'La suerte' (Disney+)

#73SSIFF Crónica 4: ‘Belén’, ‘La suerte’ y ‘The Son and the Sea’

septiembre 24, 2025
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En un momento de Belén, el personaje que da vida Dolores Fonzi (que firma también la dirección de la película) intenta hacer entender a su hija el sentido del valor vocacional, aquel que uno experimenta cuando Dios se manifiesta y nos comprometernos con las cosas. Por Iván Cerezo Cabeza

‘Belén’

La película argentina se inspira en unos hechos reales acontecidos en Tucumán en 2014 para llevarlos a la gran pantalla; unos hechos que marcaron un punto de inflexión en el sistema de leyes entonces. Comienza con un plano secuencia, del personaje de Julieta desde la puerta de un hospital hasta su figura entrando en un baño. La apuesta es muy clara: se quiere hacer llegar el fuerte dolor que la joven sufre en su vientre a tiempo real. Acto seguido, también en un solo plano y también con los mismos propósitos de empatizan con el personaje, mientras Julieta es intervenida en la camilla por los médicos, la policía entra en la habitación, la apresa y la encarcela.

Dolores Fonzi (directora) nos muestra de esta manera, clara y expuesta, las pruebas de la verdad con las que su personaje en la ficción en forma de abogada va a comprometerse en demostrar la inocencia de Julieta a contracorriente de todo un sistema judicial corrupto. Y es que de lo que se trata es de romper el silencio, de dar muestra de cómo la lucha por los derechos de las mujeres puede hacer tumbar todo un régimen de injusticias y abusos. Es decir, hacer ver cómo si hacemos caso a esa convicción cuando se nos manifiesta podemos cambiar nuestra realidad.

Y así, avanza todo el filme: firme y determinante en dicha dirección. Resulta interesante la introducción de la comedia en ciertos segmentos, especialmente en aquellos que tienen que ver con la resolución de problemas —como la del dichoso expediente—. Y es que esta manera de mostrar la determinación de la abogada por defender a una inocente se trasfiere al espectador gracias a un continuo retrato de un grupo de mujeres que luchan sin descanso y con sarcasmo contra el opresor.

Sin embargo, fuera de estos momentos y en un registro más serio, el filme avanza siguiendo pauta por pauta el esquema de una película de juicios clásica: adopción del caso; movimiento de este por unos medios de comunicación sensacionalistas y frívolos; elaboración e investigación de pruebas en conjunto; asalto y amenaza a la familia de la abogada… Y así también, toda la puesta en escena trabaja en lo evidente y en lo correcto: los primeros planos para las frases y momentos importantes; los personajes con distintas posturas en espacios separados bien diferenciados, etc… Toda una gama de grises que, si bien se anula en beneficio de la fe por la causa, lo hace a este filme poco complejo y profundo.

Por su parte, en Sección Oficial fuera de concurso nos encontramos con la serie de Paco Plaza y Pablo Guerrero, La suerte. En ella David (Ricardo Gómez) es un joven en la treintena que conduce el taxi de su padre mientras estudia un temario de oposición para presentarse a abogado del estado. Sin embargo, este compromiso con su porvenir dura menos de lo que canta un gallo, pues una noche es asaltado de manera inesperada por una serie de personajes de la más casta vena hispana que le harán meterse de enredo tras enredo y de lío tras lío. Y no es para menos, pues David es muy importante para ellos, ya que da suerte al Maestro (un crepuscular torero) cada vez que le lleva en taxi a la plaza.

La serie se divide en 6 capítulos de 30 minutos cada uno, en los que se sigue todo un itinerario de viajes en la meseta con la excusa de llevar al torero a capotear: desde Talavera de la Reina a Málaga; desde Benidorm hasta Madrid. Así, la fauna de excéntricos y supersticiosos personajes que constituyen el microcosmos en torno al mundo del torero y que maneja al joven necesitado de aventuras como una marioneta, nos introduce en todo un mundo iconográfico de fiestas, festejos y eventos que se cuecen en esos lugares: desde el traje de luces hasta el de baturra; desde la música folclore pasando por Camela hasta incluso Chayanne.

‘La suerte’ (Disney+)

La serie intenta encontrar el tono en medio de todo este enjambre, pero, si bien el primer capítulo supone un interesante abordaje haciendo una mixtura de lo español entre la satírica y un thriller de aventuras, la obra no acaba de trabajarlo en el resto de sus episodios.

Y es que si bien como concepto y empaque la serie a nivel iconográfico resulta muy interesante, en verdad se queda en una radiografía bastante tosca de la cultura española y de sus tensiones entre lo moderno y lo añejo. Esta falta de músculo se traspasa a la cuestión de la tauromaquia en los dos últimos capítulos en los que coge fuerza la figura del torero como un héroe crepuscular. Si bien no pretende ser un blanqueamiento de la tauromaquia —ni parece que llega a serlo—, se queda con una visión muy sesgada y limitada, pues la cámara tramposamente nunca llega a entrar a la plaza de toros mientras la función está en pie. Una prueba más de sus limitaciones y de la incapacidad de generar un discurso ante el material del que se sirve.

La sensación que uno tiene al terminar La suerte es que, si bien parte de un concepto interesante, en su desarrollo se acaba quedando en un pequeño entretenimiento (una serie de casualidades, como reza el título) del que, como a David, nos han engañado.

En la Sección New Directors, The Son and the Sea inicia con Jonah apuntando en su diario los siguientes objetivos a marcar: “ordenar cabeza, ordenar vida”. De esta manera, el primer largometraje de Stroma Cairns nos presenta un personaje encerrado en sí mismo que baja su persiana para no ver la luz exterior y que se pone sus AirPods para no escuchar el sonido del entorno: un adolescente con un airado poso emocional por su angustia existencial.

Hay en esta película la idea de un cine de cámara nerviosa; una que, si bien en un comienzo podemos entender que funciona como canalizador del estrés del personaje, en verdad lo que va delatando en su desarrollo es una ausencia del uso de los recursos expresivos.

‘The Son and the Sea’

Si bien la película posee elementos sugerentes como es el viaje que inician Jonah y su mejor amigo en una suerte de road movie. O también la idea de un cine social realista cuando llegan a la costa de Escocia y hacen amistad con los gemelos sordomudos. Y aunque se nos plantea un relato en el que el entorno natural y el conocer otras realidades puede ayudarnos a salir de nuestro yo interior y lograr la felicidad…

En definitiva, pese a las buenas intenciones con las que está hecho, el filme se trata de una fotografía estática. Narrativamente, resulta endeble al dispersar su historia en otros puntos de vista sin profundizar en verdad en Jonah. Pero es la puesta en escena la verdadera causa de la ausencia de cualquier relieve de la ficción, pues todo está retratado con la misma composición aplanando cualquier intento de significación en la imagen: planos medios lanzados desde varios tiros de cámara en el rodaje que son montados después de manera picada. Por desgracia, un simple registro de lo que dicen o hacen los personajes.