'Clayface' (Warner Bros. / DC Films)

Crítica ‘Clayface’: El monstruo de las mil caras

octubre 23, 2026
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De la mano de James Watkins llega a nuestras salas una de las propuestas más terroríficas del universo DC: un Clayface resultón que da lo que promete, puro entretenimiento. Por Belit Lago

‘Clayface’ (Warner Bros. / DC Films)

El director de Eden Lake (2008) lo tiene claro: hay que aliarse con un buen equipo si se quieren obtener resultados. Con guion de Mike Flanagan y bajo la producción de Matt Reeves —cuya segunda entrega de Batman está codirigiendo junto a Soderbergh—, lo que podría haber sido una película más sobre uno de los villanos de DC se convierte en una cinta de terror que sabe explotar la fisicidad de su personaje de forma inteligente.

La transformación de Matt Hagen no es novedosa: un actor en pleno clímax de su carrera —acaba de ser nominado a un Óscar— se ve obligado a recurrir a un experimento científico para recuperar su belleza. Una premisa que bebe directamente de la fantástica y perturbadora Los ojos sin rostro (Georges Franju, 1960), clásico francés en el que un doctor intenta reconstruir el rostro de su hija desfigurado por un accidente; pero que también recuerda inevitablemente al éxito contemporáneo La sustancia, con un guiño —quién sabe si voluntario o no— a Elisasue, el monstruo final de la película de Fargeat.

Tras la escena del ataque, en la que un mafioso le raja la cara a Matt por haberse acostado con su novia, Clayface no hace más que encadenar pequeñas set pieces donde se explota un jugoso body horror. Lo que podría haber salido regular —¿cómo escenificar un rostro que se deshace?— y haber caído en lo cutre, consigue, no solo dar el pego, sino también sorprender al espectador.

‘Clayface’ (Warner Bros. / DC Films)

Aunque lo que empieza con un despliegue contundente, pero medido, de momentos memorables (pienso en la escena en el baño del avión), acaba desembocando en una última media hora delirante, plagada de decisiones atropelladas que, para disfrutar de la propuesta, es mejor no tomarse demasiado en serio.

Bajo esta oscura fábula sobre el pretty privilege —concepto al que películas como A Different Man (Aaron Schimberg, 2024) conseguían darle la vuelta— se esconde una moralina perezosa: el bienestar anímico, que el protagonista solo alcanza cuando está con Caitlyn, la cirujana que aprovecha su desgracia para experimentar, también se manifiesta en el exterior. Es cuando Matt se pone nervioso cuando se transforma en un monstruo.

Aquí entra en juego el imaginario de DC: señores en traje e influencia de poderes en una Gotham nocturna que acoge los crímenes más atroces. El villano haciendo de villano en una rocambolesca versión de Jekyll y Hyde, en la que el poco explotado personaje de Max Minghella —director de Shell, joya del body horror menos conocida de lo que merece—, intenta atraparlo entre su multitud de personalidades.

‘Clayface’ (Warner Bros. / DC Films)

Sin abrazar del todo el cine de superhéroes ni destacar por su ingenio narrativo dentro del terror, Clayface corre el riesgo de no convencer a ninguno de sus públicos potenciales. Su carta de presentación es ambiciosa: una fórmula híbrida que en ocasiones derrapa, pero que, considerada en su conjunto, divierte mucho más de lo que decepciona.

Watkins aprueba con nota tras su decepcionante remake de Speak No Evil, protagonizado por un James McAvoy cuyo aspecto lunático percibimos sin esfuerzo en la mirada de un Tom Rhys Harries que lo da todo como monstruo polifacético.