Después de su debut en el largometraje con el drama romántico Mi iubita, mon amour (2021), Noémie Merlant se atreve con la comedia de terror Las chicas del balcón (2024), que tras su efímero paso por salas españolas, llega a Filmin el próximo 30 de mayo. Por Belit Lago

En sus últimos años de carrera como intérprete, Merlant ha trabajado con directores de la talla de Jacques Audiard (París, Distrito 13, 2021), Isaki Lacuesta (Un año, una noche, 2022) o Todd Field (TÁR, 2022), aunque nadie duda que quien la ayudó en su ascenso hacia la liga internacional fue la cineasta francesa Céline Sciamma con Retrato de una mujer en llamas, nominada a infinidad de reconocimientos y ganadora de varios premios a mejor guion (Sciamma) y mejor fotografía (Claire Mathon).
La actriz, que se estrenó en 2019 como directora y guionista con su mediometraje Shakira, siempre aparece en sus películas. En Las chicas del balcón, que coescribe junto a la autora de Tomboy (2011) y la coguionista de El reino animal (Thomas Cailley, 2023) Pauline Munier, forma parte del grupo protagonista, tres amigas con tres personalidades muy distintas pero unidas por un denominador común: sus alianzas contra el patriarcado.
El inicio del film, que tuvo su estreno mundial en la 14ª edición del Atlàntida Mallorca Film Festival —el primer festival de cine híbrido de España—, nos lleva irremediablemente al prólogo de La ventana indiscreta de Hitchcock: en ambas observamos a los residentes de un edificio a través de sus ventanas en un movimiento de cámara panorámico que va acercándose paulatinamente a las viviendas, como si buscara esa señal de que algo anda mal al otro lado de la fachada.

En Marsella están viviendo uno de los días más calurosos del año y las autoridades recomiendan no salir de casa, no hacer ejercicio físico y vigilar a los vecinos más vulnerables.
Esta situación, que bien podría funcionar como analogía de la pandemia mundial que nos encerró en nuestros hogares hace ya cinco años —afortunado el que disponía de balcón, por pequeño que fuera—, nos recuerda a otra propuesta que se vio en la misma edición del Atlàntida, Calor brutal (Albert Hospodarsky, 2023), una distopía checa en la que un segmento del sol se dirige hacia la tierra provocando comportamientos extraños en el ser humano.
A Nicole (Sanda Codreanu), Ruby (Souheila Yacoub) y Élise (Merlant) las une un fuerte vínculo que sirve como metáfora de la comunión entre mujeres.
Cuando una de ellas viva una situación desagradable con el vecino de enfrente —a las que todas observan desde el otro lado de la calle con insaciable fervor—, esta poderosa tríada se enfrentará a una masculinidad tóxica representada por una marabunta de cuerpos andantes que se encuentran en una especie de purgatorio, un espacio liminal entre la tierra y el infierno que les permite, aunque no por mucho más tiempo, seguir asediando a la otra mitad de la población.
Merlant firma un segundo largo tan divertido como ligero, visualmente cautivador y con un destacable trabajo de sus actrices.
Sin ningún tipo de pretensión de llegar a convertirse en nada que no es, Las chicas del balcón nos regala una venganza colectiva que a ratos recuerda a la exageración de algunas premisas almodovarianas —en una lisérgica mezcla entre Volver (2006) y Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)— pero también remite, y de manera directa, a Marujas asesinas (2001) de Javier Rebollo, con Neus Asensi y Antonio Resines al mando, entre otras estrellas del panorama español de principios de los 2000.

Sangre y sudor bañan esta oda a la sororidad en clave de comedia negra que funciona perfectamente como sesión para una tarde de viernes con las amigas, una velada cargada de risas y complicidad en la que poder celebrar la amistad femenina, a las mujeres que ocupan espacios de poder dentro de la industria, y a las actrices generosas que, independientemente de la magnitud de los proyectos en los que trabajan, exprimen siempre todas sus capacidades.