Michael Fassbender y Cate Blanchett protagonizan el último ejercicio cinematográfico del incansable Steven Soderbergh, de nuevo en salas españolas con Confidencial (Black Bag) tras el estreno de Presence el mes pasado. Por Belit Lago

Desde La suerte de los Logan en 2017, el cineasta con más pseudónimos de la industria audiovisual contemporánea ha presentado, como mínimo, una película por año, siendo 2023 el punto álgido de esta última temporada, con la tercera entrega de la saga Magic Mike y las miniseries Círculo cerrado (HBO Max) y Command Z (Extension 765).
A sus 62 años, a Soderbergh no le faltan ni energía ni entusiasmo, y es que no solo dirige, sino que también se encarga del montaje y la dirección de fotografía de la mayoría de sus proyectos.
Siempre es interesante aproximarse a la filmografía de un director que ha utilizado el cine para investigar, probar, acertar y equivocarse constantemente. Muchas de sus películas responden más al cine-ensayo, en el sentido más amplio y abstracto del concepto, puesto que la narratividad y la ficción son aspectos fundamentales de su obra, que a una cinematografía en la que suelen adivinarse ciertos rasgos —estilemas— que nos remiten claramente a un autor concreto.

Sin duda, Soderbergh es un artista poliédrico de los que ya no quedan: cada una de sus propuestas corresponde a una búsqueda, un cuestionamiento, una voluntad fehaciente de adentrarse en un universo cerrado que abandona cada vez que inicia un nuevo rodaje, convirtiendo esa incapacidad de ser clasificado en su mayor virtud.
Cada uno de sus trabajos es completamente distinto al anterior, y así lo confirman sus dos últimos films: si en Presence nos encerraba en una casa bajo el punto de vista de un fantasma que nos mostraba la cotidianidad de una familia norteamericana que acababa de mudarse, en Confidencial (Black Bag) nos traslada al clásico cine de espías en un thriller donde las peliagudas misiones de sus protagonistas quedan en un segundo plano, situando las relaciones entre ellos en el punto de mira, en aquello que realmente capta la atención del espectador.
El sexy matrimonio formado por George y Kathryn es el núcleo a partir del cual llegamos al resto de personajes, todos agentes de inteligencia en la misma compañía. Un elenco repleto de figuras despampanantes —entre los que destacan, además de los siempre fabulosos Fassbender y Blanchett, los menos conocidos Marisa Abela y Regé-Jean Page— que durante los encomiables 93 minutos que dura el metraje no dejarán de hablar, hablar y hablar.

El montaje busca el equilibrio entre la tensión de estas conversaciones y el florecimiento de unas personalidades dispares, resultando en un entretenido film dialógico cuyo ritmo nunca decae y que presenta, cuanto menos, una secuencia trepidante: el enfrentamiento de todos los “sospechosos” de la traición que George investiga, con ayuda de unos y otros, a la máquina de la verdad: el polígrafo.
Soderbergh aporta interés a una básica trama estilo Sr. y Sra. Smith (Doug Liman, 2005) dejando de lado el uso de la acción por la acción y construyendo una panorámica analítica de diferentes identidades que interactúan bajo el foco de la sospecha: un grupo de mentirosos profesionales cuyas relaciones interpersonales son la materia prima del más que notable guion de David Koepp, en su tercera colaboración con el de Atlanta.
El perverso juego al que asistimos en Confidencial (Black Bag) pone a prueba la lealtad de algunos y el ingenio de otros, a la vez que certifica la solvencia de su autor a la hora de generar material capaz de contentar a un gran espectro de público: tanto los que buscan un producto de puro entretenimiento como aquellos que esperan cierta profundidad en el discurso —en este caso alrededor de las dinámicas de poder y los vínculos sexoafectivos— saldrán del cine más que satisfechos.