Carlos Solano: «Construir hasta el más mínimo detalle, permitiendo que el espectador descubra elementos en cada visionado, es algo que me representa como cineasta»

diciembre 30, 2025
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En su ópera prima como director de largometraje, Leo & Lou, Solano firma una fábula luminosa y emocional que apuesta por el detalle, la metáfora y la honestidad narrativa. Con un delicado equilibrio entre humor, ternura y drama, la película propone un viaje físico y emocional que conecta con públicos de todas las edades. Charlamos con un cineasta que entiende el cine, ante todo, como un acto de narrar y emocionar. Por Miguel Varela.

Carlos Solano, en el rodaje de Leo&Lou © Jaime Olmedo

Rubik: Leo & Lou es tu ópera prima como director de largometrajes, ¿qué tiene esta película que te defina como cineasta?

Carlos Solano: Para mí es importante que, una vez tienes una historia entre las manos, busques el cómo contar esa historia. Yo me siento, ante todo, un narrador y los elementos audiovisuales escondidos en los diferentes departamentos son el alfabeto a mi disposición. Me divierte crear reglas junto a los diferentes jefes de departamento, que formen una narrativa interna dentro de la película. Lógicamente, al crear reglas, creas restricciones, pero a la vez pienso que —por poner un ejemplo muy visual— el impacto de un primer plano no es el mismo si has estado toda la película viendo un montaje con ese recurso, que si se ha restringido para un momento en concreto.

Le otorgas un valor a esos elementos en función de su relación con los otros. Crear ese “otro mundo” es, precisamente, lo que más disfruto. En Leo & Lou, por ejemplo, los personajes pasan gran parte de la aventura desplazándose de derecha a izquierda —en sentido contrario a nuestra escritura— hasta que logran ser honestos el uno con el otro. También está la evolución del color, trabajada de manera sutil, de modo que, si tomas un fotograma del primer acto y otro del midpoint —cuando ambos personajes vuelven a estar solos y en un estado emocional parecido al del arranque—, a pesar de que los planos y las interpretaciones son similares, todo alrededor ha cambiado, aunque ellos aún no se hayan dado cuenta.

O intentar describir la personalidad de los personajes a través de elementos como el sonido que hacen al escribir sus nombres con vaho sobre la luna del coche, creando un gag sonoro, de paso. Nada de esto es estrictamente necesario, pero es nuestra propuesta. Construir hasta el más mínimo detalle, permitiendo que el espectador vaya descubriendo elementos —más allá de la trama— en cada visionado, es algo que siento que me representa como cineasta.

Carlos Solano dirige a Julia Sulleiro en el rodaje de Leo&Lou © Jaime Olmedo

Rubik: La historia está llena de metáforas y detalles sutiles que pueden pasar desapercibidos, cuéntanos alguno de ellos.

C. S.: La película está llena de símbolos que hablan de lo que realmente trata. Es un cuento, al fin y al cabo. La historia arranca viendo unos peces nadar plácidamente, hasta que vemos a otro “pez”, diferente y fuera del agua. Pomelo, el pez payaso tejido con tela, representa a Leo. La vieja caña de sus padres, como elemento al que se aferra para sentir que pertenece a algún sitio. Esa metáfora, simple y profunda, encapsula su duelo y su renacimiento, su pérdida y su sentimiento de pertenencia.

La propia simbiosis entre el pez payaso y la anémona del inicio representa la relación entre Leo y Lou: dos seres aparentemente opuestos que se ayudan mutuamente para vivir y protegerse. Ambos comienzan la película enjaulados y fuera del agua, en un viaje físico del interior a la costa —como metáfora de su viaje emocional—, de su camino hacia su mar personal.

Rubik: Uno de los puntos fuertes de la película es la ternura y la emoción que desprende, ¿cómo la trabajaste?

C. S.: Uno de los mayores logros de Leo & Lou es su equilibrio emocional, y fue una tarea bien difícil. Contar una historia que nace de un drama te lleva a una aventura por la que te irás riendo y acabarás llorando, a veces casi al mismo tiempo, y eso es extremadamente complejo. Y más cuando apuntas a poder hacer algo que puedan disfrutar niños y adultos.

Es imposible contentar a todo el mundo y te toca hacer concesiones por ambas partes, pero lo importante es entender qué quieres contar, escuchar qué pueden aportar otros y trabajar siempre desde la narración y no desde la estética. Así es como pienso que se consigue una verdadera conexión con los personajes y poder emocionarte con ellos.

Y más aún en una historia que gira alrededor de un personaje que no pronuncia ni una sola palabra y, aun así, buscas hacer algo lúdico, divertido, emocionante y accesible para todos los públicos, sin infantilizar a los niños ni perder a los adultos. La película te coge el corazón y, cuando crees que te lo ha soltado, te lo vuelve a agarrar. Ese vaivén emocional está sostenido por un tono construido desde los ensayos, el rodaje y después afinado en el montaje y el diseño de sonido, con la música como un hilo emocional que guía a los espectadores.

Rubik: La película mezcla humor, ternura y los códigos de la road movie. ¿Qué referencias cinematográficas o personales te inspiraron para preparar la dirección de esta historia?

C. S.: Hay una película que me puso mi padre cuando era pequeño y que me ha acompañado desde entonces: Capitanes intrépidos. De alguna manera, la humanidad y la ternura que me produjo esa película era algo que sí quería intentar trasladar a Leo & Lou.

La historia quizá parte más como en Un mundo perfecto, en la que un delincuente secuestra a un niño —aquí es una niña que engaña a un tipo recién salido del calabozo—. Igualmente, Nebraska o Pequeña Miss Sunshine han servido también en algún momento de guía o inspiración. Incluso Full Monty o Billy Elliot, también con un componente paternofilial. Y, por supuesto, E.T.

Rubik: ¿Cómo ha sido la experiencia de estrenar en salas y después acudir a dos festivales Clase A?

C. S.: Melón con jamón. Nos coincidió todo a la vez y fue un contraste muy grande: la alegría de estar asistiendo a festivales de clase A, como Tallin y Mar del Plata, donde la acogida fue extraordinaria y recogimos premio en ambos; y, a la vez, ver que en taquilla no conseguimos atraer a la gente a los cines, lo cual fue una frustración enorme.

Esa frustración la hemos combatido haciendo eventos coordinados con colegios y ayuntamientos, para llevar las aulas al cine y hacer talleres sobre lengua de signos o sobre nuestro oficio, y la verdad es que ha sido muy enriquecedor.

Igualmente, soy consciente del privilegio de tener la posibilidad de ser seleccionados en festivales, especialmente con un cuento como este, cuando las tendencias son otras. Así que, con muchas ganas de los próximos certámenes a los que acudiremos en los próximos meses, para poder seguir compartiendo esta fábula tanto con niños como con adultos, charlar con la gente y compartir impresiones. Y todo esto, a la espera de su próxima ventana en España, en plataformas, donde ojalá podamos hacer llegar a estos personajes a muchos más hogares.