El ecosistema audiovisual español vive un momento de efervescencia. Las plataformas y los nuevos modelos de consumo han reconfigurado nuestro cine. Sin embargo, en medio de este torbellino, hay un formato que sigue siendo el motor de la vanguardia narrativa y el eslabón que exige mayor protección: el cortometraje. Por la Junta Directiva de la Coordinadora del Cortometraje Español

Desde la Coordinadora asumimos en 2022 el reto de conformar una nueva Junta Directiva con un propósito inquebrantable: dejar de pedir permiso para exigir el espacio que, legítimamente, nos corresponde. El cortometraje no es el hermano pequeño ni la sala de espera hacia el largo; es un género en sí mismo con una potencia narrativa incalculable.
En apenas cuatro años, hemos reforzado nuestra presencia en las instituciones, abierto el diálogo y la colaboración con otras asociaciones del sector para trabajar juntas, reconstruido las dinámicas de trabajo asociativo tras la pandemia y consolidados proyectos dentro y fuera de nuestras fronteras.
El corto español rebosa vitalidad creativa, pero choca contra serios desafíos estructurales. Nuestra obsesión en este tiempo ha sido convertirnos en una herramienta verdaderamente útil de interlocución, defensa y articulación para toda la profesión.
La batalla en los festivales: dignificar a quien crea
Los certámenes son la ventana natural para nuestras obras y el gran trampolín de los creadores, pero sus condiciones han estado tradicionalmente marcadas por la precariedad. No olvidemos que buena parte del corto español se levanta a pulso, desde el esfuerzo personal y rascándose el bolsillo.
Hay cineastas que sostienen sus carreras pagando de su cuenta la promoción y los viajes, sin una industria sólida que les respalde. Defender el corto pasa obligatoriamente por asegurar unas condiciones mínimas para la gente que lo hace posible.

Por eso nos hemos volcado en pelear por la estandarización del pago por selección y en luchar para que los festivales y eventos asuman, sin excusas, los viajes, alojamientos y dietas de los equipos invitados. Dignificar el formato empieza por dignificar a sus profesionales.
Aun así, la vida de un corto no puede morir en los festivales. El gran reto pendiente sigue siendo encontrar huecos estables de exhibición. Cuesta muchísimo ver cortos en salas comerciales, televisiones o plataformas, y eso frena el recorrido de obras que tienen un valor cultural inmenso.
Conocer el sector para transformarlo de verdad
Teníamos muy claro que, sin datos, estábamos ciegos. Históricamente, al sector le han faltado estudios específicos para entender el impacto real de lo que hacemos.
Para solucionar esto lanzamos ‘El cortometraje español en 50 datos’, un proyecto propio para sacar una radiografía exacta del formato: cómo se produce, distribuye, exhibe y financia hoy en día. Tener números sobre la mesa es vital si queremos reclamar políticas culturales más justas. La idea es actualizar este informe cada año para tomar el pulso a nuestra evolución.
Diálogo institucional y el fin de los techos de cristal
Sin el apoyo público, el corto es inviable. Por eso no hemos dejado de sentarnos con el ICAA para que las líneas de financiación se ajusten al encarecimiento real de los rodajes. Logramos algo fundamental: revisar a fondo la lista de festivales que dan puntos para estas ayudas, reclamando un baremo más justo que no deje tirados a circuitos clave para la difusión contemporánea.
Y el reconocimiento institucional tiene que ir parejo al de la profesión. De ahí que estemos reuniéndonos con la Academia de Cine por algo histórico: que el cortometraje tenga por fin su propia Especialidad. Queremos que quienes cimentan su carrera en el corto sean académicos con voz y voto, sin necesidad de hacer un largometraje para que se les tome en serio.

Un cine para todo el mundo
También hemos querido poner el foco en la accesibilidad. El cine es un derecho, no un privilegio reservado a quienes no tienen barreras físicas o territoriales. En este tiempo hemos impulsado proyecciones con subtitulado especial para personas sordas y nos hemos esforzado en llevar los cortos más allá de las grandes ciudades, buscando siempre nuevos públicos.
El regreso de ‘El Día Más Corto’ y la fuerza de la unión
Nuestra razón de ser es que los cortos lleguen a la gente. Resucitar [ED+C] El Día Más Corto, que se había apagado en pandemia, no era opcional, era un deber. Hoy conseguimos que cada 21 de diciembre el corto vuelva a brillar en más de 300 espacios a la vez (colegios, hospitales, plazas y cines).
Además, hemos creado una gala central itinerante que ya ha pisado Alicante, Almagro y Madrid, pensada para celebrar la profesión y homenajear a referentes del sector como Juanjo Giménez, Carlota Pereda o el programador Jorge Sanz.
Mirando al futuro: el corto como destino
Cada vez menos personas ven el cortometraje como un formato «menor», una simple práctica de escuela o una tarjeta de visita. A esto se le suman retos enormes que tenemos encima de la mesa y no podemos ignorar: cómo está cambiando el consumo cultural, el papel de las plataformas, cómo hacer rentable la distribución, el embudo de los festivales o el tsunami de la inteligencia artificial.
El cortometraje español ya no pide permiso para existir. Ya existe, transforma, innova y es un pilar absoluto de la cultura y la identidad de nuestro país. Es industria, laboratorio, cantera y trinchera.
Desde la Coordinadora vamos a seguir dando la cara para amarrar los logros conseguidos, abrir nuevas vías de diálogo y garantizar que el corto ocupe, definitivamente, el lugar que se ha ganado en las instituciones, en la industria audiovisual y en los ojos del público.