En los últimos meses, una de las grandes noticias en el mundo de la postproducción de sonido ha sido el despido de Pelayo Gutiérrez en Telson y su incorporación, a través de un convenio de colaboración, a La Palma 52 Sound, el estudio de José Ignacio Arrufat. Hemos charlado con Pelayo Gutiérrez, cofundador de La Bocina , para que nos hable de su vuelta a los orígenes tras haber trabajado durante muchos años en grandes estudios como Deluxe y Telson. Por Carlos Aguilar Sambricio

Desde hace unos meses, Pelayo Gutiérrez ya no es el máximo responsable de sonido de Telson. Ha llegado a un acuerdo de colaboración con José Ignacio Arrufat de La Palma 52 Sound.
“Creo que la sinergia es buena. Nos entendemos bien, vemos el cine de una forma muy parecida, y hemos unido unas energías renovadas que nos dan vitalidad. Estoy contento porque ya no tengo el nivel de estrés que tenía y, si lo quiero tener, lo tengo porque yo quiero pero ya no tengo que estar con cuatro proyectos a la vez”, nos cuenta Pelayo Gutiérrez.
Pelayo podría haber decidido montar un estudio nuevo pero considera que el sector está mucho más maduro ahora que cuando empezaba y no lo ha considerado necesario: “Cuando monté La Bocina con Nacho Royo-Villanova, no había una red de estudios de sonido como hay ahora”. En este sentido, Pelayo menciona que, por ejemplo, Arrufat colabora mucho con CrisLama.
Una de las tendencias en la postproducción actual es la estructura descentralizada. Existe una profesionalización de la infraestructura en España que permite otros modelos.
“Hoy en día se puede vender una postproducción integral trabajando con varios sitios a la vez. Realmente, tenemos esa posibilidad y no hace falta centrarnos en un gran espacio”, explica Pelayo Gutiérrez.
Vuelta a los orígenes, vuelta a la artesanía
Los estudios pequeños permiten, según manifiesta, que surja la personalidad. En estudios grandes, nos dice Pelayo Gutiérrez, hay un gran nivel de calidad pero falta personalidad: “Creo que son sitios impersonales. La Bocina tiene un sitio personal, Menos Doce DB tiene personalidad o donde estoy ahora. Tienen un peso artístico, una implicación, y eso es algo que los hace especiales”.
En su nueva etapa ya ha trabajado en la película Voy a pasármelo mejor, que se acaba de estrenar ahora en cines, así como en el documental sobre el cantante Leyva Hasta que me quede sin voz, que se estrenará en el Festival de San Sebastián, o en una producción de Bea Bodegas.
A veces la exigencia técnica puede ahogar la creatividad pero también puede hacerlo la estructura empresarial, según señala Pelayo: “Ahora soy feliz porque esto es un modus vivendi, quiero mimar mis trabajos. Yo procuro trabajar siempre con mimo pero, dentro de una estructura grande, hay comités de empresa, empresarios, gente que pone dinero y quiere dinero… Además, ahora no tengo que estar con tantas películas a la vez, revisando unos diálogos, revisando el capítulo de lo que entra…”.
Esto tiene que ver también con un viraje en la industria, ahora muy enfocado en las series. “Cuando yo entré en Telson, yo hacía un 80% de cine y un 20% de televisión. Ahora es al revés, un 70% de tele y un 30% de cine. Porque al cine de presupuesto medio se lo han comido las plataformas. Las películas que estaban entre 3 millones y 6 millones de euros ahora son una serie de televisión. Hay cosas que están chulas pero complica las cosas por los márgenes que te deja para el gasto que tienes y por unos nuevos ritmos de trabajo y de calidades”, explica Pelayo.
En este nuevo panorama, cuando Pelayo estaba en un gran estudio, en un mismo día se subía a ver una producción, luego iba a ver al departamento comercial, después bajaba a revisar el montaje de diálogo para más tarde volver a bajar a las mezclas. Luego, se pasaba la película de la tarde… En definitiva, todo el rato se lo pasaba moviéndose de un lado para otro y había proyectos en los que sólo utilizaba su cabeza en forma de supervisor.
Ahora Pelayo se pasa mucho más tiempo sentado y ha recuperado el uso del ratón y el fader: “En Voy a pasármelo mejor me monté los diálogos, me monté ambientes, resincronicé el foley…”. Un papel más protagonista para poner en práctica de forma personal la pura creatividad.
El técnico entiende que es fundamental otorgar espacio a la creatividad. Para Pelayo, esta nueva etapa, y esta forma de trabajar más parecida a la de sus inicios, es una ventana para recuperar la ilusión y, parafraseando a la película, para pasárselo mejor.