Imagen al finalizar las mezclas de 'Voy a pasármelo mejor' en la que Pelayo Gutiérrez ya trabajó junto a José Ignacio Arrufat (imagen cortesía de J.I. Arrufat)

La postproducción de sonido y el maridaje entre creatividad y tecnología

agosto 13, 2025
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Hace poco charlamos con Pelayo Gutiérrez, que ha salido de Telson y ha llegado a un acuerdo de colaboración con La Palma 52 Sound. Esta circunstancia nos hace reflexionar también con José Ignacio Arrufat sobre la situación de la postproducción de sonido y cómo en un mundo con cada vez más exigencias técnicas, quizás la clave está en afrontar el trabajo desde la artesanía. Por Carlos Aguilar Sambricio

Sala de La Palma 52 Sound

En el madrileño barrio de Malasaña se encuentra La Palma 52 Sound, un estudio de postproducción de sonido fundado por José Ignacio Arrufat.

Un estudio que pretende ofrecer una filosofía de trabajo con personalidad. “Para mí, el sonido no es un añadido, es estructura narrativa. Es una herramienta que, si la sabes aprovechar, puedes hacer crecer tu producción. Nuestro trabajo consiste, en parte, en copiar la realidad sonora y ponerla a disposición del director o directora para que pueda contar su historia con total libertad. Es un acto de traducción y de empatía: entender qué quiere transmitir el cliente, qué sensaciones necesita provocar, y darle las herramientas para conseguirlo desde lo sonoro”, explica Arrufat.

Por tanto, el objetivo es “construir ese universo con coherencia, emoción y técnica” y “susurrar cosas al espectador que la imagen no dice” porque cuando imagen y sonido se entienden, “aparece la magia”.

Arrufat considera que cada vez se valora más la importancia del sonido: “Se nota mucho el creador que sabe utilizar el sonido. Hay una nueva generación de creadores que tiene muy claro que el sonido no es la última capa, sino una herramienta de guion para resaltar sus historias”.

Ahora tiene incluso conversaciones antes del rodaje para definir qué papel jugará el sonido en ciertas escenas. “Esas son las experiencias que más disfruto, porque el trabajo de sonido no sólo acompaña, construye”, asegura.

En un ámbito como el sonido, la tecnología es fundamental. “Trabajo con Avid ProTools y en los últimos años he integrado el flujo de trabajo Dolby Atmos directamente en sesión. Eso ha agilizado mucho el proceso. Constantemente se incorporan nuevas herramientas que mejoran el resultado de audios que vienen complicados de rodaje”, explica Arrufat.

Imagen al finalizar las mezclas de ‘Voy a pasármelo mejor’ en Best Digital. Aquí Pelayo Gutiérrez ya trabajó junto a José Ignacio Arrufat (imagen cortesía de J.I. Arrufat)

Pero más allá de la herramienta, recalca que lo importante es tener una “escucha crítica”. “Puedes tener el mejor plugin del mundo, pero si no sabes lo que estás buscando, no sirve de nada. Al final copiamos a la realidad y la realidad a veces suena imperfecta”, apostilla el fundador de La Palma 52 Sound.

Le preguntamos cómo ha cambiado la postproducción de sonido y en qué posición se encuentra España en el competitivo panorama internacional.

El sonido que se hace en España está a la altura de cualquier otra industria del mundo. De hecho, se ha profesionalizado muchísimo. Las plataformas han traído una exigencia técnica enorme, con estándares de calidad, loudness, normativas multicanal, Dolby Atmos… Todo eso ha elevado el listón”, expone Arrufat.

Pero también ha generado una “obsesión” por el acabado y el control de calidad que, en algunos casos, “está ahogando la creatividad”. “Hay demasiada obsesión por los procesos de entrega que se centran tanto en que todo esté ‘en norma’ que se olvidan de dejar tiempo a la parte artística. La narrativa necesita aire, necesita exploración”, añade Arrufat.

En su opinión, algunas plataformas se han dado cuenta de ello y les transmiten su interés por esa parte artística, a pesar de los cortos plazos de entrega. Para gestionar esa libertad en la cadena de postproducción, nos cuenta Arrufat, hay que trabajar “con mucha comunicación, documentos y calendarios de postproducción internos”. Según añade, “se habla con dirección, con producción, con coordinación y con el estudio siendo claro con los tiempos y defendiendo los momentos donde la creatividad no puede comprimirse”.

Hay que saber qué batallas pelear, anticipar problemas y optimizar procesos pero, sobre todo, “proteger el tiempo que se necesita para contar bien las cosas”.

José Ignacio Arrufat

Arrufat considera que lo que mejor funciona ahora es “un modelo de estudio de sonido descentralizado, en el que se trabaja con profesionales que pueden estar en cualquier lugar del mundo, y con un lugar físico con varias salas de edición y salas donde acabar las mezclas y estar con los directores para los visionados”.

El futuro es ilusionante, nos asegura Arrufat: “La tecnología avanza, sí, pero también lo hace una mayor conciencia narrativa sobre el papel del sonido. Ojalá sigamos por ahí: más sonido pensado desde el principio, en preproducción”.

Es decir, y volviendo a principio del artículo, “el sonido no debería ser un añadido, sino un elemento emocional” y a aquellos que quieran dedicarse a este oficio, Arrufat les subraya la idea de que “este oficio no va solo de técnica, sino de sensibilidad”, de modo que “la mezcla perfecta no es la más limpia, sino la que mejor cuenta la historia”.