Ya hemos señalado anteriormente que en esta ocasión no hay ninguna película latinoamericana a competición pero sí que hay varios títulos sobre los que prestar atención en otros apartados donde hay producciones de Latinoamérica y Portugal. El origen de las películas es variado pero destaca especialmente el cine de Argentina y México en esta edición. Por Carlos Aguilar Sambricio

En el artículo del cine español en Cannes, hemos hablado ya de algunos títulos latinoamericanos como Ceniza en la boca de Diego Luna, Aquí de Tiago Guedes o El deshielo de Manuela Martelli.
Empezamos con el repaso en la Quincena de Cineastas, una de las secciones más prestigiosas. Y hablando de prestigio, hay que hablar del regreso del argentino Lisandro Alonso con La libertad doble, que es una secuela de sus ópera prima, La libertad. El cineasta revisita la vida del solitario hachero Misael Saavedra 25 años después. Es también una vuelta a las raíces de su cine contemplativo, buscando recuperar una mayor autonomía creativa.
Con ventas de Luxbox, la han producido 4L,Planta Cine y Deptford, en coproducción con Carte Blanche, Cimarrón Cine, Les Films Fauves, Pulpa Film y The Match Factory. La historia sigue a Misael, que trabaja solo con su hacha talando árboles en el bosque. Una responsabilidad inesperada pone su vida patas arriba, y la lógica de sus días se desvanece en una naturaleza donde la razón humana no tiene ningún sentido.

Tenemos también en esta sección a Dominga Sotomayor, conocida sobre todo por la película Tarde para morir joven, que le otorgó el premio a Mejor Dirección en Locarno. Ahora presenta en Cannes su nuevo trabajo, La perra, que adapta la novela homónima de Pilar Quintana. RT Features (Brazil) y Planta (Chile) son los productores del film, cuyas ventas gestiona Lucky Number.
¿Cuál es la trama? En una isla remota azotada por el viento frente a la costa chilena, Silvia se gana la vida recolectando algas y comparte una vida tranquila con su pareja. Cuando adopta a un cachorro callejero llamado Yuri, sus días se llenan de alegría, amor y una ternura que despierta en ella un deseo de maternidad largamente reprimido. Pero la repentina desaparición de Yuri reabre un trauma de la infancia que la persigue, obligando a Silvia a enfrentarse a un pasado que nunca ha logrado dejar atrás por completo.
La agencia de ventas Lucky Number, casualmente, tiene otra película latinoamericana en Quincena de Cineastas: La muerte no tiene dueño, dirigida por el cineasta venezolano-canadiense Jorge Thielen Armand, que ha presentado sus películas anteriores en Venice (La soledad) y Rotterdam (La fortaleza). Protagonizada por Asia Argento, la película está producida La Faena Films, Volos Films y Deal Productions.

La historia gira en torno a Caro, que viaja a Venezuela para vender la plantación de cacao de su difunto padre, solo para descubrir que la antigua mansión familiar está ocupada por quienes fueron sus empleados, decididos a quedarse allí cueste lo que cueste. Mientras Caro decide tomar la justicia por su mano para reclamar la herencia que cree legítimamente suya, desencadena un conflicto que desentierra la violencia enterrada en la tierra y en su memoria.
Antes de abandonar la Quincena, nos acercamos a los cortos, donde se encuentra el cineasta guatemalteco Sebastián Lojo con Madrugada. Los fantasmas, su primer film como director, se estrenó en la sección Bright Future de Rotterdam 2020.
La historia sigue a Koki, un jardinero de Ciudad de Guatemala que oculta un secreto: es un vampiro. De día vive con su esposa y su hijo pequeño; de noche se alimenta en las sombras. Juntos, los padres intentan proteger al niño de la maldición.
Cambiando de apartado, a la Semana de la Crítica, con Seis meses en el edificio rosa con azul del mexicano Bruno Santamaría Razo, que vende Luxbox. Es su primera película de ficción tras los documentales Cosas que no hacemos y Margarita. El largometraje lo produce Ojo de Vaca (México) en coproducción con Desvia Filmes (Brasil) y Snowglobe (Dinamarca).
Ambientada en la Ciudad de México a comienzos de los años noventa, la historia sigue a Bruno el día en que cumple 11 años. Sus crecientes sentimientos por su mejor amigo, Vladimir, chocan con la repentina noticia de que su padre tiene VIH. Como en las canciones de salsa, su familia intenta cantar y bailar para ahuyentar el dolor. Treinta años después, Bruno filma y reimagina el recuerdo de aquello que, siendo niño, apenas podía comprender.

En Un Certain Regard, hay una película muy interesante, Siempre soy tu animal materno, escrita y dirigida por Valentina Maurel, cineasta costarricense que vive en Bélgica. Es su segundo largometraje tras Tengo sueños eléctricos ganó los premios de Mejor Dirección y Mejor Actriz en Locarno. La directora ya estuvo dos veces en Cannes con cortos: Paul est là (2017) and Lucia en el limbo (2019).
Producida por Wrong Men (Bélgica), en coproducción con Géko Film (Francia) y Pimienta (México), las ventas las lleva Heretic.
Después de años estudiando en Europa, Elsa regresa a Costa Rica para reencontrarse con su familia. Allí descubre que su hermana menor vive sola en la casa familiar, cada vez más distante y recluida, como si se estuviera deslizando hacia un mundo propio. Mientras tanto, sus padres están absortos en sus propias vidas: su padre deambula entre una serie de aventuras amorosas, y su madre está volcada en la reedición de los poemas eróticos de su juventud, sin comprender del todo la urgencia de la situación. El regreso de Elsa arrastra a las tres mujeres a enfrentarse con aquello que, pese a todo, aún las mantiene unidas.

En el ámbito documental, hay que destacar la presencia en Cannes Première de la argentina El partido de Juan Cabral y Santiago Franco. Revive el partido histórico de fútbol entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de México 1986, que especialmente recordado por la llamada ‘mano de Dios’.
Basado en el libro ‘El partido’ de Andrés Burgo, el largometraje reúne por primera vez a jugadores de ambos equipos para reconstruir no solo el partido, sino los sucesos históricos que se pusieron en marcha siglos antes. Junto a testimonios de sus protagonistas y archivos nunca vistos de entrenadores, árbitros, hinchas, músicos, y políticos, la película busca capturar la belleza del juego y lo absurdo de la guerra.
Si bien la Palma de Oro de largometrajes es inaccesible este año para los latinoamericanos, en la de los Cortometrajes sí cuentan con varias opciones. Empezando por Para los contrincantes del argentino Federico Luis, vendido por Luxbox. En el duro barrio de Tepito, un joven persigue el gran sueño mexicano: convertirse en campeón de boxeo.
Otro corto en competición es Pelotón Trueno por el colombiano Theo Montoya. Se ambienta en el año 2003. El Pelotón Trueno, un grupo de soldados del ejército colombiano de entre 18 y 23 años, celebra en una finca del trópico su más reciente victoria en combate: han dado de baja a nueve presuntos guerrilleros. Bajo el sol ardiente, entre risas, música y alcohol, también festejan que su comandante, Montoya, será próximamente condecorado por su incansable labor en la lucha contra el “terrorismo”.

También encontramos al portugués Daniel Soares con Algumas coisas que acontecem ao lado de um rio. La historia gira en torno a un grupo de adolescentes que se dejan llevar río abajo fingiendo estar muertos para las redes sociales. Uno de ellos termina alejándose a la deriva.
Antes de terminar el artículo, nos referimos a la sección de Immersive Competition, donde hay un trabajo de animación, Lúcido, cuyo responsable principal es el estudio portugués COLA Animation.
Esta experiencia narrativa interactiva en realidad virtual sigue a Gil, quien, tras despertar de una pesadilla, aprende a controlar sus sueños con la ayuda de su novio. Juntos recorren extraños paisajes oníricos y descubren que las peores pesadillas son aquellas de las que no quieren despertar.