'Sujo', una de las películas importantes en Horizontes Latinos

72SSIFF: Balance de una edición marcada por la calidad y la diversidad

octubre 14, 2024
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Superado el inevitable síndrome post-festival que nos hace iniciar desde ya la cuenta atrás para el siguiente, es momento de hacer balance de una excelente edición del certamen que nos ha obsequiado con joyas de autores muy diversos (de Fernanda Valadez a Paolo Sorrentino) y géneros muy dispares (del thriller vaticano a la fábula distópica). Por Álvaro Gómez Illarramendi

‘Sujo’, una de las películas importantes en Horizontes Latinos

La antepenúltima edición de José Luis Rebordinos al mando del Festival de San Sebastián, nuestro querido Zinemaldi, se ha saldado con un incontestable éxito de crítica y público. Ya sea por la acumulación de películas interesantes (y estrellas disponibles para visitar Donosti) tras el fin de las huelgas de Hollywood o por una alineación de astros y factores, lo cierto es que el certamen de 2024 se recordará como uno de los más satisfactorios de la última década. Incluso la lluvia, que amenazaba con sabotear climáticamente la semana más luminosa de esta ciudad, se contuvo enormemente y dejó reinar al sol en esta maravillosa prolongación cinéfila del verano.

Comencemos por la Sección Oficial, el que habitualmente es considerado el eslabón más débil de este festival y que, sin embargó, sorprendió a todos con una selección muy equilibrada (veteranos y noveles) y sin apenas fiascos, más allá de la discutida inauguración de Emmanuelle.

La Concha de Oro fue a parar, de forma inevitable, a la cinta más comentada y visceralmente alabada o denostada de la edición, la incursión del ‘enfant terrible’ Albert Serra en el documental con Tardes de soledad, una mirada al toreo de naturaleza ambigua (entre la fascinación, la crudeza y la ocasional burla), narrativa minimalista (de las escenas de corridas pasamos al inmediato abandono de la plaza en la furgoneta del torero, y vuelta al ruedo, con una curiosa excepción) y abrumador despliegue visual y sonoro, que no evitó sin embargo cierto hartazgo de quien esto escribe. Dos horas de esta dinámica en bucle son excesivas para quien no se siente especialmente interesado por un mundo que el realizador está legitimado a representar, pero que el dispositivo empleado solo aborda desde una perspectiva muy particular y reiterativa.

‘Cónclave’ (DeAPlaneta)

Hablábamos de equilibrio en la Sección Oficial y no es para menos. Hubo propuestas oscarizables que Hollywood sabrá apreciar, como el irresistible thriller de poder vaticano Cónclave, la adaptación de un trepidante bestseller que logra trascender la condición de pasatiempo de relumbrón gracias a un reparto estelar muy entregado a la causa (el monumental Ralph Fiennes está arropado por Stanley Tucci, John Lithgow e Isabella Rossellini), un imponente empaque audiovisual y un inteligente guion que ambiciona enriquecer los plot twists con ciertas cargas de profundidad. No logró premio, pero tampoco lo necesitará para conquistar al público.

La que sí que obtuvo premio, uno especial a todo su carismático y afinado elenco, fue la nueva aproximación de Gia Coppola (nieta del gran Francis Ford, cuyo Megalópolis merece capítulo aparte) al show business y sus miserias en The Last Showgirl, una aproximación melancólica y agridulce al ocaso del cabaret ‘afrancesado’ en Las Vegas que se hace fuerte en las poderosas interpretaciones de su protagonista Pamela Anderson y de una desatada Jamie Lee Curtis, pero se ve lastrada por ciertos tópicos narrativos y visuales del cine indie.

Al lado de estas esperadas propuestas y de las puestas de largo de algunas de las grandes apuestas del cine español para este otoño (qué brillantes Los destellos de Pilar Palomero), destacaron dos óperas primas de realizadoras muy prometedoras.

La portuguesa Laura Carreira nos ofrece un reflejo descarnado de la precariedad económica y socio-afectiva a la que arrastra el modelo laboral del nuevo capitalismo en la estimable On Falling, cuya asepsia y sobriedad formal reproduce (quizás excesivamente) la del impoluto sistema de organización cuyas miserias denuncia. En las antípodas estilísticas y narrativas, la realizadora china Xin Huo recupera la vertiente más pasional del melodrama clásico (abuso, adulterio, romance más grande que la vida y la muerte) en la absorbente Bound in Heaven, un portento visual que se sigue con interés y luce, como pocas películas de esta edición, en la pantalla gigante del Kursaal. Su premio a la Mejor Fotografía está más que merecido.

‘Bound in Heaven’

Por no fallar, este año no falló ni la película de clausura, We live in time (Vivir el momento): un aceptable melodrama, más al estilo Hollywood, sobre uno de los temas estrella de esta edición: la muerte digna. El solvente John Crowley (Brooklyn) compensa la acumulación de clichés y el desarrollo previsible de la trama con sentido del humor, un original montaje que aumenta la energía narrativa y las dos sobresalientes aportaciones interpretativas de Andrew Garfield y Florence Pugh.

Pero no solo de la Sección Oficial vive el Zinemaldi. La histórica sección de Nuevos Directores, muy notable esta vez, revalidó un año más su condición de plataforma de lanzamiento para talentos emergentes españoles como el de Antón Álvarez – C Tangana- en su aplaudido debut tras las cámaras con La guitarra flamenca de Yerai Cortés o el de Sandra Romero, que en Por donde pasa el silencio extiende la trama de su cortometraje homónimo y demuestra un dominio temprano del naturalismo cinematográfico (realismo exento de todo artificio) y de la dirección de actores, muchos de ellos no profesionales y con una enorme habilidad para brillar en los primerísimos planos a los que les somete la realizadora. Un retrato sensible pero sin contemplaciones de las toxicidades, dependencias y problemáticas familiares.

Por su parte, la estadounidense Turn Me On, de Michael Tyburski, no logró el premio del jurado, pero sí el muy disputado Premio de la Juventud gracias a una fábula distópica de presupuesto ajustado y resultados muy notables: una premisa algo trillada (la existencia de una comunidad apartada que vive en un estado de control, represión y satisfacción superficial inducida por una droga de consumo diario), va derivando hacia una reflexión existencial y socio-política de largo alcance para terminar en una nota de bienvenido optimismo humanista. Todo ello envuelto en un cuidado diseño de producción y con el magnetismo de dos promesas de la interpretación como son Bel Powley y Nick Robinson.

‘Turn Me On’

Otra sección que siempre nos depara buenas sorpresas es la de Horizontes Latinos, una selección de algunas de las mejores cintas de producción latinoamericana del año. El premio fue para la muy disfrutable El Jockey de Luis Ortega, un meritorio ejercicio de estilo en forma de fábula queer que logra trasladar a los paisajes argentinos la estilizada teatralidad de Kaurismäki, previa aplicación a la misma de un conveniente filtro luminoso y musical.

No obstante, la película que más impacto emocional y cinematográfico provocó en esta sección (y me atrevería a decir que en todo el festival) fue la sobresaliente Sujo, dirigida por Fernanda Valadez (que debutó con la desgarradora Sin señas particulares) y Astrid Rondero (coguionista de Sin señas particulares y ahora codirectora).

Esta dupla de realizadoras que tantas alegrías ha traído y traerá al cine mejicano confirma su maestría visual y narrativa con este emocionante coming of age sobre el hijo de un sicario de Michoacán que comienza como un majestuoso western lúgubre de resonancias bíblicas, prosigue como un relato iniciático adolescente en las redes de la mafia (apegado a una atmósfera de estricto realismo, con fugas fantásticas) y aborda, en su último tercio, la posibilidad de redención, libertad y autonomía de estos huérfanos estigmatizados por su pasado y los prejuicios de la sociedad. Ojalá los Oscar se acuerden de ella en la categoría de Película Internacional.

Cabe destacar también en esta sección la coproducción latinoamericana Zafari, que supone el regreso a la dirección de largometrajes de la venezolana Mariana Rondón 10 años después de la memorable Pelo Malo, Concha de Oro. Sin alcanzar la sutileza e intensidad de esta última, Rondón vuelve a hacer gala de su valentía narrativa y nervio visual con esta alegórica (no tanto) distopía sociopolítica, donde la tensión, a cuenta del uso de la piscina, entre los ocupantes de un edificio de clase media-alta cada vez más vacío por las migraciones forzosas el extranjero y sus vecinos de clase inferior encargados de alimentar al nuevo hipopótamo del zoológico, despertará los instintos animales de todos ellos. Una aproximación cruda pero necesaria a realidades no tan lejanas…

‘Por todo lo alto’ (Caramel Films)

Con tal abundancia de dramas, no es de extrañar que el público de San Sebastián premiara en la Sección Perlak (con récord de puntuación, además) a la tragicomedia francesa En fanfare (que aquí se titulará Por todo lo alto), donde se reúnen todos los elementos de gusto clásico del público: premisa folletinesca (necesidad de trasplante de médula y descubrimiento de ser adoptado, ¡y tener un hermano biológico!), contexto social problemático y combativo (el hermano resulta ser de un pueblo con fábricas a punto de cerrar y una crisis crónica), elemento musical (el protagonista es director de orquesta y su hermano toca el trombón y tiene un oído privilegiado) y notas de humor a cargo de dos notables actores en auge (Lavernhe y Lottin).

El “más difícil todavía” en cine popular, y, con todo, el resultado es sorprendentemente digno y comedido, con equilibro de todas sus facetas, sin subrayados molestos, y con un sentido del ritmo, a golpe de giros un tanto abruptos, ciertamente envidiable. En definitiva, otra cinta que engordará con millones la recaudación del cine francés en un año especialmente bueno para su industria.

Más sorprendente que su victoria en Perlak fue la segunda posición de Memorias de un caracol, la película animada en stop-motion del virtuoso australiano Adam Elliot (Mary & Max). La ganadora del prestigioso festival de Annecy y de la categoría animada de Sitges es un festival de la brillantez técnica y de la mórbida pulsión sórdido-melodramática de su autor, que combina irreverente humor negro con desgarrado vitalismo, todo ello acentuado por una emotiva banda sonora que no dejará un ojo seco. La elegancia del engranaje es cuestionable pero su eficacia, indudable.

‘Parthenope’ (Foto: Gianni Fiorito) (Bteam Pictures)

También es cuestionable la elegancia y, sin embargo, irresistible el encanto, de la nueva película de Sorrentino, Parthenope, o la exhibición definitiva e impúdica, sin excesivas coartadas narrativas ni pretensiones de profundidad, de su estilo preciosista, altisonante y barroco, heredero de Fellini pero con acento propio. Una sucesión de epatantes set pieces a mayor gloria de su Nápoles natal, de la belleza de su protagonista Celeste Dalla Porta y de su particular concepción de la vida y del paso del tiempo. Siempre al borde del ridículo autoconsciente y, pese a ello, casi siempre imponente en su deslumbrante despliegue de recursos y escenas para el recuerdo. Superficial, sí, pero a su modo, más honesto y disfrutable que nunca.

La Sección Zabaltegi-Tabakalera permitió enfrentarse a April, la nueva propuesta (que resultó, además, ganadora de la Sección) de la georgiana Dea Kulumbegashvili, Concha de Oro y triunfadora absoluta del Zinemaldi de 2020 con su polémica Beginning. Pues bien, la realizadora confirma su querencia por la alternancia de escenas de alto voltaje físico o psicológico con otras de cariz más contemplativo y existencialista, reforzando en este caso el componente simbólico de algunas imágenes. El talento visual y atrevimiento argumental resultan innegables, pero el magnetismo de su opera prima es aquí demasiado intermitente, sin que ninguna de sus escenas revista la temible belleza que anticipaban la tragedia en Beginning.

La sección Culinary Zinema, que complementa las sesiones de cine con degustaciones gastronómicas en el Basque Culinary Center, nos permitió descubrir en pantalla grande (no sin ciertas desventuras, ya que la sala se vendió por error dos veces) la apreciable secuela de El Hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia, que profundiza en los dilemas sociales mediante metáforas brutales y sugerentes. Sin el efecto sorpresa de la primera, pero con alguna baza en la recámara, esperemos que no sea el final, sino una nueva entrega de una sólida saga por completar.

Por su parte, los premios Donostia a la brillante Cate Blanchett y el maestro Almodóvar vinieron acompañados, respectivamente, la divertida sátira político-apocalíptica Rumours de Guy Maddin, Evan Johnson, Galen Johnson, y del flamante León de Oro La habitación de al lado, una sentida, por momentos sublime, pero narrativamente sobrecargada incursión del manchego en el cine en inglés, con las excelsas Tilda Swinton y Julianne Moore.

Por último, no puede haber edición del Zinemaldi sin asomarse a sus maravillosas retrospectivas. La dedicada al poliziesco, es decir, el cine negro italiano de los años 50, 60 y 70, nos permitió descubrir la aquí inédita Fuga in Francia, una insólita mezcla de géneros (neorrealismo, fuga, aventura de montaña) protagonizada por un coronel fascista perseguido por la policía y su hijo. Cine clásico del bueno para seguir disfrutando del séptimo arte en una edición marcada por eso, por el buen cine.