'A Working Man' (Warner Bros. Pictures)

Crítica ‘A Working Man’: Hermano proletario

abril 10, 2025
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Tras el notable éxito obtenido con Beekeeper: El protector, el dúo creativo formado por David Ayer y Jason Statham ha vuelto a formar equipo para llevar adelante A Working Man, proyecto auspiciado por Sylvester Stallone según una novela de Chuck Dixon. Por Tonio L. Alarcón

‘A Working Man’ (Warner Bros. Pictures)

A lo largo de su carrera, el universo de David Ayer ha tendido, de forma natural, a profundizar en la camaradería y las tensiones grupales dentro de los cuerpos policiales y/o militares, postulándose como heredero cinematográfico del planteamiento casi coral de las ficciones literarias de autores de policíaco como Ed McBain o Joseph Wambaugh.

Incluso cuando hizo el esfuerzo de acomodarse dentro de un concepto del blockbuster más contemporáneo, como realizó tanto en Suicide Squad como en Bright, por detrás continuaba latiendo su interés por las dinámicas que se producen dentro de los grupos cuya profesión se basa en poner su vida en riesgo.

Sin embargo, el fracaso de ambas, unida a la escasa huella dejada por una obra mucho más personal (e independiente) como Cuenta pendiente (2020), impelió a Ayer a buscar una reintroducción en la industria ejerciendo como artesano en un vehículo para Jason Statham como la divertidísima Beekeeper: El protector (2024), en la que, aun así, se intuía su mano en la (re)escritura del dúo de agentes del FBI interpretado por Emmy Raver-Lampman y Bobby Naderi.

‘A Working Man’ (Warner Bros. Pictures)

Convertida esta última en el mayor éxito de la carrera de Ayer desde Suicide Squad, así como un (necesario) balón de oxígeno para la carrera de Statham fuera de la franquicia Fast & Furious, era lógico que ambos buscaran de inmediato una nueva colaboración con un tono similar.

Ahí encajaba perfectamente la adaptación que Sylvester Stallone había firmado de la primera entrega de la serie de novelas pulp que Chuck Dixon ha dedicado al personaje de Levon Cade y que, en esta ocasión, Ayer ha tenido la oportunidad de reescribir para aproximarla más a su propia sensibilidad artística. Origen, seguramente, de la sensación de que, a nivel de guión, e incluso de montaje, A Working Man (2025) zozobra entre dos películas que no acaban de encajar entre ellas.

Y es que se aprecia cierto esfuerzo por parte del director a la hora de desarrollar el concienzudo trabajo detectivesco de Cade (por supuesto, Statham), así como su lado humano, sobre todo en relación a su hija Merry (Isla Gie) y su antiguo compañero, Gunny (David Harbour). Pero, dentro de los abultados 116 minutos de metraje de la película, todo ello no tiene apenas espacio frente a las set pieces de acción a mayor gloria de su protagonista, que se ha vuelto a rodear del mismo equipo de especialistas que en Beekeeper, liderado por Eddie J. Fernandez.

Como aquélla, A Working Man también tiene algo de fantasía compensatoria dirigida, como hace explícito su propio título original, hacia ese proletariado que se ha sentido cada vez más abandonado por las grandes instituciones. Claro que lo que hacía más disfrutona Beekeeper, por disruptiva, era que la ira de su protagonista iba dirigida, precisamente, contra la corrupción inherente a las altas instancias estadounidenses.

En cambio, el filme que nos ocupa ofrece un itinerario de venganza mucho más clásico, dirigido hacia mafiosos y traficantes (para más inri, extranjeros). Una idea algo filofascista del hardboiled heredada, en realidad, de los intereses del autor de la novela original, Dixon, que su etapa como guionista de los cómics del Castigador para Marvel ya demostraba una especial afinidad hacia el pulp hiperviolento de Mickey Spillane.

Desde esa perspectiva hay que entender el pirotécnico tiroteo final, a caballo entre el cine musculoso de los 80 y el heroic bloodshed hongkonés, y construido con la evidentísima intención de ofrecerle al público una catarsis colectiva en forma de violencia vicaria. De ahí que no solo sirva para cerrar (casi) todas las tramas, sino que además se haga a golpe de arma de fuego, arma blanca o, en algún caso, pura violencia cuerpo a cuerpo.

‘A Working Man’ (Warner Bros. Pictures)

Quizás, precisamente, por el tono festivo y un tanto enloquecido de Beekeeper, la fotografía de Gabriel Beristáin en la misma ofrecía una gama de colores más primaria, con una iluminación en la que tenían preeminencia los neones. Sin embargo, pese a que también ha utilizado una Arri Alexa 35 como cámara principal, el encargado de la fotografía de A Working Man, el debutante Shawn White, ofrece aquí unos encuadres mucho más convencionales.

Pese a que también hace un uso puntual de los neones, aquí emplea fuentes de luz de apariencia más natural, pero que le dan un tono grisáceo al largometraje que apunta hacia una naturalidad que no encaja con el tono pulp de la propuesta. Aunque fogueado como técnico de iluminación en todo tipo de superproducciones, da la sensación de que White no ha sido capaz de dotar al largometraje de una personalidad visual distintiva, por más que Ayer utilice sus habituales destellos de lente para subrayar la belleza (o su naturaleza de calma previa a la tempestad) de los momentos íntimos del personaje de Statham.