'Jurassic World: El renaccer' (Universal Pictures)

Crítica ‘Jurassic World – El renacer’: Dinosaurios pop

julio 16, 2025
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Pese a las declaraciones de David Koepp, Jurassic World: El renacer ni vuelve a los orígenes de la franquicia ni plantea nada especialmente original. Después de todo, su intención no es otra que la de seguir explotando a los dinosaurios como figura de explotación. Por Tonio L. Alarcón

‘Jurassic World: El renaccer’ (Universal Pictures)

El propio Spielberg era consciente de que resultaba prácticamente imposible repetir el impacto visceral de Parque Jurásico (1993), de ahí que en El mundo perdido: Jurassic Park (1997) planteara una variación fundamental de la fórmula que se ha convertido en clave del futuro de la franquicia. Esto es, dejar en un segundo plano su muy spielbergiano sentido de la maravilla para darle un mayor peso específico a la naturaleza de monster movie que se imponía en secuencias como la primera aparición del T-Rex o el acoso de los velocirraptores.

Algo similar a lo que ocurría con Tiburón (1975), y su jugueteo continuo entre la aventura marítima y el cine de terror, respecto a la mucho más vulgar Tiburón 2 (1978), más allá de que la firmara un director de la mediocridad de Jeannot Szwarc.

Esa variación hacia lo escalofriante ha seguido imponiéndose en la serie, introduciendo en ella la estructura del body count popularizada por el slasher, incluso en entregas que han intentando recuperar el espíritu del original como Jurassic World (2015) o la que nos ocupa, Jurassic World: El renacer (2025).

‘Jurassic World: El renaccer’ (Universal Pictures)

A ese respecto, resulta, como mínimo, curioso, de qué forma el discurso introducido por David Koepp en el guión (con fuerte intervención, al parecer, del propio Spielberg) interaccionaba con la proyección publicitaria previa al propio largometraje. Anuncios de parques temáticos como Dinópolis o galletas como Dinosaurus ya planteaban, antes del arranque de Jurassic World: El renacer, lo que sus personajes desarrollan en ella. Esto es, la contribución de la franquicia en la vulgarización cultural de los propios dinosaurios, transformados en un artefacto pop que (y más en nuestra realidad líquida, siempre cambiante) requiere reinicios continuos para no perder vigencia popular.

De ahí, y no del interés artístico que pudiera tener Spielberg en devolver la franquicia a unos orígenes a los que resulta imposible retornar tras seis entregas, surge la urgencia de concebir un soft reboot apenas tres años después del estreno de Jurassic World: Dominion (2022).

Tanto es así que se trata de una película más de sus productores, Frank Marshall y Patrick Crowley, que del director escogido para ponerse detrás de las cámaras, Gareth Edwards. Los responsables del proyecto querían una producción rápida y un estreno temprano, así que el proceso de preproducción se completó casi por completo antes incluso de la contratación de Edwards: de ahí que David Leitch, previsto antes que él, desistiera por la dificultad para intervenir a nivel creativo en un proyecto tan cerrado.

Recién salido del fracaso de un largometraje tan ambicioso, y tan personal, como The Creator (2023), el británico claramente ha asumido Jurassic World: El renacer como una oportunidad para hacerse ver por la industria de Hollywood como un artesano cumplidor y disciplinado, pese a que su personalidad visual haya acabado diluida dentro del conjunto.

De hecho, en las secuencias ambientadas en la Île Saint-Hubert se aprecia algo del juego que Edwards establecía, precisamente, en The Creator, entre las localizaciones reales y la alteración de pequeños detalles vía CGI para introducir, de forma sutil, elementos de ciencia ficción hard. No es casual: el director recomendó a Marshall, Crowley y Spielberg algunas de las localizaciones tailandesas en las que había rodado su anterior trabajo, y eso provoca una cierta rima visual entre ambas, pese a su divergencia en cuanto a tono e intenciones.

Eso sí, debido a la velocidad con la que ha tenido que llevarse a cabo la producción, ha resultado imposible realizar un trabajo igual de fino a la hora de fusionar lo auténtico con lo digital. Aunque los efectos hayan vuelto a recaer en Industrial Light & Magic, con toda la experiencia previa al respecto, la interacción de los actores con los dinosaurios se ha visto limitada por la imposibilidad, por una mera cuestión temporal, de usar animatrónicos complejos.

‘Jurassic World: El renaccer’ (Universal Pictures)

Lo que nos lleva a una de las cuestiones principales que, probablemente sin querer, plantea Jurassic World: El renacer respecto a la concepción de las set pieces en una industria (en exceso) dependiente del CGI. La ausencia de elementos físicos (y con ello, las limitaciones espaciales que eso generaba a la hora de concebir el movimiento de las figuras) provoca que una gran parte de las secuencias del blockbuster contemporáneo se base en gestos falsos, teatralizados, porque no existe una referencia real que genere tensión dentro de la situación.

Por más voluntad que Edwards le ponga para imprimir cierto nervio a las imágenes, secuencias tan hipercoreografiadas como la persecución del T-Rex en el río o el acoso ambientado en una pequeña estación de servicio desprenden un cierto aire a videojuego antiguo a lo Dragon’s Lair (1983). Ambas están rodadas en estudio, dentro de entornos perfectamente controlados (y calculados). De ahí que no haya peligro real para los protagonistas, sino ruido, confusión y algún que otro golpe de sonido para saturar los altavoces de las salas de cine.