'Buddy'

Crónica 2 #Sitges2026: ‘Sanguine’, ‘The Face of Horror’ y ‘Buddy’

octubre 15, 2026
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Después de unos cuantos días saltando de sala en sala, hoy traemos tres propuestas que, cuando abandonemos el Festival, seguirán rondando por nuestra cabeza. Por Belit Lago

‘Buddy’ (Sony Pictures)

Empezamos esta crónica con la que seguramente sea la muestra de nuevo extremismo francés más celebrada de esta 59.ª edición del Festival de Sitges. Sanguine, que ya pasó por Cannes, es una fiesta de body horror trasladada a la contemporaneidad. Margot empieza a trabajar como médica residente en las urgencias de un hospital. La presión y la autoexigencia acaban afectando a su salud, no solo mental, sino también física: la ansiedad somatizada en la piel; la impronta del estrés sobre un cuerpo magullado.

Marion Le Coroller sigue la estela de sus coetáneas francesas —Ducournau, Fargeat— para hablar de la epidemia del presente: la obsesión por el trabajo. Cambiando la universidad de Crudo (2016) por el centro de salud y la preocupación por la vejez de La sustancia (2024) por la presión laboral, la cineasta construye un relato de ritmo finísimo: una disección del problema ligada a la transformación física.

El cuerpo, ahogado por horarios imposibles y desprovisto de cualquier tipo de autocuidado, muta en una nueva especie: una máquina más útil, más productiva, más eficiente. Un ser superior que, a su vez, también es más sensible y que se nos muestra —como hizo Julia Ducournau en Alpha— a través de un embellecimiento de la enfermedad.

‘Sanguine’ (Adso Films y Twelve Oaks Pictures)

Diez años después del estreno de The Love Witch, Anna Biller vuelve al terror con The Face of Horror, una historia japonesa de fantasmas trasladada a la Inglaterra medieval. A caballo entre el teatro kabuki y la tragedia shakespeariana, Biller no renuncia a su estética kitsch, y nos regala una oda al cine de los sesenta y los setenta con su característico uso del Technicolor.

Una historia de venganza capitaneada por Eleanor, interpretada por una increíble Kristine Froseth, cuya angelicalidad conecta a la perfección con su transformación en villana. La mujer fiel, dulce y sumisa tendrá que morir para hacer justicia: no será hasta convertirse en fantasma cuando la protagonista consiga manifestar lo que siente ante las infidelidades de su marido, el verdadero monstruo de la película.

Todo ello se articula a través de la teatralidad y la exaltación de los colores, con especial atención a unos decorados portentosos, un diseño de vestuario exquisito y un maquillaje cuidado al milímetro. Que nunca falten las pestañas postizas en los personajes femeninos de Anna Biller.

‘The Face of Horror’

Cristin Milioti (Palm Springs) es una de las pocas presencias adultas de Buddy, la última propuesta de Casper Kelly, una especie de Teletubbies llevado al extremo en la que, capítulo a capítulo, su protagonista —un unicornio naranja que se vuelve gigante cuando pronuncias su nombre— recorre, a velocidades extremas, el camino de amigo a villano.

Un grupo de niños vive encerrado en un universo televisivo, una especie de dimensión en la que conviven con Buddy, su compañera Betty Bunny y la enfermera, además de algunos objetos animados —el buzón, el sofá o la mochila— y de las visitas del cartero. Cuando uno de los chicos encuentra un libro manchado de sangre en la basura, empezarán a cuestionarse las intenciones del peluche humanoide y la naturaleza del lugar que habitan.

‘Buddy’ (Sony Pictures)

Pese a ser una de las propuestas más celebradas de estos últimos días, la película apuesta por un humor negro bastante particular, que se entiende mejor después de ver el cortometraje de su director, Too Many Cooks (2014), en el que se explora la deformación de la realidad a través del propio dispositivo audiovisual, utilizando, en este caso, el formato de sitcom.

Quizás habría estado bien pasar menos tiempo dentro del programa infantil y más en el mundo real, junto a esa madre que empieza a recordar a través de imágenes del vacío y que emprende un viaje desde fuera hacia dentro. Una secuencia que nos regala uno de los mejores momentos de esta edición y que, a su vez, recuerda a aquella en la que Owen, coprotagonista de El brillo de la televisión (Jane Schoenbrun, 2024), también introducía la cabeza en el aparato. Ese frenético engullir que la ficción ejerce sobre los individuos. Ese espacio liminal en el que conviven ambos universos —el real y el ficticio—, nuestra percepción y lo imaginado.