Aunque muchos sitúan a las majors de Hollywood frente a su momento más delicado, lo cierto es que las grandes productoras llevan desde los años 90 afrontando cambios disruptivos. Con el inminente CineEurope 2025, analizamos la evolución de los grandes estudios y su presente y futuro. Por Álvaro Gómez Illarramendi

Ante los irregulares resultados de taquilla y el aparente cambio de paradigma que ha traído la época post-covid al sector cinematográfico, muchos se preguntan por la incidencia que ello puede tener en la estrategia y los resultados de los grandes estudios de Hollywood, baluartes centenarios de una industria en evidente transformación.
Sin embargo, las majors del cine, que a comienzos de los 90 conformaban el famoso Big 6 (Disney, Warner Bros., Universal, Paramount, 20th Century Fox y Sony Pictures), llevan décadas adaptándose a un escenario cambiante cuyo ritmo de evolución, cierto es, se ha acelerado en los últimos años, hasta el punto de perder, por el momento, a uno de sus miembros.
Los años 90: nostalgia por un pasado… ¿idealizado?
No en vano, poco queda de aquel modelo de éxito basado en estrenos masivos en salas y campañas de marketing tradicionales, que alcanzara su cénit en los 90, era dorada del blockbuster, con la taquilla como principal fuente de ingresos, y ventanas de distribución claramente definidas en la secuencia gran pantalla – vídeo doméstico – TV por cable – televisión abierta.
Sin embargo, aquellos años 90 fueron testigos de notables avances tecnológicos y decisiones estratégicas cuya influencia llega hasta nuestros días: desde la apuesta decidida (sobre todo, de Disney y Warner) por la explotación de licencias y parques temáticos como extensiones de su propiedad intelectual, a la proliferación del consumo doméstico (en virtuosa convivencia entonces con la asistencia a las salas), pasando por el creciente peso de la taquilla internacional (no estadounidense) y la emergencia de un cine comercial “de autor” inmejorablemente representado por el éxito de Disney, a través de su división Miramax, con las películas de Quentin Tarantino.
El cambio de siglo: las señales de una nueva era
El comienzo del siglo XXI apuntaló algunas de dichas tendencias, con la llegada del DVD convirtiéndose en un gran motor de beneficios para estudios, y alimentó determinadas tácticas de rentabilidad, como la búsqueda películas-evento (tentpoles), de amplio presupuesto y enormes campañas publicitarias, que sostengan por sí mismas el año financiero de la productora.
Así, Warner Bros. logró fortalecerse con Harry Potter, Sony prosperó con Spider-Man y expandió Columbia y TriStar, Universal triunfó con Bourne y Fast & Furious y Paramount revivió gracias a Transformers y a su vinculación temporal con DreamWorks.

La irrupción de la animación 3D cogió a Disney con el pie cambiado, hasta que su histórica adquisición de Pixar en 2006 por 7.400 millones de dólares marcó el comienzo de su política agresiva de concentración, característica de los mercados oligopolísticos, que se tradujo en las compras estratégicas de Marvel (2009), Lucasfilm (2012) y 21th Century Fox (2019), lo que supuso una ampliación sobresaliente de su catálogo y un vehículo indudable de diversificación de ingresos.
Los 2010: los viejos actores se hacen más grandes… y emergen nuevos rivales
La conversión de Fox en una división de Disney es solo uno de los imprevistos hitos históricos de una década (2010-2019), marcada por el nacimiento de las plataformas de streaming Video on Demand (cuyo potencial disruptivo tardó en intuirse), el fracaso del Blu-ray en reemplazar al DVD como gran estándar y en la consecución de cifras récord de taquilla, sustentadas en la explotación de “franquicias” (casi “universos propios”) que atraigan a audiencias globales y permitan centrar la programación en secuelas, precuelas y spin-offs.
La pandemia, aceleradora de cambios inevitables
La celebración de las cifras de recaudación de 2019 se vio abruptamente truncada por el impacto sin precedentes de la pandemia de COVID-19, que obligó a los estudios a adaptarse rápidamente, acelerando la adopción de modelos de distribución digital y replanteando las estrategias de producción y lanzamiento.
En esta línea, Disney lanzó Disney+, Warner Bros. presentó HBO Max y Paramount introdujo Paramount+, intensificando su procedimiento de integración vertical para controlar la distribución y monetización de sus contenidos, responder a las nuevas preferencias de los consumidores (según un estudio de Audiense, el 64% de los estadounidenses prefieren ver películas en casa) y hacer frente a la competencia de Netflix, pionera en esa ‘ventana’, y Amazon.

Además, la creciente popularidad de los incentivos fiscales a la producción cinematográfica dentro de la política de fomento empresarial y turístico de muy diversos países ha hecho perder a California su condición de polo de atracción preponderante de la industria, contribuyendo a un ecosistema cinematográfico mucho más global y, por tanto, plural.
Las majors frente a su espejo: una historia de éxitos… y algún fracaso
A nivel individual, Disney ha logrado un liderazgo basado en la explotación de las muy diversas patentes que le ha granjeado su política de adquisiciones corporativas, lo que se tradujo en su dominación del mercado en 2019 (35% de la taquilla mundial), posteriormente más atenuado, aunque igualmente sólido (22% en 2023).
Paralelamente a su éxito en salas, muy dependiente, eso sí, de franquicias históricas, ha logrado afianzar su oferta de streaming con una plataforma que ya cuenta con más de 120 millones de suscriptores en el mundo. Disney sabe aprovechar los incentivos fiscales de países como Reino Unido y Australia, y extiende su producción por Asia y Europa.

Por su parte, Warner Bros. Discovery (que logró un 13% de la cuota de mercado global en 2023) ha centrado su estrategia en consolidarse tras la fusión con Discovery, apostando por contenido premium y orientando su plataforma de streaming, Max (antes HBO Max), a un público adulto con un catálogo exclusivo.
La fusión no ha estado exenta de críticas y desafíos de todo tipo (desde la asunción de una importante deuda a las preocupaciones por la identidad de marca), si bien se espera sea una buena apuesta de futuro, que contrarrestre el errático devenir de divisiones como DC Studios.
En cuanto a Universal Pictures (NBCUniversal), su estrategia se ha centrado en rentabilizar y ampliar sus franquicias de éxito como Fast & Furious, Jurassic World o la división animada de Illumination. Ha innovado con estrenos simultáneos en cines y en su plataforma Peacock, según la estrategia de cada título.
La compañía se beneficia de incentivos fiscales en Europa y logró un sólido rendimiento en taquilla en 2023, alcanzando un 14,5% de cuota de mercado global.
Las perspectivas no son tan halagüeñas para Paramount Global, que pese a la exitosa revitalización nostálgica de títulos como Top Gun: Maverick, afronta pérdidas estructurales significativas, incluyendo más de 5.400 millones USD en 2024 y una reducción del 15% de su plantilla.
Su anunciada fusión con Skydance Media sigue en curso, mientras que su plataforma Paramount+ enfrenta problemas técnicos pese a tener más de 70 millones de suscriptores. En 2023, su cuota de mercado fue del 9,5% global.

Al contrario que las anteriores, Sony Pictures opera sin una plataforma de streaming propia, enfocándose en alianzas estratégicas con Disney y Netflix. Su principal activo es la franquicia de Spider-Man, desarrollada en conjunto con Marvel, cuyo título No Way Home logró 1.900 millones de dólares en taquilla.
Sony sigue un modelo descentralizado de producción, utilizando ampliamente incentivos fiscales en Europa del Este y Canadá, con un 11% de cuota global en 2023.
Por lo que se refiere a los estudios medianos e independientes, también conocidas como mini-majors, (Lionsgate, A24) su especialización en franquicias de tamaño medio como John Wick y Los juegos del hambre, o en cine de género y autor, se ha revelado muy rentable.
Mantienen costes controlados mediante coproducciones internacionales y venta de derechos a plataformas. En conjunto, lograron una cuota de mercado del 7% en 2023.
Los costes como centro de la reflexión estratégica
Como ha apuntado The Hollywood Reporter en un reciente artículo, los grandes estudios de Hollywood parecen haber optado por las políticas de austeridad centradas en tres ejes: reducción de costes operativos (como la externalización de servicios y recortes de plantilla, destacando el caso de Paramount), enfoque en contenidos de alto retorno mediante la disminución de estrenos y priorización de franquicias consolidadas (como hacen Disney y Warner), y optimización del gasto en marketing mediante herramientas digitales e inteligencia artificial.

Estas estrategias han permitido mejorar ligeramente los márgenes de beneficio entre 2022 y 2024, como lo atestigua el caso de Universal, que alcanzó una rentabilidad del 14% en 2023.
Además, los estudios están trasladando producciones a países con incentivos fiscales agresivos, consolidando un nuevo modelo de producción más eficiente y orientado a franquicias globales.
No hay duda de que la clave del futuro residirá en integrar de forma inteligente y sostenible la taquilla (imprescindible para amortizar títulos de gran presupuesto), el streaming y los beneficios fiscales globales.