Un estudio Cinequest reciente realizado por Rentrak (antes Comscore Movies) revela que los espectadores entre 18 y 24 años representan el 6,9% de la asistencia al cine en los últimos 18 meses. La cifra sorprende porque, a priori, contradice una idea asentada en la industria y que avalan otros informes: los jóvenes son, por definición, el público más fiel a la gran pantalla. Cabe preguntarse, si esta franja de edad sigue percibiendo ir al cine como una experiencia especial o ha sufrido una desconexión cultural y/o social. Por Nerea Méndez Pérez

Imagina que el pasado fin de semana estrenaron una película que no pudiste ir a ver al cine por la razón que fuera, pero has estado leyendo críticas positivas y en redes sociales has visto historias de conocidos yendo a verla o hilos debatiendo sobre el contenido de la misma. Cuando vuelves el lunes a clase o al trabajo, tus compañeros sacan el tema de la película y tú no puedes participar activamente en la conversación. ¿Esta situación te generaría ansiedad? ¿Sientes que te estás perdiendo una experiencia y que si no te das prisa en acudir al cine puede que sea demasiado tarde para ser parte de ese fenómeno?
Si la respuesta a todas esas preguntas es afirmativa, lo que estás experimentando se conoce como FOMO (Fear of Missing Out o miedo a perderse algo), un concepto muy extendido en el espectador joven (de 15 a 25 años) que condiciona en cierta medida muchas de sus decisiones relacionadas con el ocio. El cine, como experiencia colectiva, no es ajeno a las lógicas de este perverso concepto.
“El cine sigue teniendo un valor muy claro como experiencia: pantalla grande, sonido, plan social…”, explica Joaquín Vegas, Client Insights Manager de Rentrak, “de hecho, muchos jóvenes siguen pensando que hay películas que hay que ver en el cine, pero es cierto que esa sensación se limita a ciertos títulos”. Igual que reconocen que hay cintas dignas de ver en las salas, también consideran otros contenidos más propios del consumo en casa y prefieren esperar para verlos allí.
No obstante, y aquí entra en juego el FOMO, “cuando un título se vuelve viral, los jóvenes acuden a verlo durante las primeras semanas para ser parte del fenómeno”, señala Vegas, “no es tanto que hayan dejado de interesarse por el cine, sino que han cambiado la forma en la que consumen contenido”.
¿Y si me pierdo una gran película?
Ese 6,9% que sobresale entre todos los datos de la asistencia al cine que contabiliza la encuesta de Cinequest, herramienta de métrica sociodemográfica de Rentrak, y que representa al público más joven, no es una alerta sobre la pérdida de un segmento poblacional. Al contrario, debemos verlo como un aviso de que no estamos sabiendo interpretar el comportamiento de un nuevo público joven que se moviliza en masa y que se ha vuelto más selectivo ante la fragmentación de las opciones de ocio.
La última encuesta de hábitos y prácticas culturales (2024-2025), realizada por el Ministerio de Cultura, apunta a una bajada de la asiduidad en esta franja de edad en los últimos tres meses (suponen el 47,3%), así como en el número medio de veces que acudieron al cine (2,5), pero los jóvenes de 20 a 24 años continúan liderando las cifras de asistencia frente a otros segmentos de la población. En este caso, resulta sorprendente cómo a pesar de acudir con menos frecuencia, el público joven y su poder de concentración continúa haciendo que varios títulos se coloquen en lo más alto de la taquilla año tras año.
Para comprender mejor esta bajada en la asistencia, el analista de Rentrak comparte tres factores que podrían estar afectando al comportamiento de los jóvenes. En primer lugar, señala “la comodidad del streaming, que ofrece una opción más flexible”, pero también ve determinante el lugar que ahora ocupan los videojuegos y las redes sociales en el tiempo de ocio de los jóvenes.
Asimismo, identifica que hay un contexto de fondo importante: “Los jóvenes en España están viviendo una situación económica complicada, con menor capacidad adquisitiva y más presión sobre el ocio. Eso hace que cualquier gasto, como ir al cine, se evalúe mucho más”.
Otro dato de la propia encuesta Cinequest confirma esta idea, pues el 41% del público –ya no solo el de esta franja de edad– sostiene que las entradas y productos de bar son demasiado caros. Vegas considera que el precio no es un factor excluyente y que no expulsa al público joven de las salas, pero “contribuye a que el consumo sea más selectivo”. Es decir, se sigue yendo al cine, pero ahora cada decisión está mucho más condicionada por el valor percibido de cada película.
Esto nos remite a una pregunta clave: ¿consideran los jóvenes que hay una menor presencia de películas percibidas como verdaderamente imprescindibles para ver en la sala?
Manuel Berna, presidente de Neocine, se aproxima a esta cuestión cuando dice que “el público en general se mueve mucho por la película evento”. Al contrario que el público familiar, que lleva a los niños al cine con cierta asiduidad, o el público más adulto, que ha tenido la costumbre de ir al cine de manera más regular, la estadística de los jóvenes “puede variar en función del evento cinematográfico”, opina el CEO de Neocine.
“Creo que la gente joven tiene muchas opciones de ocio, entonces solo va al cine cuando es algo muy grande. Hay una parte de ese público que estamos generalizando, pero es cierto que se moviliza cuando todos sus círculos hablan de la película”, argumenta. Este ‘efecto llamada’ se hizo más evidente tras la pandemia, con títulos como Barbie, Oppenheimer, Super Mario Bros: La película o Torrente, presidente, entre muchos otros. “El mercado postpandemia funciona así, a picos. Y este es un público que, de repente, no está y aparece en masa”, reflexiona Berna.

Él pone como ejemplo reciente de esta tendencia La asistenta, que se estrenó la primera semana de 2026 y acumuló más de dos millones de espectadores en salas y una recaudación de casi 15 millones de euros solo en España. “Conozco mucha gente de esta franja de edad que el año pasado apenas fueron al cine, sobre todo después del verano y hasta final de año. Entonces llegó La asistenta, porque Avatar ya tiene un público fiel, y fueron en masa a verla”, dice Berna.
No obstante, no basta con querer convertir un estreno en un acontecimiento. Movilizar a los jóvenes también depende mucho del producto. En palabras del presidente de Neocine: “Si el producto no lo merece y no tiene la calidad o el atractivo para este segmento de la población, por mucho que se quiera generar una película evento será difícil. Siempre es complicado dar con la tecla, pero por lo que hemos vivido estos años atrás, cuando se da en ella este segmento responde”.
En esta misma línea, el analista de Rentrak señala que “el joven responde bien cuando siente que vale la pena o que está viviendo algo que no tiene en casa”. La clave, según él, es “hacerles sentir parte de algo especial”.
El futuro del público joven en las salas
Al ser preguntado por los retos que afronta el circuito de la exhibición española, Berna lo tiene claro: “Creo que, al final, el objetivo sería conseguir que esa franja de edad vaya al cine con regularidad, no solo a la película evento”. El presidente de Neocine recuerda que cuando era joven y llegaba el fin de semana, una de las principales opciones de ocio era ir al cine y ver qué se había estrenado. “Ahora la audiencia está muy fragmentada y el reto es conseguir eso”, señala.
Por su parte, Vegas apunta que la recuperación de este hábito en el público más joven es una responsabilidad compartida entre varios sectores de la cadena audiovisual. “Las distribuidoras necesitan ofrecer contenido que conecte, los exhibidores tienen que adaptar precios y experiencia, y también las instituciones pueden ayudar a facilitar el acceso”, argumenta.

Ambos entrevistados apuestan por ver el vaso medio lleno. Para Vegas, “este 2026 estamos disfrutando de contenido variado, original y con gran conexión con el público joven, y por ello sus números de asistencia están mejorando”. Recientemente, hemos conocido que la asiduidad general en los primeros cinco meses del año ha aumentado en un 36% respecto a 2025, lo que supone el mejor arranque desde 2019.
“No sé en el fondo si ya estamos en el mercado anterior a la pandemia; es difícil saberlo. Es verdad que los datos de este año son muy buenos, pero dependemos mucho de los grandes eventos y las grandes películas”, aclara Berna. “Hay una subida generalizada a nivel mundial, pero hay mercados importantes que no están viendo estos incrementos. Creo que en el caso de España una parte importante de ese aumento ha sido el fenómeno Torrente”, añade.
“Todos estamos expectantes a ver cómo va la segunda parte del año, porque hay títulos muy fuertes. Vamos a ver cómo termina la segunda parte del año, qué títulos hay y a ver cuál es la foto final de este año”, concluye con ánimos, pero cauteloso.
Por delante tenemos, entre otros muchos, estrenos como El día de la revelación, de Steven Spielberg; Tadeo Jones y la lámpara maravillosa de Enrique Gato; el regreso de un clásico de Pixar como Toy Story 5; Supergirl de DC Studios, u Obsession, de Curry Barker. A falta de conocer también qué tal han funcionado entre el espectador joven dos títulos como El drama o Backrooms. Como si se tratase de una quiniela, ¿cuáles serán las películas consideradas como imprescindibles y que movilizarán al público joven?