Productor, distribuidor y presidente de EGEDA, Enrique Cerezo acumula una trayectoria de prácticamente seis décadas ligada al audiovisual, desde sus primeros pasos como ayudante de cámara hasta la producción de decenas de largometrajes, la defensa de los derechos de los productores y la recuperación del patrimonio cinematográfico. Tras recibir en 2025 la Medalla de Oro de la Academia de Cine, conversamos con él sobre el momento que atraviesa la industria española, la evolución de la figura del productor, la financiación, la propiedad intelectual, la inteligencia artificial y el enorme potencial de construir un verdadero espacio audiovisual iberoamericano. Por Miguel Varela.

Rubik: En 2025 recibió la Medalla de Oro de la Academia de Cine en reconocimiento a toda una vida dedicada al audiovisual y, especialmente, a la producción, distribución y conservación de nuestro patrimonio cinematográfico. ¿Qué significado tuvo para usted este reconocimiento?
Enrique Cerezo: Fue una enorme satisfacción, sobre todo porque es un reconocimiento que procede de tus propios compañeros de profesión y pone en valor una trayectoria de prácticamente toda una vida vinculada al cine.
Lo recibí con mucho orgullo como productor y como presidente de EGEDA, pero tuvo para mí un significado especialmente importante por el reconocimiento a una de mis grandes pasiones: la recuperación y restauración de nuestro patrimonio cinematográfico.
Restaurar una película es un trabajo complejo, costoso y muchas veces invisible para el espectador, pero permite que obras que forman parte de nuestra memoria vuelvan a verse en las mejores condiciones y lleguen a nuevas generaciones.
Durante décadas hemos trabajado en la recuperación de miles de películas. Una película no pertenece únicamente al momento histórico en el que se estrena: si somos capaces de conservarla adecuadamente, puede seguir emocionando y explicando quiénes fuimos muchas décadas después.
Esa pasión ha convivido siempre con otra preocupación fundamental: la defensa de los productores audiovisuales y de sus derechos, que fue también una de las razones por las que participé activamente en el nacimiento de EGEDA junto a José María Forqué.
Rubik: Sus primeros pasos en el cine estuvieron vinculados al trabajo de cámara y al propio funcionamiento de los rodajes. ¿Cómo influyó ese conocimiento técnico y directo del oficio en su posterior manera de entender la producción cinematográfica?
E. C.: Mi primer contacto con el cine fue como proyeccionista en el Colegio de los Misioneros de Segovia. Allí cambiaba las bobinas y veía las películas desde aquella pequeña cabina. Probablemente fue entonces cuando descubrí que quería dedicar mi vida a esta industria.
Después tuve la suerte de empezar profesionalmente desde abajo. En 1967 trabajé como meritorio de cámara en Un millón en la basura, de José María Forqué, y posteriormente fui ayudante de cámara en más de un centenar de películas.
Aquello fue una escuela extraordinaria. Cuando conoces un rodaje desde dentro entiendes que una película no la hace solamente quien aparece en pantalla. Detrás existe una enorme maquinaria creativa formada por profesionales de cámara, eléctricos, sonido, producción, maquillaje, vestuario, montaje…
Eso condicionó mi forma de entender la producción. Un productor debe comprender la parte artística, pero también la técnica, la económica y, sobre todo, la humana, y conseguir que todas esas piezas funcionen juntas.
Rubik: A lo largo de su carrera ha producido y coproducido películas de géneros, épocas y autores muy diferentes. ¿Qué proyectos, encuentros o decisiones considera que marcaron especialmente su recorrido como productor?
E. C.: Mi primera producción fue La boda del señor cura, en 1979, y la primera película siempre tiene un significado especial porque es cuando descubres realmente lo que significa asumir la responsabilidad de sacar adelante un proyecto.
Después han llegado muchas películas, como El perro del hortelano, Juana la Loca, Las trece rosas, La buena estrella, Las brujas de Zugarramurdi o 1898: Los últimos de Filipinas.
Si algo he aprendido después de tantos años es que el productor es quien tiene que creer en una película antes de que exista.
Cuando recibes un proyecto todavía no tienes actores en pantalla, música ni espectadores. Muchas veces solamente tienes unas páginas y una idea. Alguien tiene que apostar por ellas, encontrar financiación, reunir al equipo adecuado y asumir el riesgo necesario para convertirlas en realidad.
Por eso reivindico siempre la figura del productor. Trabajamos muchas veces en la sombra, pero acompañamos una película desde que prácticamente no existe hasta que finalmente encuentra a su público.
Rubik: Ha conocido prácticamente todas las grandes transformaciones experimentadas por el sector audiovisual durante las últimas décadas. ¿Cómo definiría el momento que atraviesa actualmente la industria española?
E. C.: Creo que vivimos uno de los momentos más interesantes y, al mismo tiempo, más complejos de nuestra industria.
Nunca habían existido tantas formas de producir, distribuir y consumir contenidos. A las salas de cine y las televisiones se han incorporado las plataformas, que permiten que una película o una serie viaje prácticamente de inmediato por todo el mundo.
España dispone de magníficos profesionales, excelentes técnicos, productores con capacidad internacional, localizaciones extraordinarias y una cinematografía con identidad propia. Cada vez existe además un mayor interés internacional por producir en nuestro país y por nuestras películas y series.
Pero no debemos enfrentar unas ventanas con otras. Las plataformas han ampliado enormemente el consumo audiovisual, mientras que la sala de cine sigue ofreciendo algo insustituible: la experiencia colectiva de compartir una historia frente a una gran pantalla.
El reto es conseguir que todas esas ventanas convivan y que el crecimiento sea sostenible. No basta con producir más. Necesitamos productoras más sólidas, capaces de conservar y explotar adecuadamente sus derechos, acceder a financiación, internacionalizar sus proyectos y competir en un mercado global.

Rubik: ¿Cuáles considera que son hoy las principales fortalezas del cine español y en qué ámbitos cree que todavía existe margen para seguir avanzando?
E. C.: Nuestra principal fortaleza es el talento. España cuenta con directores, productores, guionistas, intérpretes y técnicos extraordinarios.
Tenemos además algo muy difícil de fabricar: una cultura y una identidad propias. El cine es entretenimiento, pero también nos explica cómo éramos, cómo somos y cómo imaginamos nuestro futuro.
Y España forma parte de un espacio cultural todavía mayor. Compartimos lengua y una enorme tradición cultural con Iberoamérica. Si incorporamos también el portugués, hablamos de un espacio audiovisual de cientos de millones de personas.
Tenemos que mejorar nuestra capacidad para coproducir, distribuir e internacionalizar nuestras historias. Una película española no debería pensar solamente en España, igual que una producción argentina, mexicana, colombiana, portuguesa o brasileña tampoco debería limitarse exclusivamente a su mercado nacional.
Ese es precisamente uno de los grandes objetivos que perseguimos desde EGEDA y Universo PLATINO: construir puentes entre nuestras industrias para conseguir que las historias circulen.
Rubik: La actividad del productor se ha vuelto cada vez más compleja: financiación, coproducción, internacionalización, relación con televisiones y plataformas, explotación de derechos… ¿Cómo ha evolucionado la figura del productor y qué capacidades necesita actualmente?
E. C.: La esencia del productor probablemente no haya cambiado tanto. Sigue siendo la persona que identifica una historia, cree en ella, reúne los recursos necesarios y asume la responsabilidad de convertirla en una obra audiovisual.
Lo que sí ha cambiado enormemente es el entorno. Actualmente necesita comprender financiación, incentivos fiscales, coproducciones internacionales, televisiones, plataformas, distribución, nuevas ventanas de explotación y, naturalmente, propiedad intelectual.
La tecnología nos ha proporcionado herramientas extraordinarias para producir y distribuir contenidos, pero también ha facilitado nuevas formas de utilización ilegal de las obras. La piratería continúa siendo uno de los grandes problemas de nuestra industria.
Los derechos de propiedad intelectual no son una cuestión abstracta: son uno de los activos fundamentales de una productora. Permiten recuperar inversiones, financiar proyectos, generar empleo y garantizar la continuidad empresarial.
Por eso desde EGEDA insistimos tanto en su protección. Defender al productor significa conseguir que pueda vivir de aquello que produce y volver a invertir en nuevas historias.
Rubik: ¿Qué papel deberían desempeñar conjuntamente las políticas públicas y la inversión privada para dotar de mayor estabilidad, continuidad y capacidad de crecimiento a la producción audiovisual española?
E. C.: Necesitamos ambas. El audiovisual es cultura, pero también industria. Genera empleo, inversión, actividad económica, turismo, tecnología y una enorme capacidad de proyección internacional para un país.
Las administraciones públicas tienen que generar un marco estable que permita desarrollar esa industria, pero al mismo tiempo debemos atraer cada vez más inversión privada hacia los proyectos audiovisuales. Desde EGEDA llevamos años trabajando precisamente en ese terreno.
CREA SGR ha demostrado que pueden desarrollarse instrumentos financieros especializados capaces de facilitar el acceso al crédito a empresas culturales y creativas. Después de casi dos décadas de actividad ha formalizado más de 2.000 millones de euros en más de 10.000 proyectos.
También hemos impulsado PLATINO Crowdfunding como instrumento de micromecenazgo audiovisual. La plataforma ha canalizado ya cerca de medio millón de euros procedentes de más de 6.700 contribuyentes.
Y estamos explorando nuevas vías como SEGO Creative, destinada a conectar proyectos de las industrias creativas y culturales con inversión privada.
Tenemos que seguir ampliando las posibilidades. Una industria madura necesita disponer de diferentes instrumentos de financiación según el tamaño y las características de cada proyecto.
Rubik: EGEDA nació para la gestión y protección de los derechos de los productores audiovisuales, pero con el tiempo ha desarrollado también numerosas herramientas y servicios para el conjunto de la industria. ¿Cómo describiría su papel actual dentro del sector?
E. C.: La esencia de EGEDA continúa siendo la defensa y gestión de los derechos de los productores audiovisuales, pero alrededor de esa misión hemos construido progresivamente un ecosistema mucho más amplio.
Esa dimensión nos permite conocer de primera mano los problemas a los que se enfrentan los productores y desarrollar herramientas para intentar responder a ellos.
Trabajamos naturalmente en propiedad intelectual y lucha contra el fraude, pero también en financiación, formación, internacionalización, empleo, promoción y educación audiovisual.
Tenemos CREA SGR y PLATINO Crowdfunding. Contamos con PLATINO Next Gen y PLATINO Training para formación y desarrollo profesional; PLATINO Empleo para conectar empresas y profesionales; PLATINO Educa para acercar el audiovisual a las aulas; distintos programas de internacionalización; y grandes plataformas de promoción como los Premios José María Forqué y los Premios PLATINO. Creo que eso explica bien lo que es EGEDA.
No queremos aparecer solamente cuando una obra ya está terminada para gestionar sus derechos. Queremos acompañar al productor desde que tiene un proyecto hasta que consigue financiarlo, producirlo, protegerlo, internacionalizarlo y encontrar a su público.

Rubik: La circulación digital de las obras, la multiplicación de los canales de explotación y el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial están abriendo nuevos escenarios. ¿Cómo debe adaptarse el sector para aprovechar sus posibilidades y garantizar al mismo tiempo una adecuada protección de los derechos?
E. C.: La tecnología siempre ha transformado el audiovisual y debemos contemplarla fundamentalmente como una oportunidad. La digitalización permite restaurar películas que hace unas décadas habría sido prácticamente imposible recuperar, distribuir contenidos internacionalmente y llegar a públicos antes inaccesibles. La inteligencia artificial abre ahora otra gran transformación.
Puede convertirse en una herramienta extraordinaria para determinados procesos de producción, restauración, distribución o localización de contenidos, pero su desarrollo debe respetar los derechos de quienes crean y financian las obras.
Los productores invertimos tiempo, talento y recursos en crear contenidos. Por tanto, cualquier utilización de esas obras debe desarrollarse sobre principios muy claros: transparencia, autorización y retribución justa.
Innovación y propiedad intelectual no son conceptos incompatibles. Necesitamos una protección sólida de los derechos para poder innovar con seguridad.
Rubik: EGEDA ha impulsado en los últimos años multitud de iniciativas de formación, financiación, internacionalización, desarrollo de proyectos y conexión entre profesionales. ¿Qué áreas considera prioritarias para ayudar a que las productoras españolas e iberoamericanas puedan crecer y competir internacionalmente?
E. C.: Creo que hay cuatro elementos fundamentales: formación, financiación, internacionalización y conexión entre profesionales. Hemos intentado construir herramientas concretas alrededor de esos cuatro ejes.
PLATINO Next Gen es un buen ejemplo. Queremos acompañar a nuevos productores durante el desarrollo de sus proyectos y ponerlos en contacto con profesionales de la industria, financiación y mercados.
Después tenemos programas específicamente orientados hacia Estados Unidos, como PLATINO go to AFM y PLATINO go to Content Americas. El objetivo es que los productores comprendan mejor cómo funciona ese mercado, puedan establecer relaciones profesionales y presenten sus proyectos ante compradores, distribuidores y potenciales socios internacionales.
La internacionalización es fundamental. Por eso llevamos también muchos años acercando el cine español al público estadounidense mediante iniciativas como Recent Spanish Cinema en Los Ángeles y Miami.
Y después tenemos Iberseries & Platino Industria en Madrid, que se ha convertido en un gran punto de encuentro entre profesionales del audiovisual iberoamericano. Todo responde a la misma idea: nuestro audiovisual necesita encontrarse.
Tenemos talento extraordinario repartido por todos los países. Si conseguimos conectar productores, proyectos, financiación, plataformas, televisiones y distribuidores, el potencial del espacio audiovisual iberoamericano es enorme.
Rubik: ¿Qué otras plataformas tiene EGEDA para hacer llegar el audiovisual al público más allá de los Premios Forqué o los Premios PLATINO?
E. C.: Hay muchas iniciativas porque entendemos que fortalecer el audiovisual implica trabajar en diferentes etapas y con públicos distintos. Una de las que más me interesa es PLATINO Educa.
El cine puede ser una herramienta educativa extraordinaria. Una película permite hablar de historia, literatura, valores, diversidad, geografía o sociedad de una manera que conecta inmediatamente con los jóvenes.
PLATINO Educa nació precisamente para aprovechar esa capacidad mediante un catálogo de obras audiovisuales acompañado de recursos pedagógicos que permitan introducir el cine en las aulas y, al mismo tiempo, fomentar la alfabetización audiovisual y el pensamiento crítico.
Tenemos también PLATINO Empleo, que busca conectar a las empresas que necesitan profesionales especializados con trabajadores del sector.
Y PLATINO Next Gen, que trabaja con una generación de jóvenes productores que necesita no solamente formación, sino acceso real a la industria, a financiación y a mercados.
Lo importante es comprender que todos estos proyectos están relacionados. Si formamos nuevos profesionales, ayudamos a financiar sus proyectos, protegemos sus derechos, facilitamos su internacionalización y educamos a nuevas generaciones de espectadores, estamos fortaleciendo toda la cadena audiovisual.
Rubik: Los Premios PLATINO se han consolidado como uno de los grandes escaparates internacionales del audiovisual iberoamericano. Después de trece ediciones, ¿qué balance realiza de su evolución y de su impacto sobre la visibilidad de nuestras películas, series y profesionales?
E. C.: Cuando pusimos en marcha los Premios PLATINO en 2014 teníamos una idea muy clara: el audiovisual iberoamericano necesitaba un gran punto de encuentro internacional, una celebración común que nos permitiera reconocernos como una industria que comparte mucho más que dos lenguas.
En Iberoamérica contamos con cinematografías extraordinariamente diversas, con industrias, historias y sensibilidades propias, pero también existe un espacio cultural común de una enorme dimensión. Nuestra intención con los PLATINO ha sido contribuir a convertir esa realidad cultural en una auténtica fortaleza industrial. Creo que trece ediciones después podemos decir que el proyecto se ha consolidado.
La dimensión alcanzada se refleja también en 2026: fueron inicialmente preseleccionadas 258 producciones procedentes de veinte países iberoamericanos, y 190 continuaron posteriormente compitiendo en las distintas categorías.
Pero para mí las cifras no son lo más importante. Lo verdaderamente importante es que una película argentina pueda encontrar espectadores en España; que una serie española llegue a México; que un productor colombiano pueda encontrarse con un distribuidor, una plataforma o un socio europeo; o que un actor portugués sea descubierto por nuevos públicos.
Ahí es donde los Premios PLATINO adquieren todo su sentido. No queremos que sean únicamente una ceremonia de entrega de premios. Queremos que funcionen como un escaparate internacional del talento iberoamericano y como un lugar de encuentro de nuestra industria.
Además, han tenido que evolucionar al mismo ritmo que el audiovisual. Las series han adquirido una enorme importancia y existen numerosos profesionales técnicos y creativos cuyo trabajo merece mayor visibilidad.
Por eso en la XIII edición incorporamos doce nuevas categorías, hasta alcanzar 35, ampliando el reconocimiento a disciplinas como vestuario, efectos especiales, maquillaje y peluquería y a numerosos oficios vinculados a las series.

Rubik: Los premios han ampliado progresivamente sus categorías, incorporando las series y dando una mayor presencia a los distintos oficios creativos y técnicos. ¿Cómo refleja esta evolución la transformación experimentada por el audiovisual iberoamericano?
E. C.: El audiovisual está siempre transformándose porque cambia también la manera en que la sociedad consume historias. Durante décadas hablábamos fundamentalmente de cine y televisión. Hoy convivimos con salas de cine, televisiones, plataformas, contenidos digitales y nuevas ventanas de explotación.
Los Premios PLATINO tienen necesariamente que reflejar esa transformación.
Cuando nacieron, su centro natural era el largometraje cinematográfico. Pero pronto comprendimos que no podíamos hablar del audiovisual contemporáneo sin reconocer el extraordinario crecimiento de las series y su capacidad para internacionalizar nuestras producciones y nuestros profesionales.
Por eso hemos ido incorporando nuevos reconocimientos. No se trata simplemente de entregar más estatuillas. Detrás de esa decisión existe una idea fundamental: una gran obra audiovisual es siempre una creación colectiva.
Cuando el espectador contempla una película puede recordar a sus protagonistas o a su director, pero detrás de cada plano existen profesionales de fotografía, montaje, sonido, dirección artística, vestuario, maquillaje, peluquería, música o efectos especiales cuyo talento determina decisivamente el resultado. Reconocer esos oficios significa también dignificar la profesión audiovisual.
La industria se ha diversificado y los premios deben ser capaces de entender esa diversidad. Y tendremos que seguir adaptándonos porque probablemente dentro de diez años hablaremos de formatos, tecnologías o formas de distribución que hoy ni siquiera podemos prever.

Rubik: Después de una trayectoria ligada a la producción, la defensa de los derechos, la conservación del patrimonio y la promoción internacional del audiovisual, ¿qué proyectos o desafíos le siguen ilusionando y en qué ámbitos le gustaría continuar contribuyendo al crecimiento de la industria?
E. C.: Después de tantos años dedicados al cine sigo teniendo prácticamente la misma ilusión que cuando comencé como proyeccionista. Siempre queda una película por descubrir, una historia por producir o una parte de nuestro patrimonio que merece ser recuperada.
Hay dos cuestiones que me preocupan especialmente. La primera es conseguir que las nuevas generaciones puedan seguir viviendo del audiovisual. Tenemos muchísimo talento joven, pero necesita oportunidades, financiación, formación y una industria suficientemente sólida.
Por eso son especialmente importantes iniciativas como PLATINO Next Gen, que acompaña proyectos desde sus primeras fases trabajando tanto cuestiones creativas como financiación, incentivos, estructura jurídica, pitch o acceso a coproductores y plataformas.
En 2026 hemos incorporado además las PLATINO Talks, encuentros formativos online dirigidos a profesionales del sector. Todo responde a una misma filosofía: no basta con reconocer el talento cuando una película ya está terminada; tenemos que ayudar a crear las condiciones para que esas películas puedan llegar a existir.
La segunda cuestión que me ilusiona especialmente es la conservación y recuperación de nuestro patrimonio cinematográfico. He dedicado una parte muy importante de mi vida a ello porque considero que una cinematografía que pierde su pasado pierde también una parte de su identidad. Pero conservar una película no significa únicamente restaurarla y guardarla. El verdadero objetivo es que vuelva a ser vista.
Precisamente de esa idea nace PLATINO CLÁSICOS. En junio de 2026 dimos un primer paso transformando durante dos noches la Plaza Mayor de Madrid en una gran sala de cine al aire libre para proyectar El verdugo, de Luis García Berlanga, y Cría cuervos, de Carlos Saura.
Nuestro patrimonio cinematográfico no pertenece únicamente a las filmotecas o a los archivos. Pertenece a los ciudadanos.
La primera edición oficial de PLATINO CLÁSICOS está prevista para junio de 2027 y nace con vocación internacional. Queremos involucrar salas de cine, instituciones culturales, universidades, colegios, centros patrimoniales y espacios emblemáticos para acercar nuevamente el cine clásico a las nuevas generaciones. Y, en un sentido más amplio, el gran desafío seguirá siendo fortalecer la industria audiovisual iberoamericana. Tenemos cientos de millones de personas, dos grandes lenguas internacionales y una diversidad cultural extraordinaria. Si somos capaces de transformar todo eso en una verdadera comunidad audiovisual iberoamericana, todavía nos queda muchísimo por hacer.