La 41.ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia, la primera con María Albiñana como directora, se ha celebrado del 19 al 27 de junio en las sedes habituales del centro histórico de la ciudad. Por Belit Lago

Ni la ola de calor ha conseguido que valencianas y valencianos —acompañados de todos los que nos hemos desplazado desde distintos puntos de la península— se hayan quedado en sus casas durante la última semana de junio. Y es que la programación del Festival Cinema Jove, cita ya consolidada para los amantes del audiovisual, nos lo ha puesto tremendamente difícil.
Con una fresquísima selección de largometrajes, cortometrajes y series, una propuesta de mesas redondas y actividades profesionales para todos los gustos, un ciclo dedicado a la reina del mumblecore —aka Greta Gerwig— y dos premiados de excepción, el cineasta Félix Sabroso y la actriz Priscilla Delgado, el certamen vuelve a cumplir con las expectativas de un público fiel que va creciendo año tras año.
Antes de desentrañar las claves de la sección de largometrajes, merece una mención especial el corto ganador de este año. Ningú borda de la catalana Júlia Coldwell Serra lleva meses de gira: ha pasado por festivales de la talla de Seminci, Clermont-Ferrand, el D’A Film Festival o Karlovy Vary. Con un lenguaje sobrio y contenido, donde el entorno es tan importante como sus protagonistas —dos hermanas, un niño y una vecina—, la pieza muestra las particularidades de la vida de provincias.
Un relato rural que, a través de la excentricidad de ciertas situaciones cómicas, narra las estrategias de un sobrino y su tía (culpable de la muerte del can) para afrontar la inesperada desaparición del perro familiar.
En la sección oficial de largometrajes se han presentado nueve propuestas que, en la mayoría de los casos, exploran las relaciones interpersonales destacando la soledad de unos personajes contemporáneos que, incluso en compañía, se sienten alienados.
La ganadora de este año ha sido Filipiñana del filipino afincado entre Ámsterdam y Londres Rafael Manuel. Un film que nos lleva del caos manileño a la tranquilidad y el orden milimétrico de un campo de golf.
A través de unas composiciones simétricas y equilibradas, un verde intenso y unos movimientos casi coreografiados, Manuel visualiza la rigidez de unas jerarquías que hablan de las diferencias de clase de su país natal. Isabel, la protagonista, representa al eslabón más bajo de la cadena, y junto a ella descubriremos los rincones más oscuros e incómodos de un paraje tan bello como misterioso.
Sin abandonar Asia, Ka Ki Wong dibuja en I Heard That They Are Not Going to See Each Other Anymore una ajetreada Taipei en la que ubicar a sus protagonistas: dos parejas que se definen a través del desencuentro; cuatro personajes errantes que viven el presente con la mirada puesta en el pasado. A caballo entre la ficción y el documental, la hongkonesa investiga las posibilidades del dispositivo para desdoblar la realidad a través del reflejo de espejos, pantallas, cristales o televisores, mecanismos que inevitablemente la transforman.
La observación atraviesa un relato sobre cómo los recuerdos y los sueños pueden determinar nuestra propia identidad, la forma en que habitamos el mundo o, en este caso, los mercados nocturnos de una de las capitales más cinematográficas del cine moderno.

Y de los espacios abiertos de las noches taiwanesas nos adentramos en una casa de la que no será nada fácil salir: en The Patron, primer largo de Julia Thelin (a quien entrevistamos durante el festival), un triángulo de dos chicos y una chica —todos vinculados de formas distintas al mundo del arte—, se pasarán la mayor parte del metraje encerrados en la casa de una mecenas por la que la protagonista hace pasar.
La joven, invisible ante los ojos ajenos por su falta de conocimiento y estatus, buscará el reconocimiento del otro a través de un juego de identidades que, lejos de atreverse a cruzar ciertos límites, expone esa presión tan actual de sentirse constantemente una impostora.
Quien tampoco sale mucho de casa (o de la biblioteca) es Béatrice Courte, investigadora que en Chronovisor, la propuesta más estimulante y arriesgada de la programación de este año, intenta dar con el origen de un artilugio que permite capturar imágenes en movimiento del pasado. A través de una puesta en escena que remite a los años setenta —el prólogo parece sacado de un giallo de Argento—, Kevin Walker y Jack Auen consiguen construir un ambiente idóneo para que el espectador entre de lleno en el misterio oculto de la historia: ¿quién es Marcello Pellegrino Ernett y cuál es su relación con tal invento?
Gracias a las páginas de los innumerables libros que aparecen en pantalla, iremos descubriendo —junto a nuestra fiel compañera Béatrice— no solo esos datos que nos llevarán a la ¿verdad?, sino también una original fórmula para llevar este curioso relato al público.

Desde Afganistán, la directora de The Orphanage (2019) intenta relatar un amor imposible entre dos compañeros de trabajo sin convertir el regreso de los talibanes al poder de 2021 en el centro de la narración. No Good Man, encargada de inaugurar la última edición de la Berlinale —dirigida y protagonizada por Shahrbanoo Sadat—, apuesta por la hibridación de tonos para retratar a una mujer que convierte su día a día en una pequeña guerra contra las normas machistas de la sociedad afgana.
Luminosa y un tanto desequilibrada, parece cumplir su propósito: ofrecer contenidos ciertamente más ligeros que la mayoría de propuestas que nos llegan de países en crisis.
Y acabamos este repaso en la Rumanía de On Our Own, donde Tudor Cristian Jurgiu exhibe una Bucarest desesperanzada y gris en la que un grupo de jóvenes intenta sobrevivir, física y psicológicamente, ante la ausencia de sus padres. En el limbo entre la infancia y la edad adulta, Flavia, Luca y Tina se las apañan para aparentar madurez, pero en el fondo todavía desean jugar como niños; rechazar unas responsabilidades que todavía no les toca asumir.

Con un ritmo pausado y enfatizando el entorno cotidiano, el cineasta rumano realiza un retrato intimista y crudo sobre las dificultades de una generación de jóvenes que han tenido que crecer a la fuerza debido a las circunstancias socioeconómicas del país en el que viven.
Desde geografías y registros distintos, buena parte de la sección oficial de largometrajes de esta 41.ª edición de Cinema Jove pone el foco en personajes que buscan su lugar en el mundo. Jóvenes desorientados que atraviesan crisis de identidad, mujeres que luchan por ser vistas y trabajadoras atrapadas en relaciones de poder conforman una crónica coral sobre una contemporaneidad marcada por el individualismo y las complejidades de imaginar el futuro.