'Ballerina' (Diamond Films)

Crítica ‘Ballerina’: De Armas tomar

junio 19, 2025
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El éxito continuado de la franquicia John Wick ha llevado a sus responsables a plantear, al estilo Marvel Studios, la expansión de un universo propio. Su primera derivación cinematográfica es Ballerina, protagonizada por la cubano-española Ana de Armas. Por Tonio L. Alarcón

‘Ballerina’ (Diamond Films)

Aseguraba Len Wiseman en una entrevista que, debido a la satisfacción de los ejecutivos de Lionsgate con el primer montaje de Ballerina (2025), les garantizaron fondos adicionales suficientes como para recuperar, en la fase de reshoots, una secuencia perdida del guión original de Shay Hatten: el flashback que narra el asesinato del padre de Eve Macarro (Ana de Armas) y justifica su sed de venganza.

Lo cual define a la perfección la esencia de un spin-off que, en lugar de apuntar hacia la (agradecida) simplicidad de John Wick (2014), opta por enfangarse en el abigarramiento formal de sus secuelas. Esto es, coquetea con los modos de la serie B para traicionarlos desde el momento en el que sus responsables se muestran incapaces de narrar lo que, en el fondo, es una sencillísima historia de revancha de forma concreta y económica.

No hay pequeños momentos, sino solamente exceso e hipertrofia, al estilo de una franquicia que, a cada episodio, está más desesperada por ocultar su naturaleza de encadenamiento de set pieces mediante el planteamiento aparentemente operístico de su universo particular.

‘Ballerina’ (Diamond Films)

El proyecto que ha acabado siendo Ballerina podría compararse con un coche que se desballesta para usar alguna de sus piezas en otros vehículos y, después, se vuelve a montar, intentando que funcione igual de bien que antes. Y es que, el spec script que escribió Hatten con dicho nombre, pese a que estuviera inspirado en John Wick: Pacto de sangre (2017), no tenía relación alguna con la franquicia.

Fueron los productores de la misma quienes le instaron a incluir un parte de sus ideas en John Wick: Capítulo 3 – Parabellum (2019), y a reestructurar más tarde lo que había escrito previamente, mano a mano junto a Wiseman, para que encajara dentro de la lógica temporal establecida por las desventuras del personaje de Keanu Reeves. Lo cual, unido a las reescrituras a manos de guionistas no acreditados como Rebecca Angelo, Lauren Schuker Blum, Michael Finch o la mismísima Emerald Fennell (por sugerencia de la propia De Armas), da una idea de dónde ha podido quedar la posible frescura de la versión original que escribiera Hatten con poco más de veinte años.

Precisamente, lo más frustrante de Ballerina es que debería haber servido para ampliar el universo de la franquicia, pero ni siquiera intenta alcanzar una personalidad distintiva. Depende tanto de su franquicia madre, al regirse por el más puro fan service, que ahoga sus propias ideas en todo tipo de guiños, cameos y referencias directas a las anteriores John Wick (incluidas un par de apariciones estelares del mismísimo Reeves).

‘Ballerina’ (Diamond Films)

Como variante femenina del estilo impulsado por 87Eleven, resultaba mucho más estimulante Atómica (Atomic Blonde) (2017), aunque solo fuera por relocalizar su concepto de las set pieces en los últimos estertores de la Guerra Fría. Claro que también tiene algo que ver el hecho de que la iconicidad como heroína de actioner de Charlize Theron había sido elevada a la estratosfera gracias a Mad Max: Furia en la carretera (2015), mientras la voluntariosa De Armas ha tenido que conformarse con apariciones secundarias en Sin tiempo para morir (2021) o con proyectos intrascendentes como El agente invisible (2022) o Ghosting (2023).

Igual que, en su popular serie Underworld, ofrecía una estética a medio camino entre El cuervo (1994) y la franquicia Matrix, Wiseman se limita aquí a seguir las guías visuales establecidas por Stahelski y Dan Lautsen. Incluso llegar a reconstruir, desde perspectivas más o menos inéditas, algunas secuencias clave de Parabellum: sin ir más lejos, toda la subtrama del entrenamiento de Macarro estaba ya allí, mucho mejor resumida.

Pero en los proyectos de 87Eleven (como también en los de 87North, la productora de David Leitch) adquiere tal importancia el trabajo de los especialistas, por la dimensión narrativa que llegan a alcanzar sus set pieces, que tanto el director de segunda unidad como el coordinador de acción tienen mayor peso específico para el resultado final que el realizador que firma el largometraje. Y para asegurar la coherencia respecto a anteriores entregas de John Wick, Stahelski ha contado con dos veteranos de su factoría, Darrin Prescott y Stephen Dunlevy, que le han brindado lo que esperan sus espectadores potenciales: violencia desatada, un uso cinético de la cámara y muchísimo gun fu.

De hecho, si algo cabe destacar en Ballerina, más allá de la interpretación física de Ana de Armas, son las secuencias en la que Dunley se sale de lo establecido en las anteriores entregas de la franquicia, y plantea ideas más o menos originales.

Véanse, a ese respecto, la secuencia en la que la protagonista se defiende a golpe de granada de mano (si bien, de forma inevitable, depende del uso de efectos digitales), o aquélla en la que se enfrenta a Dex (Robert Maaser), ambos equipados con lanzallamas. No es mucho, pero al menos se apartan, aunque sea ligeramente, de la cada vez más almidonada fórmula John Wick.