'Blindado' (Beta Fiction)

Crítica ‘Blindado’: La América de Trump… otra vez

junio 9, 2025
por

Mientras la película en la que se inspira, la argentina 4×4, planteaba una realidad moral y (socio)política compleja, Blindado pretende hacer una relectura simplificada de su punto de partida, dándole el papel de villano a un claro votante de Donald Trump. Por Tonio L. Alarcón

‘Blindado’ (Beta Fiction)

En un contexto cultural en el que, cada vez más, los creadores creen necesario telegrafiar el significado profundo de los relatos cinematográficos, la argentina 4×4 (2019) se atrevía a desafiar el posicionamiento moral de los espectadores con un planteamiento de perversidad hitchcockiana.

A través de un guión tan provocador como atrevido, Mariano Cohn (que aquí dirigía en solitario) y Gastón Duprat colocaban al espectador frente a un espejo que magnificaba su posicionamiento (socio)político, al retorcer una historia de venganza que anticipaba, nada casualmente, el auge de la ultraderecha y, claro está, la llegada a la presidencia argentina de Javier Milei.

Los responsables del filme solamente necesitaron una esquina bonaerense cualquiera para reflejar el profundo descontento de sus conciudadanos, y la facilidad con la que, en un contexto tan cargado de negatividad, una pequeña chispa puede inflamar una reacción desmesurada.

A la hora de reinterpretar una obra tan compleja y repleta de aristas para el mercado estadounidense, el guión de Michael Arlen Ross para Blindado (2025) prefiere replegarse en una lectura simplona, maniquea, del original. De ahí que el criminal violento y antipático que interpretaba Peter Lanzani haya derivado en el preocupado padre (sic) que aborda Bill Skarsgård, y que el obstetra vengativo al que daba voz (y cuerpo) Dady Brieva aquí se convierta en un psicópata refinado en manos de, oh qué gran originalidad, Anthony Hopkins.

Se quedan por el camino todos los cuestionamientos que Cohn y Duprat se hacían respecto a qué significa ser una víctima, así como a las raíces del sentimiento de indefensión. Y lo que se aproximaba a la incómoda lectura del vigilantismo que hacía El justiciero de la ciudad (1974) se transforma en una especie de derivado progre de Saw (2004).

Después de todo, aunque el posicionamiento de base del Doctor Ferrari (Brieva) en 4×4 era notablemente clasista, también representaba el cabreo legítimo de los argentinos frente al abandono de las instituciones. Mientras, su sosias Williams (Hopkins) es una clarísima proyección trumpiana que, envalentonada por las consignas MAGA, hace ostentación constante de su situación de privilegio. De ahí que no busque justicia ni reparación, sino directamente limpieza étnica.

‘Blindado’ (Beta Fiction)

En otras palabras, que la brújula moral y/o política del guión de Ross para Blindado está orientada en un sentido muy determinado. Por eso no hay ni rastro de un equivalente al personaje del negociador jubilado, Julio Amadeo (Luis Brandoni), que venía a ofrecer una tercera perspectiva del conflicto moral planteado para enriquecer la propuesta. No hay interés alguno por parte de sus responsables en problematizar lo narrado.

No es casual, en ese sentido, que la película original de Cohn fuera mucho más desnuda, más directa. El espectador recibía inicialmente conjuntos vacíos, casi abstracciones sociales, a las que se les iban añadiendo capas de significado a medida que avanzaba el metraje, pero sin llegar jamás a completarlas del todo.

En cambio, el director de Blindado, David Yarovesky, no se atreve a dejar nada al azar. Por eso, desde el primer minuto de metraje, añade contexto para explicar el comportamiento de sus dos personajes principales, especialmente Eddie (Skarsgård). Lo que explica la traición constante, incluso diría que obsesiva, del principio de unidad de localización que hacía particularmente interesante 4×4. Hay tanto miedo a que el público norteamericano se aburra, que la excesiva movilidad de la cámara de Michael Dallatorre, y la multiplicación de escenarios, dispersan la (poca) tensión acumulada hasta el momento. Pese a que intente vehicular formalmente el cine de Fincher, se queda en un mero remedo desganado.

De hecho, más que intentar aproximarse al estilo de Seven (1995), habría valido la pena que tanto Yarovesky como Dallatorre se hubieran esforzado por replicar el espléndido tour de force narrativo que suponían los quince primeros minutos de 4×4. Una larga secuencia sin diálogos, casi íntegramente ambientada dentro del vehículo alrededor del que giraba la acción, y basada en la muy física interpretación de Lanzani.

‘Blindado’ (Beta Fiction)

Consciente de la fuerza intrínseca de ese arranque, el remake brasileño que dirigió João Wainer, A jaula (2022), sí que respetaba los hallazgos formales de Cohn y su director de fotografía, el español Kiko de la Rica… Quizás demasiado, pues el encargado de lo fotográfico, Leo Resende Ferreira, planteaba casi una fotocopia estética ambientada en un contexto cultural distinto.

Después de todo, gran parte del atractivo del original de Cohn estaba en cómo construía la tensión dentro de un recinto cerrado, planificando con gran cuidado cómo sacar el máximo partido de un espacio tan estrecho, ofreciendo así una especie de variación del planteamiento asfixiante que Rodrigo Cortés y Eduard Grau hicieran en Buried (Enterrado) (2010).

Lo que marca la diferencia entre un proyecto que, consciente de sus limitaciones industriales, decide explotarlas desde un punto de vista expresivo, y otro que intenta esconder, con notable torpeza, su naturaleza de producto de serie B.