'Bohemian Rhapsody' (20th Century Fox)

El biopic musical: ¿nuevo comodín de la industria cinematográfica?

marzo 19, 2026
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Aunque no es, ni mucho menos, un subgénero novedoso o innovador, la proliferación de biografías cinematográficas de artistas musicales revela la esperanza de la industria en haber encontrado una nueva máquina de rentabilidad relativa y, quizá discutiblemente, asegurada. Por Álvaro G. Illarramendi

‘Bohemian Rhapsody’ (20th Century Fox)

El género biográfico ha sido uno de los más recurrentes y exitosos en la Historia de la Literatura y, lógicamente, también en la más breve pero significativa Historia del Cine.

El biopic musical: tan antiguo como el viejo Hollywood

La vieja expresión según la cual “la realidad siempre supera a la ficción” resume perfectamente el indudable atractivo de las historias reales y el imprevisible devenir de sus acontecimientos, frecuentemente insólitos incluso para la imaginación de un curtido guionista.

Desde la Juana de Arco de Georges Méliès, en los primeros compases del cine mudo, a las dos cintas que encumbraron al gran Paul Muni en los años 30, La tragedia de Louis Pasteur y La vida de Emile Zola, la industria del cine detectó rápidamente el interés del público y la buena recepción de la crítica a las crónicas de insignes o populares figuras reales cuyas vidas reproducían, mejor que cualquier novela, los esquemas de ‘auge y caída’ o ‘superación personal’ tan del gusto de los espectadores de todas las edades.

‘En la cuerda floja’ (20th Century Fox)

El subgénero de biopic musical, es decir, la aplicación de las claves biográficas a los artistas musicales, comparte los ingredientes mencionados (fuerte componente emocional, mayor potencial de prestigio crítico), añadiendo algunos factores ciertamente interesantes: por un lado, la existencia de una audiencia previa muy fidelizada (los fans de las y los artistas) y, por otro lado, las sinergias de todo tipo (comerciales y artísticas) que se producen con el catálogo de canciones, cuyo éxito previo se erige en notable estrategia de marketing y que también se beneficiarán de la visibilidad de la producción cinematográfica y de su capacidad para llegar a nuevos públicos o de reforzar a los preexistentes.

No es de extrañar, por tanto, que en la ‘edad dorada del viejo Hollywood’, los magníficos años 40 y 50, puedan identificarse ejemplos ya de gran éxito comercial como The Jolson Story, sobre Al Jolson, o la más oscura Love Me or Leave Me, con Doris Day encarnando a Ruth Etting.

La explosión del biopic musical: un fenómeno llamado Bohemian Rhapsody

Las notas distintivas del subgénero siguieron caracterizando a las diversas propuestas que, con cierta regularidad, éxitos puntuales (geográficamente más localizados) y presupuestos medios lo fueron resucitando a lo largo de las décadas: el rock de The Buddy Holly Story en los 70, La Bamba en los 80 (que logró reactivar el catálogo musical de Ritchie Valens tras su estreno) o la apuesta más personal de Oliver Stone en The Doors y el star power de Jennifer López con Selena, ya en los 90.

El subgénero dio un salto cualitativo a comienzos del siglo XXI reorientándose hacia propuestas de marcado carácter ‘oscarizable’ y simultánea ambición comercial: los Oscars al Mejor Actor de Jamie Foxx por Ray y de Mejor Actriz a Reese Witherspoon por En la cuerda floja son los mejores indicativos del alcance mainstream (ambas superaron ampliamente los 100 millones de dólares de recaudación mundial) y enorme prestigio cinéfilo que asentaron las bases de lo que vendría una década después.

‘Elvis’ (Warner Bros.)

Y lo que vino tras las masivas cifras en 2015 (sobre todo en Estados Unidos) de Straight Outta Compton, crónica del grupo de rap N.W.A, fue la apuesta de Hollywood por llevar a la pantalla las vidas y desventuras de los grandes iconos pop globales del siglo XX, cuyo poder de seducción universal e intergeneracional implicaba asumir ciertos riesgos pero también podía llevar el subgénero a nuevas cotas de popularidad.

La apuesta se saldó, pese a una producción accidentada de esta crónica del célebre grupo Queen, con el fenómeno planetario de Bohemian Rhapsody en 2018, o el biopic reconvertido en blockbuster (más de 900 millones de dólares recaudados a nivel mundiaI) y en un hito para el subgénero, por cuanto cambió la percepción de su potencial en la taquilla e inició una verdadera oleada de proyectos en la misma línea, desde el Rocketman de Dexter Fletcher en 2019 (195 millones de dólares recaudados a nivel mundial) a la aún en cartelera Song Song Blue, pasando por el Elvis de Baz Luhrmann en 2022 (290 millones de dólares internacionalmente), o A Complete Unknown (140 millones de dólares en cómputo global) y Bob Marley: One Love (180 millones de dólares) en 2024.

En un escenario post-superheroico, donde las franquicias relacionadas con Marvel o DC parecen agotarse progresivamente, estos biopics han devuelto la ilusión de una fórmula fácilmente replicable y con potencial de alto retorno.

Aunque ninguna ha logrado repetir, ni acercarse siquiera, a las cifras de Bohemian Rhapsody, todas las mencionadas han logrado una notable rentabilidad partiendo en un presupuesto razonable (entre 40 y 90 millones de dólares) y un riesgo financiero, por consiguiente, mucho más controlado, así como una presencia en la carrera de premios prácticamente asegurada.

En un escenario post-superheroico, donde las franquicias relacionadas con Marvel o DC parecen agotarse progresivamente, estos biopics han devuelto a los estudios la ilusión de haber encontrado una fórmula fácilmente replicable y con potencial, no siempre materializado, de alto retorno. Analicemos más detenidamente todas las variables.

El biopic musical, subgénero distinto del musical… ¿o ya no tanto?

Conviene precisar que el biopic musical, aunque tenga una indudable relación con el género musical stricto sensu, se diferencia claramente de este último en que la música no es tanto una herramienta narrativa (números musicales que explican o hacen avanzar la trama) como un elemento narrativo, es decir, su integración en el relato es más narrativa que orgánica, de ahí que haya experimentado una evolución muy distinta y merezca un análisis particularizado, elementos distintivos a los que volveremos más adelante.

No obstante, cada vez se localizan más zonas grises donde ambos convergen, como los musicales jukebox, caracterizados por hacer uso del repertorio de composiciones de un artista específico, al que no hacen necesariamente referencia ni con el que deben guardar relación alguna, como el fenómeno Mamma Mia! (basado en las canciones de ABBA), ya convertida en saga cinematográfica y cuyas dos películas (la tercera se encuentra en desarrollo) superan conjuntamente los 1.000 millones de dólares de recaudación mundial.

‘Rocketman’ (Paramount Pictures)

Otro caso destacado es el de Rocketman que, reuniendo todos los rasgos del biopic musical aplicado a la figura de Elton John, se valió también de escenas más propias de los musicales, con resultados muy estimulantes pero que el público no supo apreciar con la misma intensidad que otras propuestas más conservadoras. Y así llegamos al siguiente punto que destacar (y en este caso, quizá lamentar) del subgénero: su marcado conservadurismo en la concepción y desempeño comercial.

Una fórmula… ¿infalible?

Lo cierto es que este género, lejos de ser una máquina automática de hacer dinero, admite tanta casuística como diversos son los artistas cuyas vidas reproduce. En este sentido, más allá de los sonados casos de éxito a los que nos hemos referido, también deben recordarse otros casos menos afortunados que no han disfrutado de las misma repercusión ni alabanzas.

La clave parece residir en un equilibrio de buenas críticas con una aproximación más bien convencional. Es decir, el target adulto al que se dirigen estos productos busca calidad, pero no experimentación, pues una de las razones de ser de este género radica, precisamente, en que el espectador conoce de antemano buena parte de lo que se le va a contar y no asume, él tampoco, excesivos riesgos.

La clave del éxito de taquilla parece residir en un equilibrio de buenas críticas con una aproximación más bien convencional. Su ‘target’ adulto busca calidad, pero no experimentación o excesivos riesgos.

Las propuestas que han introducido un elemento mínimamente disruptivo han resultado excesivamente penalizadas (véase el fracaso de la reivindicable Better Man, donde Robbie Williams era encarnado por un simio digital, que apenas recaudó 23 millones de dólares a nivel mundial), pero, al mismo tiempo, la recepción de malas críticas o la indiferencia de medios y premios puede lastrar propuestas recientes e inicialmente muy atractivas para el público, como los pobres resultados de Respect sobre Aretha Franklin (33 millones de dólares recaudados), o, en menor medida, de I Wanna Dance with Somebody sobre Whitney Houston (60 millones de dólares) o Back to Black sobre Amy Winehouse (51 millones de dólares).

En definitiva, el potencial comercial de estas propuestas está indudablemente relacionado con la popularidad del artista, pero también con una compleja combinación de calidad y ‘accesibilidad mainstream’, sin perjuicio de que resulten siempre atractivas para su explotación en plataformas digitales.

El Michael de Fuqua y los Beatles de Mendes… el salto adelante

Las dos grandes producciones, a corto y largo plazo, perfilarán la evolución del género en los próximos años. Por un lado, el 24 de abril de 2026 se espera repetir un éxito similar al de Bohemian Rhapsody y quizá superar la barrera de los 1.000 millones de dólares con la aproximación dirigida por el veterano Antoine Fuqua y protagonizada por Jaafar Jackson, sobrino del propio Michael. Con un presupuesto estimado de 160 millones de dólares, Lionsgate espera dar un golpe en la mesa que traiga alegrías a los cines de todo el mundo.

Paul Mescal como Paul McCartney en los biopics de The Beatles que prepara Sam Mendes (Sony Pictures)

Por otro parte, el maratoniano proyecto en desarrollo de Sam Mendes sobre los Beatles, compuesto de 4 películas y con las principales estrellas emergentes británicas de la actualidad, pondrá a prueba el verdadero potencial del género y la insaciabilidad del público por redescubrir esta historia.

¿Y qué ocurre con el cine español?

Aunque muchas de las producciones mencionadas han gozado de un gran éxito en España (Bohemian alcanzó los 27 millones de euros y Elvis superó los 4), lo cierto es que el cine español reciente no se ha atrevido a explorar este género desde una perspectiva mainstream, si bien algunas propuestas más indies o de nicho, como La estrella azul, sobre el músico Mauricio Aznar, recaudó unos meritorios 583.000 € en salas españolas.

Por su parte, Segundo premio, la aproximación de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez a Los Planetas, obtuvo cifras más modestas, pero logró incontables premios y reconocimientos. No duden que pronto podremos presumir de un éxito nacional sobre una gran figura de nuestra música; desde luego, candidatos o candidatas no faltan…