas narrativas”, apunta Sandoval. Esta versatilidad, junto con “esa búsqueda constante, ese riesgo creativo y esa manera propia de mirar el mundo”, ha sido clave para el reconocimiento internacional de su cinematografía.
El caso colombiano
Para Moreno, “intentar definir un único aporte del cine colombiano puede ser limitante, porque justamente uno de sus mayores valores hoy es la diversidad”. No obstante, identifica algunas tendencias clave. Entre ellas, destaca “el surgimiento de voces provenientes de comunidades indígenas y territorios históricamente marginados”. Estos creadores, añade, no solo aportan nuevas historias, sino también nuevas formas de hacer cine: “están proponiendo otras formas de producción, lenguajes narrativos distintos y maneras diferentes de relacionarse con sus comunidades”.

El reconocimiento internacional de estas propuestas confirma su relevancia, aunque Moreno matiza el alcance de estos logros. “Más allá de los premios, lo importante es que están ampliando la noción misma de lo que entendemos por cine colombiano”, explica. En paralelo, destaca el perfil de los cineastas actuales: “resaltaría su tenacidad y su capacidad de seguir explorando un país complejo, aún atravesado por múltiples tensiones”.
Otro aspecto relevante, apunta, es la reflexión sobre los modelos de producción. “Hay una conciencia cada vez mayor sobre la necesidad de repensar las escalas de producción”. En este sentido, insiste en que “el valor de una película no está necesariamente ligado a su presupuesto, sino a la potencia de su propuesta”, una idea que refuerza el peso del enfoque creativo frente a los recursos económicos.
El audiovisual latino en Cannes 2026
Chile y Colombia asistieron, junto a otros muchos países latinoamericanos, a varias de las secciones y eventos colindantes al Festival de Cannes, como es, por ejemplo, el Marché du Film. Para Sandoval, “en Cannes, Chile llegó con una presencia que confirma la consistencia de su cinematografía”. Además, insiste, la participación chilena en el festival es “la confirmación del buen estado del audiovisual nacional que ha logrado instalarse sostenidamente en los espacios más relevantes del circuito internacional”.

Por su parte, Moreno destaca la presencia de Colombia tanto en el terreno artístico como en el industrial. Señala una obra concreta, Pelotón Trueno de Theo Montoya, seleccionada en la Competición Oficial de Cortometrajes. “Montoya es, sin duda, una de las voces más singulares del cine colombiano actual”, subraya.
En paralelo, la dimensión industrial de Colombia contó con una “delegación diversa y activa”, según destaca Moreno, señalando la presencia de profesionales en espacios como Cannes Docs, el Fantastic Pavilion o el Taller de Coproducción del CNC.
Desde CinemaChile y APCT, Sandoval describe la presencia de Chile en el certamen como una estrategia coordinada que “visibiliza la fuerza de un sistema creativo que año a año, sigue consolidando una voz propia y única en el mundo”.
El gran reto que supone impulsar el audiovisual latinoamericano
Pese al momento tan bueno en el que se encuentran las producciones latinoamericanas, los retos estructurales siguen siendo determinantes. “El principal reto sigue siendo la circulación”, advierte Sandoval. En concreto, señala que “América Latina produce obras muy potentes, pero muchas veces esas películas no logran encontrarse con sus públicos de manera sostenida, ni dentro de sus propios países ni entre países de la región”. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de reforzar tanto las políticas públicas como la implicación del sector privado.
“Creo que el futuro del cine latinoamericano depende de sostener una tensión: seguir siendo profundamente local y, al mismo tiempo, cada vez más capaces de dialogar con el mundo” (Gabriela Sandoval, CinemaChile)
Moreno concuerda y añade que “a pesar de la riqueza de nuestras cinematografías, seguimos sin vernos lo suficiente”. Un problema vinculado a factores estructurales: “redes de exhibición limitadas, centralización de la oferta cultural y falta de sostenibilidad en espacios alternativos”, explica.
El ámbito de la financiación constituye otro de los grandes desafíos. “Producir cine independiente en la región sigue siendo complejo, con fondos limitados o intermitentes”, explica Sandoval. En este contexto, la articulación de coproducciones, incentivos y alianzas internacionales se presenta como una vía imprescindible para garantizar la sostenibilidad del sector. A ello se suma la necesidad de avanzar en la integración regional.

“Tenemos muchas afinidades culturales, lingüísticas e históricas, pero todavía nos falta más circulación real entre nuestros países, más acuerdos, más redes de exhibición, más trabajo conjunto entre productores, distribuidores, festivales, salas y plataformas”, afirma.
Ante esta situación, Moreno plantea la necesidad de cambios profundos. “Es fundamental consolidar circuitos de exhibición más diversos y descentralizados que permitan que estas películas encuentren a sus públicos”, subraya.
En paralelo, identifica otro reto clave: el desarrollo de audiencias. “Esto pasa necesariamente por la educación en imágenes: formar espectadores capaces de dialogar con la diversidad estética y narrativa del cine latinoamericano”, explica. Sin este proceso formativo, advierte, resulta difícil garantizar la continuidad del sector.
En última instancia, Sandoval plantea el futuro del cine latinoamericano como un equilibrio entre dos fuerzas complementarias. “Creo que el futuro del cine latinoamericano depende de sostener esa tensión: seguir siendo profundamente local y, al mismo tiempo, cada vez más capaces de dialogar con el mundo”, concluye.
Este equilibrio, entre identidad y proyección internacional, se perfila así como uno de los elementos clave para el desarrollo de una industria que, pese a sus desafíos, continúa consolidándose como una de las más dinámicas y diversas del panorama global.